Niños uniendo versos

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Isaac tiene once años y sonríe en un patio poblado por casiadolescentes, algún que otro maleducado y una mayoría dócil es mucho. Cuando hace bueno a veces jugamos a baloncesto aunque el deporte no parece ser su fuerte. Desde hace dos semanas sale al patio con una libreta negra de Darth Vader -será por aquello de la fuerza- donde confiesa a algunos elegidos que él anota allí sus poemas. Isaac, con once años, casi doce ya, es poeta. Pero él no lo sabe: tiene una mente demasiado juguetona. Empieza a darse cuenta de las cosas pero a muchas de ellas no sabe ponerle nombre, pero aún así se esfuerza para conseguir expresarse aunque ría de forma nerviosa o se muestre algo inquieto. Ha llegado a decirme que los sentimientos son aquellas caricias de nuestro viente a las que no sabe qué significan O que hace un día ventoso porque las nubes han cogido frío por la noche. Isaac es mi ayudante en el taller de poesía. tiene una inteligencia más diversa que la de los demás.

Isaac ha leído los poemas de los colores de Elías Moro. Y le encantan; ha trabajado con ellos e incluso ha realizado su propia versión. Con todo el grupo quisimos trabajar parte del poema Palabras para Julia, de José Agustín Goytisolo. A lo largo de la semana harán su propio bestiario porque si una cosa tiene Tarragona son criaturas herederas de la cultura popular que encandilan a los pequeños por Sant Magí y Santa Tecla. Es posible que después de vacaciones comiencen a trabajar con algún poema de Cumbreño. No sé si alguno de mis chavales seguirá por el camino de la poesía de aquí a unos años, pero puedo verlos felices cuando leen  sonríen. Van contentos a comer y relajados a la vuelta de clase. Creo que, pese a que son cariñosos de por sí, abrazan incluso un poquito más de lo normal. Miriam resumió sus sensaciones en una frase: “estem fent coses de grans, Xavi!”. Y ahora, me hacen disfrutar como un niño de mi trabajo.