Blanquear el ego

hqdefaultEl viernes por la tarde compré una Moleskine negra para ir apuntando cosas del año próximo. Utilizar una agenda es casi un propósito de año nuevo para mí: siempre empiezo a utilizarlas pero luego, como sucede con los hits post nochevieja como ir al gimnasio o no madrugar acaban en la basura. Debo decir que a pesar de no hacer demasiado deporte y madrugar más de lo que debería -y menos de lo recomendado por los expertos, si los hubiera- es que los propósitos es la homeopatía de la inseguridad: uno se escuda en ellos para superar sus ideas fallidas. Al igual que el agua con azúcar y unas gotitas de anís no funciona para curar el catarro, tampoco el imponerse una meta a la fuerza.

Porque a la fuerza se consiguen muy pocas cosas realmente productivas: hiperconectados en un mundo que no cesa ni para estornudar, es más fácil mover las piezas del ajedrez -o comértelas, directamente- para realizar una jugada sucia que no estudiar los movimientos del oponente en profundidad. Moverse sin criterio, a sabiendas que uno hace mal callándose uno se vuelve cómplice de un sistema. Es por eso que me sorprende que, tras la entrega/recogida del Ciudad de Melilla de Poesía hayan salido pocos poetas jóvenes a cuestionar la calidad de la obra ganadora y dude de por qué no se hizo público el jurado en el día del fallo: los que más han puesto la voz en alto han sido aquellos poetas más mayores y con algo de experiencia a sus espaldas y no los compañeros de generación de la ganadora. Llegados a este punto, barajo diversas hipótesis al respecto.

  • Hipótesis A: saben de la calidad del poemario y conocen a la autora, y callan porque piensan “hoy es ella pero mañana puedo ser yo” lo que me parecería triste y absurdo a la par.
  • Hipótesis B: desconocen la calidad del poemario pero sí de la autora y callan porque “no hablo de lo que no sé”. Igualmente, me parece desolador.
  • Hipótesis C: saben de la calidad del poemario y conocen a la autora y rajan de él porque ven otra operación de márketing más, vía premio literario…
  • Hipótesis D: desconocen la calidad del poemario y también a la autora. Tal desconocimiento alivia sus conciencias.

[Nota: el Ciudad de Melilla, sin tener en cuenta los grandes galardones a nivel nacional, es uno de los premios más golosos en cifras: 18.000 euros públicos destinados a la mejor obra presentada y publicación en Visor. Apreciación personal: a mayor dotación (pública), mayor sospecha de corrupción]simbolo_moleskine_principal.jpg

Si algo me ha quedado claro en el último medio año es que los poetas, por lo general, tienen (tenemos) un ego tan grande y orondo como una ensaimada mallorquina. A nadie le gusta que le pongan a parir aquello que ha creado con mimo, ni mucho menos que desplumen su trabajo sin razón aparente… pero la crítica asertiva es una práctica necesaria para afianzar o estudiar un progreso donde la responsabilidad no radica solamente en el poeta sino también en el lector y en el análisis que realiza mientras desarrolla su lectura a partir de las consecuencias que extrae de ella. Por eso mismo reseño algunas de mis lecturas (quizá la próxima sea Limbo y otros poemas, de Ada SalasCarne de leviatán, de Chus Pato) Reseñar es otra forma de trabajar el verso y que me enriquece mucho más que la escritura en sí. No obstante la lectura es el inicio del proceso de creación: sin el jugo de la influencia no puedo empezar a crear…

También me ha quedado claro que los buenos poetas suelen ser austeros con ellos y generosos con los otros, que hay una ley no escrita que deja claro que imitar no está permitido. Y también, que, para el año que viene más me vale utilizar la Moleskine ante la montaña de trabajo que viene encima…

Sobre instapoetas, poetas de lo cuqui, intensitos…

6cabef73-9094-4010-843a-9abb210e2678Hace unos meses un conocido mío, metido a librero y editor, me preguntó si no me gustaría publicar en Visor; la editorial donde están los grandes muertes y vivos en su mayoría –“la editorial de Loreto Sesma, que está muy buena” (sic.)-. De la pregunta trampa salí como bien pude. Visor no es una editorial de mi gusto pese a que tengo libros negros en mi biblioteca; aunque posiblemente hace unos (muchos) años tuviera un papel vital en la poesía estatal, siempre me ha dado la sensación de que ha funcionado a vueltas de tuerca. Se han reinventado manteniendo un discurso elitista aunque ahora ya quien más o menos sabe de poesía entiende la verdadera motivación del negocio. La motivación editorial desapareció hace demasiado tiempo.

Tengo claro que cuando algunos transatlánticos con rotativas vieron dinero fácil en las cicatrices que escribían proyectos líricos de en las redes sociales, desvirtuando sus principios e ideas. Se ha decidido dar más bola de la necesaria a una generación con la que, por desgracia comparto época: poetas que rigen la calidad de su obra en las cifras, en auditorios y en el público, dejando de lado aquello que tiene que ser la piedra angular de cualquier proyecto para el final: la calidad, no ya la sinceridad o la honradez, porque aquí uno tiende a escribir la verdad a su manera. La prevaricación editorial es alarmante: editoriales tradicionales que deciden abrir su catálogo a estos prospectos, tropezando con la máxima de la prosa: hablan de ventas, de mercado y en la poesía nunca antes se había hablado de ello ni se argumentaba la calidad de un poeta a partir de las ediciones editadas. Ser el más leído no es sinónimo de buenhacer, no hay una relación directa porque los best-sellers los carga la mediocridad.

Me agradaría que fueran capaces de defender su trayectoria sin caer en el victimismo -de ahí que hagan oídos sordos a cualquier crítica, o eso dicen-. Que sean capaces de construir un relato propio sin caer en las envidias y odios que desprenden. Que sean capaces de recomendar algún libro más allá de sus lecturas de cabecera, favores y traducciones. Personalmente ni les envidio ni los odio, la mayoría estamos tranquilos porque nuestro camino es más agradecido. Siempre he preferido las piedras antes que el dinero. En la adversidad siempre encontraré a gente que quiera ayudar para hacer un lugar común con ellas. El dinero atrae a la gente pero luego cuando se agota los espanta. Es algo parecido al peso del tiempo, pero menos interesado.

Postdata: el comentario sobre la galardonada con el último Ciudad de Melilla quizá sobra, pero poco se ha hablado de la cosificación de la poesía. “La sigo y la leo porque está buena” me han llegado a decir. A algunos les parecerá muy de puta madre hacerlo así. La mirada corta…

Foto: tuit de Elvira Sastre, de noviembre pasado, cuando me sorprendió que ella y Andrea Valbuena fueran en pack al Aula Díez Canedo. En 140 caracteres podéis ver muchos de los tics modernitos que me sorprenden. Porque de Ben Clark a ella hay un abismo.