Necesitamos más contundencia

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Parece que sigo con una especie de jet-lag literario, o bien me informo con en las Azores: las noticias llegan una semana tarde. Hace casi un mes Vicente Luis Mora publicó en su blog, de manera contundente y documentada El conflicto producido por la llegada de la poesía pop tardoadolescente (clic aquí), un acertado artículo que como reacción casi alérgica ha provocado sarpullidos en la piel -y en la lengua, vía teclado- en muchos de los valedores que ha descargado sus iras contra el crítico. Continuar leyendo “Necesitamos más contundencia”

Sospechosos habituales

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[cuando la realidad supera a la ficción aparece la vergüenza ajena. En apenas diez días he topado con mucho tunante y alguna mangurriana. Nada me impide no decirlo…]

A ver cuando me regalas el libro, ¿no?. Quiero tu libro: te doy uno mío -esto es, de alguien que no te conoce de nada- y me das uno tuyo. Uy, pero si la poesía no vende: o me aseguras que vendrá gente al local o si no, nada. La poesía no interesa, así que no vamos a cubrir la presentación. Me encantaría que vinieras a presentar a mi librería, pero no puedo ofrecerte nada eh… y los libros veremos según los que venda, ¿eh?. Continuar leyendo “Sospechosos habituales”

Verano en femenino

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He llenado tres estanterías (bueno, casi) últimamente. Desde que abrí el blog tenía claro uno de mis objetivos; leer más mujeres. Creo necesarias las antologías no mixtas porque es una manera normalizada por todos de que sus voces lleguen; creo siempre que sean mujeres con un terreno consolidado o diamantes con una propuesta por pulir; tolero mal en las antologías aquellas voces (sean masculinas o femeninas) mediocres o que, sin haber demostrado nada sientan cátedra. Continuar leyendo “Verano en femenino”

Aspiraciones de la clase media

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Esto no es una reseña del poemario de la mexicana Brenda Ríos, sino el título de una reflexión, casi una certeza, que comparte título con el libro. Desde hace unos días vivo rodeado de libros -literal-. La mudanza no da tregua y he tenido que lidiar con la geometría invariable de las estanterías; dándome cuenta de mis carencias y también haciendo un buen expurgo de libros que no sé bien por qué han llegado a mis manos; quizá porque hasta hace poco consideraba que cualquier lectura era buena para pasar el rato: y no es así. Ahora, con algunos muebles embarnizados, con tiempo para oír programas de radio y tertulias, con el sentido crítico algo desarrollado después de años del ja m’està bé que imperaba en lo que escribía, vivo expectante: sonará kamikaze, porque seguramente -o no- me lleve la corriente por delante, pero deseo saber cuándo estallará la burbuja de la poesía actual. Continuar leyendo “Aspiraciones de la clase media”

Decálogo: un festival de poesía perfecto

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[escribo desde la escalera de la independencia. Comenté a un amigo el domingo que, desde hace unos meses me he vuelto extremadamente sensible: no ya en un tema literario, sino en lo personal: tomo nota mental sobre qué pasos dar y cuales evitar para sostenerme: no sé si algún día lo conseguiré…]

UNO: ser lector incómodo de poesía. DOS: dejarse asesorar por expertos de confianza (suelen ser aquellos que van de frente y no te bailan fácilmente el agua): una poeta, un poeta, un/a editor/a. Paridad. TRES: planificar a un año vista: las prisas son malas consejeras. Remunerar en la medida que se pueda. CUATRO: discreción; mover hilos entre unos pocos pero muy bien avenidos. CINCO: mente abierta (diferentes culturas, otras lenguas, nuevas formas de poesía). SEIS: apostar por los jóvenes y apuntar bien para averiguar bien qué autores invitar/proponer. SIETE: buscar un sitio ideal: moverse, preguntar, interesarse… buscar la incomodidad; nunca pensar que todo es o será perfecto. OCHO: decidirse descaradamente por editoriales independientes, ofrecer un espacio para tejer conexiones, intercambios, experiencias… todo más allá de la venta y difusión de libros. NUEVE: encontrar un valor añadido que refuerce la identidad del encuentro. DIEZ: cuidar a los autores, al público, al entorno… y no únicamente mientras dure el festival.

Nota: el decálogo perfecto está realizado según mis gustos, impresiones y preferencias. Aunque los festivales a veces parezcan competiciones de fórmula uno, creo que hay unos principios básicos donde establecer una propuesta. Y yo me muevo en las diez anteriores…

 

Resiliencia poética

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[que os veo venir, que estáis muy locos algunos: ni de coña hagáis caso a la imagen. Os conozco ya, que luego me fusiláis con anónimos en redes sociales…]

Siempre habrá dos grandes bloques (también malabaristas que juegan entre dos tierras). Aquellos que continúan con una tradición establecida, sin depender en muchos casos de una obra consolidada, tendrán más fácil obtener una relevancia dudosa de merecimiento sincero; y la alternativa considerada siempre desde en la frontera entre el buenismo y la falta de respeto. Si fuéramos quisquillosos encontraríamos sorprendentes redes sintéticas y naturales que conectan gran parte de la élite con la mediocridad. Puede parecer sesgado, pero hay debate para desmenuzar detalladamente cadenas de favores, nombres propios que no desean ser desplazados por las nuevas hornadas de poetas; el cambio descarado de modelo de gestión de algunos sellos -retirando la motivación cultural hacia un interés de subsistencia plenamente económico-. Igualmente es importante mencionar el boom indie: autores, editoriales, festivales, ciclos… gestionados por sellos y organizaciones que hacen bandera de una diligencia sin ataduras aparentes, donde algunas caen con los vicios de aquellos a los que se presentaban como alternativa.

¿Cómo hemos llegado a éste punto? una posible explicación sería que, la cultura es un elemento incómodo a la hora de racionalizar recursos: es más sencillo dar relevancia -de manera directa o no- a voces conformes que no repartir entre unos pocos y así silenciar en gran medida a la discordancia. La cultura nunca ha sido una piedra de toque en el estado español: haciendo un símil, la cultura como tal, siempre ha sido vista como aquel amigo simpático, progre de primeras, dispuesto a echar una mano cuando ha hecho falta… pero algo olvidada poco después cuando su presencia era cargante. Compensada claro con sabrosos pellizcos en forma de premios, festivales, suplementos, lecturas. Es decir: quien está dentro de la rueda, sea cual sea su rol, seguramente no moverá ni un ápice para evolucionar un sistema que ponga en jaque su posición.

La resiliencia poética, por suerte, cada vez es mayor. Es cierto que muchos que escriben desde ella desearían estar en una situación de poder, pero no hay movimiento sin secretos ni decisión sin fisuras. Por suerte, crece. A qué precio… es uno de los secretos en voz alta de la cultura estatal.

Nota 1: conclusiones extraídas tras la lectura de Descubrir lo que se sabe: estudio de género en 48 premios de poesía (Genialogías / Tigres de Papel, 2017) de Nieves Álvarez; Nuevas poéticas y redes sociales: joven poesía española en la era digital (Siglo XXI, 2018) de Remedios Sánchez y Decir mi nombre: muestra de poetas contemporáneas desde el entorno digital (Nandibú, 2019), seleccionadas por Martín Rodríguez-Gaona.

Nota 2: que haya leído dichos textos no significa que compartir muchos de los contenidos -autores, poemas, opiniones, valoraciones…- que aparezcan en los libros. Han sido una guía para reforzar, más si cabe, algunas de mis consideraciones previas.

 

Cuando vean al POETA, preparen la escoba

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Poetas que están sin estar, escriben sin leer y hablan por hablar. En el imaginario de una sociedad centrada a la exportación de talento, una sociedad tierna cae en el defecto de encumbrar al primero que asegure que ha inventado la pólvora. Poetas que llenan antologías, foros y demás hojas de papel reciclado con una facilidad pasmosa, con una poética más consolidada que su obra, verde todavía. Poetas deseosos de entrar en la cadena de favores y entrar de pleno en el círculo vicioso de la dependencia que muchos indies tanto reniegan. Editores que tienen que estar allí porque son lo más.

Hay un valor surrealista a la distancia, cuando en realidad, es una muestra de cuánto ignoramos.

Cuando me piden consejo únicamente puedo sonreír amargamente: quienes desean seguir haciéndose trampas al solitario -ellos sabrán por qué- entienden que mi ambición fue amagándose poco a poco hasta casi desaparecer.