El esfuerzo o la recompensa

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“(…) Y tienes un secreto, lo sé. A veces juegas, lo sé. Te escondes, vienes vas, me dejas solo, me olvidas por otros. Pero es raro, sabes, últimamente cuando me miro al espejo ya no pienso en mí. Últimamente cuando me haces daño ya no te odio. Será cierto que, como dice el maestro, el amor es concederle más importancia al esfuerzo que a la recompensa. Será cierto. Lo que sí sé con seguridad, lo que no puedo obviar, es que contigo me basta con sentirme feliz, aunque no me folles, aunque yo te haría el amor a todas horas; es que contigo me basta con tocarte la mano para sentir que te lo he hecho diez veces, o verte a lo lejos en las calles de esta ciudad podrida para comprender que nada, ni siquiera el cielo, merece tanto la pena ser amado. Cuántos dedos te han surcado, de quiénes fueron, cuántos te surcarán, y por qué cuando te veo desnuda sigues siendo nueva.”

Yo mataré monstruos por ti
Víctor Balcells Matas

[extraído del relato Bookends]

Las escobas y la guerra

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“(…) En un momento dado el general se detiene junto a unos sacos mal colocados. Esto no está protegido, dice pero no se agacha Es valiente, o quizá es un tipo duro, ya no siente nada. Deducción primera: acostumbrarse a las cosas limita la capacidad de sentir. Faltan sacos en esta parte de la trinchera, e dice al recluta El recluta mira al general, bum, y no sabe qué hay que hacer, no sabe dónde hay sacos. Se encoge de hombros. El general lo mira con desdén. El recluta duda. He dicho que faltan sacos, repite el general, y mientras están quietos en tal disquisición cae una granada dentro de la trinchera. El recluta se asusta y da un salto. La granada rueda por la trinchera, entre los dos soldados. El general la mira, pero no se mueve; no parece importarle el asunto. En cambio, el recluta mira la granada al borde del desmayo. Cógela y lánzala al campo de batalla, le dice el general al

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