La despedida del presidente Neto

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“Voy a despedirme del presidente Neto. El presidente vive en las afueras de la ciudad, en un chalet construido en la cima de un acantilado que se levanta sobre una pequeña bahía con muchas palmeras. El lugar en cuestión se llama Belas. Lo visité varias veces cuando iba en busca de una entrevista. Neto siempre me recibió de buen grado y gustoso, mantuvo charlas informales pero se resistía a concederme la dichosa entrevista. Hasta que finalmente dio su brazo a torcer. Fue en septiembre o en octubre, en los días más difíciles. Creo que se negaba a concedérmela porque decir algo optimista en aquel tiempo resultaba en verdad harto difícil. Hablamos de poesía; yo llevaba conmigo el último volumen de sus versos, publicado en Lisboa aquel mismo año: Sagrada Esperança. Me los sabía de memoria. Neto se quejaba de que desde hacía mucho no tenía tiempo para escribir poesías, a la vez que señalaba con la cabeza el mapa que colgaba de la pared, con sus banderitas verdes y amarillas que indicaban las posiciones del FNLA y de UNITA (…) Sigue leyendo

El orden portugués

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Resulta difícil organizar a los portugueses, porque se trata de individualistas declarados, de naturalezas que no saben vivir en grandes colectivos o comunidades. Tienen prioridad las embarazadas. ¿Por qué ellas? ¿Acaso soy yo peor porque di a luz hace medio año? De acuerdo, tienen prioridad las embarazadas y las mujeres con niño de pecho. ¿Por qué ellas? ¿Acaso soy yo peor porque mi hijo haya cumplido tres años? De acuerdo, tienen prioridad las mujeres con niños. ¿Ah, sí? Y yo ¿debo morir porque sea hombre? Y así, los más fuertes se meten en el avión, tras lo cual mujeres con niños se tumban sobre el cemento de la pista, justo delante de las ruedas para que los pilotos no puedan despegar, llega el ejército, los soldados expulsan a los hombres, ordenan subir a las mujeres y éstas suben por la escalerilla, triunfantes, como la tropa victoriosa entra en una ciudad conquistada.

Un día más con vida
Ryszard Kapuscinski

¡Camarada!

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Kapucinski en Angola (1975)

Ahora se produce el momento más dramático del encuentro: el escrutinio mutuo. Para comprender el sentido de esta escena tenemos que recordar que los ejércitos en guerra visten de la misma manera (o, de la misma manera no visten) y que vastas extensiones del país son tierra de nadie en la cual hacen incursiones ya unos, ya otros, amigos y enemigos, y montan sus puestos de control. Por eso al principio no sabemos quienes son los hombres que nos han salido al encuentro desde su escondrijo ni qué harán con nosotros. Ellos tampoco saben nada acerca de lo que somos. En este momento tenemos que hacer acopio de todo nuestro valor para decir esa palabra que decidirá nuestra vida o nuestra muerte:
-¡Camarada!
Si los guardias son hombres de Agostinho Neto, que se saludan con la palabra camarada, seguiremos con vida. Pero si resultan ser hombres de Holden Roberto o de Jonas Savimbi, que se saludan con la palabra irmao (hermano), habremos llegado al final de nuestra existencia terrenal. Dentro de unos instantes nos obligarán a trabajar: cavaremos nuestra propia tumba. Junto a los puestos antiguos, asentados desde hace un tiempo, han ido surgiendo pequeños cementerios donde yacen aquellos que no han tenido la fortuna de acertar la palabra del saludo.
Un día más con vida, Ryszard Kapucinski (Anagrama, 2003)