La personalidad y el poema

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“Hay diferentes grados de personalidad en diferentes poemas. Algunos de ellos parecen muy lejos de mí y algo de cerca, y los emergentes allegados generalmente no dicen lo que quiero que digan. Y eso es cierto de la persona en el poema que está lamentando esto como un hecho de una determinada etapa de la vida. Pero también es cierto que soy yo.”

Anne Carson

Tuits y tweets

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Hace pocos días tuiteaba por la mañana: “hay poetas muchos mejores que yo, pero como yo, no hay ninguno” piensan humilde y orgullosamene la mayoría de los poetas. La cita / aforismo era del genio norteño Ramón Eder. También tuiteé un día que muchos creían ser Claudio Rodríguez con su primer poemario. Clavarla a la primera es una quimera, una probabilidad reservada solamente a unos pocos y los humanos no tenemos reservada esa suerte. Hace falta madurez y ser consciente del lugar qué ocupa cada uno.

Pero pensar así conlleva tener una madurez poco apta en los tiempos de las redes sociales, donde en principio “vale todo”.

Llevar la respuesta a una crítica -y ni eso- hacia el enfrentamiento personal es una pérdida de tiempo: a mí me gusta el navajeo… pero aprendí a utilizar bien la mariposa.

Egos y obligaciones (by Omar Pimienta)

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¿Es cierto eso de que “los premios para los poetas son un mal menor”?
Buena pregunta. Sí, creo que sí, porque hay mucho ego en la poesía. Creemos que nuestra obra es buena a pesar de que ganemos o perdamos los premios. Si en mi vida nadie me lee es porque estoy adelantado a mi tiempo, si no gano el concurso, es porque está arreglado, si gano, es porque los jurados son honestos y exelentes lectores, pero todo esto sucede al margen de la obra y creo que está bien. Creo que ese ego lleva a muchos a crear muy buena obra.

Su poesía está cargada de denuncia social. ¿No tiene la sensación de que precisamante la poesía es una forma de dulcificar las injusticias?
Buena pregunta, me lo cuestiono a diario. Me pregunto si lo que hago es una mera estetización del problema, pero entiendo que tengo pocas armas contra la injusticia y una de las que mejor manejo es la poesía. Siento que la tengo que utilizar. De mis formas de denuncia es la que imagino que llegará más lejos y durará más tiempo (de nuevo ese ego que me hace creer que alguién me leerá en 30 años), y si puedo sembrar en algún lector la indignación, aunque sea por mecanísmos estéticos, siento que es mi obligación hacerlo. Creo que por lo menos no me he quedado callado.

Omar Pimienta

[entrevista completa publicada en el Semanario Avuelapluma el 26 de octubre de 2016]

El hurto de lo “viral”

descarga“El 16 de marzo de 2015, Ben Clark, poeta ibicenco de reconocido prestigio y una fuerte trayectoria que se inició en la adolescencia, publicaba una columna en el periódico Nou Diari en la que leíamos la siguiente reflexión: “Mi poema viral ya no es, claro, mío. Esto es algo que suelen decir los poetas sobre sus poemas […] pero es que en el caso de mi poema viral es estrictamente cierto […]: no es mío y no es de nadie, supongo. Quizá sea su propio dueño y tenga vida propia” (Clark, 2015).

El poema en cuestión se titula “El último de la (mala) literatura” y se publicó en marzo de 2011 en La mezcla confusa, que ganó el VII Premio Nacional de Poesía Joven Félix Grande. Poco después, ese poema apareció en algunos blogs, se empezó a deformar y llegó a las redes sociales de Twitter e Instagram. La cuestión es que lo que no salía nunca era su nombre, y, de hecho, aparecían los de muchos otros poetas en su lugar. También hay quién se lo autoatribuye y quien lo considera (literalmente) un proverbio chino-

El fenómeno no es nuevo, ni mucho menos: la apropiación textual y la difusión de poemas y otros textos, melodías, etc., sin conocer quién es su autor nominal es habitual y autores como Manuel Machado (1938) ya reflexionaban extensamente sobre ello el siglo pasado. No se trata, por tanto, de que la nación-red sienta un mayor desprecio por la propiedad intelectual o el copyright, sino de la posibilidad de rastrear, identificar y reconstruir todo el proceso a través de internet. Continuar leyendo “El hurto de lo “viral””

Camino de incertidumbres

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[la riqueza de las alternativas está en encontrar aquello que descoloca y de alguna manera te hace crecer, tambaleando los cimientos de barro de la creación…]

Le doy demasiadas vueltas a lo mismo desde que escuché a Cerviño hace unas semanas en Madrid. Curiosamente, desde hace meses me he dado cuenta que mi propuesta sigue o es paralela si acaso hacia una depuración donde cae por su propio peso -gracias, también a las tijeras del creador-. Desde el inicio he discutido cualquier longitud, no he creído en híbridos: lo escrito tenía está predestinado a ser lo que tiene que ser. En la transformación del canal hay una variación hacia un nuevo significado, un cambio hacia una incertidumbre que depende de los ojos que lo leen y la boca que habla en alto.

Necesitamos más contundencia

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Parece que sigo con una especie de jet-lag literario, o bien me informo con en las Azores: las noticias llegan una semana tarde. Hace casi un mes Vicente Luis Mora publicó en su blog, de manera contundente y documentada El conflicto producido por la llegada de la poesía pop tardoadolescente (clic aquí), un acertado artículo que como reacción casi alérgica ha provocado sarpullidos en la piel -y en la lengua, vía teclado- en muchos de los valedores que ha descargado sus iras contra el crítico. Continuar leyendo “Necesitamos más contundencia”

Sospechosos habituales

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[cuando la realidad supera a la ficción aparece la vergüenza ajena. En apenas diez días he topado con mucho tunante y alguna mangurriana. Nada me impide no decirlo…]

A ver cuando me regalas el libro, ¿no?. Quiero tu libro: te doy uno mío -esto es, de alguien que no te conoce de nada- y me das uno tuyo. Uy, pero si la poesía no vende: o me aseguras que vendrá gente al local o si no, nada. La poesía no interesa, así que no vamos a cubrir la presentación. Me encantaría que vinieras a presentar a mi librería, pero no puedo ofrecerte nada eh… y los libros veremos según los que venda, ¿eh?. Continuar leyendo “Sospechosos habituales”