Verano en femenino

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He llenado tres estanterías (bueno, casi) últimamente. Desde que abrí el blog tenía claro uno de mis objetivos; leer más mujeres. Creo necesarias las antologías no mixtas porque es una manera normalizada por todos de que sus voces lleguen; creo siempre que sean mujeres con un terreno consolidado o diamantes con una propuesta por pulir; tolero mal en las antologías aquellas voces (sean masculinas o femeninas) mediocres o que, sin haber demostrado nada sientan cátedra. Continuar leyendo “Verano en femenino”

Aspiraciones de la clase media

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Esto no es una reseña del poemario de la mexicana Brenda Ríos, sino el título de una reflexión, casi una certeza, que comparte título con el libro. Desde hace unos días vivo rodeado de libros -literal-. La mudanza no da tregua y he tenido que lidiar con la geometría invariable de las estanterías; dándome cuenta de mis carencias y también haciendo un buen expurgo de libros que no sé bien por qué han llegado a mis manos; quizá porque hasta hace poco consideraba que cualquier lectura era buena para pasar el rato: y no es así. Ahora, con algunos muebles embarnizados, con tiempo para oír programas de radio y tertulias, con el sentido crítico algo desarrollado después de años del ja m’està bé que imperaba en lo que escribía, vivo expectante: sonará kamikaze, porque seguramente -o no- me lleve la corriente por delante, pero deseo saber cuándo estallará la burbuja de la poesía actual. Continuar leyendo “Aspiraciones de la clase media”

Decálogo: un festival de poesía perfecto

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[escribo desde la escalera de la independencia. Comenté a un amigo el domingo que, desde hace unos meses me he vuelto extremadamente sensible: no ya en un tema literario, sino en lo personal: tomo nota mental sobre qué pasos dar y cuales evitar para sostenerme: no sé si algún día lo conseguiré…]

UNO: ser lector incómodo de poesía. DOS: dejarse asesorar por expertos de confianza (suelen ser aquellos que van de frente y no te bailan fácilmente el agua): una poeta, un poeta, un/a editor/a. Paridad. TRES: planificar a un año vista: las prisas son malas consejeras. Remunerar en la medida que se pueda. CUATRO: discreción; mover hilos entre unos pocos pero muy bien avenidos. CINCO: mente abierta (diferentes culturas, otras lenguas, nuevas formas de poesía). SEIS: apostar por los jóvenes y apuntar bien para averiguar bien qué autores invitar/proponer. SIETE: buscar un sitio ideal: moverse, preguntar, interesarse… buscar la incomodidad; nunca pensar que todo es o será perfecto. OCHO: decidirse descaradamente por editoriales independientes, ofrecer un espacio para tejer conexiones, intercambios, experiencias… todo más allá de la venta y difusión de libros. NUEVE: encontrar un valor añadido que refuerce la identidad del encuentro. DIEZ: cuidar a los autores, al público, al entorno… y no únicamente mientras dure el festival.

Nota: el decálogo perfecto está realizado según mis gustos, impresiones y preferencias. Aunque los festivales a veces parezcan competiciones de fórmula uno, creo que hay unos principios básicos donde establecer una propuesta. Y yo me muevo en las diez anteriores…

 

Resiliencia poética

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[que os veo venir, que estáis muy locos algunos: ni de coña hagáis caso a la imagen. Os conozco ya, que luego me fusiláis con anónimos en redes sociales…]

Siempre habrá dos grandes bloques (también malabaristas que juegan entre dos tierras). Aquellos que continúan con una tradición establecida, sin depender en muchos casos de una obra consolidada, tendrán más fácil obtener una relevancia dudosa de merecimiento sincero; y la alternativa considerada siempre desde en la frontera entre el buenismo y la falta de respeto. Si fuéramos quisquillosos encontraríamos sorprendentes redes sintéticas y naturales que conectan gran parte de la élite con la mediocridad. Puede parecer sesgado, pero hay debate para desmenuzar detalladamente cadenas de favores, nombres propios que no desean ser desplazados por las nuevas hornadas de poetas; el cambio descarado de modelo de gestión de algunos sellos -retirando la motivación cultural hacia un interés de subsistencia plenamente económico-. Igualmente es importante mencionar el boom indie: autores, editoriales, festivales, ciclos… gestionados por sellos y organizaciones que hacen bandera de una diligencia sin ataduras aparentes, donde algunas caen con los vicios de aquellos a los que se presentaban como alternativa.

¿Cómo hemos llegado a éste punto? una posible explicación sería que, la cultura es un elemento incómodo a la hora de racionalizar recursos: es más sencillo dar relevancia -de manera directa o no- a voces conformes que no repartir entre unos pocos y así silenciar en gran medida a la discordancia. La cultura nunca ha sido una piedra de toque en el estado español: haciendo un símil, la cultura como tal, siempre ha sido vista como aquel amigo simpático, progre de primeras, dispuesto a echar una mano cuando ha hecho falta… pero algo olvidada poco después cuando su presencia era cargante. Compensada claro con sabrosos pellizcos en forma de premios, festivales, suplementos, lecturas. Es decir: quien está dentro de la rueda, sea cual sea su rol, seguramente no moverá ni un ápice para evolucionar un sistema que ponga en jaque su posición.

La resiliencia poética, por suerte, cada vez es mayor. Es cierto que muchos que escriben desde ella desearían estar en una situación de poder, pero no hay movimiento sin secretos ni decisión sin fisuras. Por suerte, crece. A qué precio… es uno de los secretos en voz alta de la cultura estatal.

Nota 1: conclusiones extraídas tras la lectura de Descubrir lo que se sabe: estudio de género en 48 premios de poesía (Genialogías / Tigres de Papel, 2017) de Nieves Álvarez; Nuevas poéticas y redes sociales: joven poesía española en la era digital (Siglo XXI, 2018) de Remedios Sánchez y Decir mi nombre: muestra de poetas contemporáneas desde el entorno digital (Nandibú, 2019), seleccionadas por Martín Rodríguez-Gaona.

Nota 2: que haya leído dichos textos no significa que compartir muchos de los contenidos -autores, poemas, opiniones, valoraciones…- que aparezcan en los libros. Han sido una guía para reforzar, más si cabe, algunas de mis consideraciones previas.

 

Cuando vean al POETA, preparen la escoba

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Poetas que están sin estar, escriben sin leer y hablan por hablar. En el imaginario de una sociedad centrada a la exportación de talento, una sociedad tierna cae en el defecto de encumbrar al primero que asegure que ha inventado la pólvora. Poetas que llenan antologías, foros y demás hojas de papel reciclado con una facilidad pasmosa, con una poética más consolidada que su obra, verde todavía. Poetas deseosos de entrar en la cadena de favores y entrar de pleno en el círculo vicioso de la dependencia que muchos indies tanto reniegan. Editores que tienen que estar allí porque son lo más.

Hay un valor surrealista a la distancia, cuando en realidad, es una muestra de cuánto ignoramos.

Cuando me piden consejo únicamente puedo sonreír amargamente: quienes desean seguir haciéndose trampas al solitario -ellos sabrán por qué- entienden que mi ambición fue amagándose poco a poco hasta casi desaparecer.

Blanquear el ego

hqdefaultEl viernes por la tarde compré una Moleskine negra para ir apuntando cosas del año próximo. Utilizar una agenda es casi un propósito de año nuevo para mí: siempre empiezo a utilizarlas pero luego, como sucede con los hits post nochevieja como ir al gimnasio o no madrugar acaban en la basura. Debo decir que a pesar de no hacer demasiado deporte y madrugar más de lo que debería -y menos de lo recomendado por los expertos, si los hubiera- es que los propósitos es la homeopatía de la inseguridad: uno se escuda en ellos para superar sus ideas fallidas. Al igual que el agua con azúcar y unas gotitas de anís no funciona para curar el catarro, tampoco el imponerse una meta a la fuerza.

Porque a la fuerza se consiguen muy pocas cosas realmente productivas: hiperconectados en un mundo que no cesa ni para estornudar, es más fácil mover las piezas del ajedrez -o comértelas, directamente- para realizar una jugada sucia que no estudiar los movimientos del oponente en profundidad. Moverse sin criterio, a sabiendas que uno hace mal callándose uno se vuelve cómplice de un sistema. Es por eso que me sorprende que, tras la entrega/recogida del Ciudad de Melilla de Poesía hayan salido pocos poetas jóvenes a cuestionar la calidad de la obra ganadora y dude de por qué no se hizo público el jurado en el día del fallo: los que más han puesto la voz en alto han sido aquellos poetas más mayores y con algo de experiencia a sus espaldas y no los compañeros de generación de la ganadora. Llegados a este punto, barajo diversas hipótesis al respecto.

  • Hipótesis A: saben de la calidad del poemario y conocen a la autora, y callan porque piensan “hoy es ella pero mañana puedo ser yo” lo que me parecería triste y absurdo a la par.
  • Hipótesis B: desconocen la calidad del poemario pero sí de la autora y callan porque “no hablo de lo que no sé”. Igualmente, me parece desolador.
  • Hipótesis C: saben de la calidad del poemario y conocen a la autora y rajan de él porque ven otra operación de márketing más, vía premio literario…
  • Hipótesis D: desconocen la calidad del poemario y también a la autora. Tal desconocimiento alivia sus conciencias.

[Nota: el Ciudad de Melilla, sin tener en cuenta los grandes galardones a nivel nacional, es uno de los premios más golosos en cifras: 18.000 euros públicos destinados a la mejor obra presentada y publicación en Visor. Apreciación personal: a mayor dotación (pública), mayor sospecha de corrupción]simbolo_moleskine_principal.jpg

Si algo me ha quedado claro en el último medio año es que los poetas, por lo general, tienen (tenemos) un ego tan grande y orondo como una ensaimada mallorquina. A nadie le gusta que le pongan a parir aquello que ha creado con mimo, ni mucho menos que desplumen su trabajo sin razón aparente… pero la crítica asertiva es una práctica necesaria para afianzar o estudiar un progreso donde la responsabilidad no radica solamente en el poeta sino también en el lector y en el análisis que realiza mientras desarrolla su lectura a partir de las consecuencias que extrae de ella. Por eso mismo reseño algunas de mis lecturas (quizá la próxima sea Limbo y otros poemas, de Ada SalasCarne de leviatán, de Chus Pato) Reseñar es otra forma de trabajar el verso y que me enriquece mucho más que la escritura en sí. No obstante la lectura es el inicio del proceso de creación: sin el jugo de la influencia no puedo empezar a crear…

También me ha quedado claro que los buenos poetas suelen ser austeros con ellos y generosos con los otros, que hay una ley no escrita que deja claro que imitar no está permitido. Y también, que, para el año que viene más me vale utilizar la Moleskine ante la montaña de trabajo que viene encima…

Sobre instapoetas, poetas de lo cuqui, intensitos…

6cabef73-9094-4010-843a-9abb210e2678Hace unos meses un conocido mío, metido a librero y editor, me preguntó si no me gustaría publicar en Visor; la editorial donde están los grandes muertes y vivos en su mayoría –“la editorial de Loreto Sesma, que está muy buena” (sic.)-. De la pregunta trampa salí como bien pude. Visor no es una editorial de mi gusto pese a que tengo libros negros en mi biblioteca; aunque posiblemente hace unos (muchos) años tuviera un papel vital en la poesía estatal, siempre me ha dado la sensación de que ha funcionado a vueltas de tuerca. Se han reinventado manteniendo un discurso elitista aunque ahora ya quien más o menos sabe de poesía entiende la verdadera motivación del negocio. La motivación editorial desapareció hace demasiado tiempo.

Tengo claro que cuando algunos transatlánticos con rotativas vieron dinero fácil en las cicatrices que escribían proyectos líricos de en las redes sociales, desvirtuando sus principios e ideas. Se ha decidido dar más bola de la necesaria a una generación con la que, por desgracia comparto época: poetas que rigen la calidad de su obra en las cifras, en auditorios y en el público, dejando de lado aquello que tiene que ser la piedra angular de cualquier proyecto para el final: la calidad, no ya la sinceridad o la honradez, porque aquí uno tiende a escribir la verdad a su manera. La prevaricación editorial es alarmante: editoriales tradicionales que deciden abrir su catálogo a estos prospectos, tropezando con la máxima de la prosa: hablan de ventas, de mercado y en la poesía nunca antes se había hablado de ello ni se argumentaba la calidad de un poeta a partir de las ediciones editadas. Ser el más leído no es sinónimo de buenhacer, no hay una relación directa porque los best-sellers los carga la mediocridad.

Me agradaría que fueran capaces de defender su trayectoria sin caer en el victimismo -de ahí que hagan oídos sordos a cualquier crítica, o eso dicen-. Que sean capaces de construir un relato propio sin caer en las envidias y odios que desprenden. Que sean capaces de recomendar algún libro más allá de sus lecturas de cabecera, favores y traducciones. Personalmente ni les envidio ni los odio, la mayoría estamos tranquilos porque nuestro camino es más agradecido. Siempre he preferido las piedras antes que el dinero. En la adversidad siempre encontraré a gente que quiera ayudar para hacer un lugar común con ellas. El dinero atrae a la gente pero luego cuando se agota los espanta. Es algo parecido al peso del tiempo, pero menos interesado.

Postdata: el comentario sobre la galardonada con el último Ciudad de Melilla quizá sobra, pero poco se ha hablado de la cosificación de la poesía. “La sigo y la leo porque está buena” me han llegado a decir. A algunos les parecerá muy de puta madre hacerlo así. La mirada corta…

Foto: tuit de Elvira Sastre, de noviembre pasado, cuando me sorprendió que ella y Andrea Valbuena fueran en pack al Aula Díez Canedo. En 140 caracteres podéis ver muchos de los tics modernitos que me sorprenden. Porque de Ben Clark a ella hay un abismo.