Los niños y la Marmolada

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Empieza Il Giro en el patio de colegio. Se viene un mes y medio intenso en el asfalto y el sterrato -bien, en el cemento y en la gravilla. Cosas del presupuesto-. Ya hay niños que sueñan con la Marmolada o el Pordoi sin saberlo, que buscan pillar una fuga aplicando el bonus de los dos tiros seguidos de inicio y jugársela al más ágil al llegar a meta, buscando así conquistar alguna clasificación secundaria: benditos gomets que permiten crear metas volantes, premios de la montaña, sprints intermedios e incluso zonas de avituallamiento.

Y aquí uno que siempre ha sido de clásicas, que incluso me he tragado la Milán-San Remo pese a ser casi una línea recta con tres baches pronunciados (gracias por ganar, Vincenzo) o una Tro-Bro-Leonm aunque pareciera más sobrevivir entre trincheras, no le queda más remedio que sucumbir ante el romanticismo de los Dolomitas; cosas de detestar los controles de velocidad franceses y las giras por los muros de España. Disculpen, pues.

 

 

Un Van Avermaet de la vida

GvA

Si no tengo aliados, haré yo la escabechina porque uno poco puede esperar de unos tiramillas que en el cuarto sector se descuelgan. Muchas veces llego al final seco sin bidones; sin un mísero trocito de plátano que engullir. Por eso hago del desamparo mi mejor arma y de mi resistencia una carta de presentación. Siempre fuí segundo hasta que aprendí a desmenuzar cual lomo seco de bacalao a los rivales: primero aguanto lo que me echen; dejo que se confíen poniéndome a cola del grupo. Dependiendo de los ánimos ataco o guardo el cuchillo: como si lanzara una moneda al aire, sé la suerte en los últimos metros no me resultará esquiva… aunque ahora no me conformo con un mísero trozo del pastel. Ahora lo quiero entero, todo para mí. Total, no tengo equipo con quién compartirlo…

Cómo ser Björn Leukemans

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Primavera en el ciclismo son piedras, colinas, frío y lluvia. Los dos sucesos meteorológicos están sometidos a raya desde la ofiliacizacidad del cambio climático, los agujeros en la capa de ozono y las vulneraciones de protocolos de buenas prácticas que todos los estados se han pasado por el arco del triunfo. La invariabilidad del los accidentes geográficos estaba asegurada: la participación de un ejército picapedrero en el norte de Francia, Flandes, Bruselas, Valonia y Holanda también. Hordas de guerrilleros, ciclistas de fortuna en su mayoría y viejas glorias retornando a sus orígenes en clara minoría, provocan escaramuzas, combates cuerpo a cuerpo y liadas que llevan de cabeza a los veinte grandes favoritos por cita. En un término medio, representando a la clase media-baja del pelotón estaba el bueno de Björn Leukemans. No era el más rápido ni el más fuerte, pero estaba ahí agarrándose a la rueda de los favoritos o poniendo patas arriba la Sigue leyendo

El mulo

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Tour de Francia, 11ª etapa: EymetPau

El mecanismo de control de fugasen las etapas llanas del Tour funcionó a la perfección salvo por un pequeño detalle, la entrada en el trío del día del polaco Maciej Bodnar, un mulo que soportó casi 200 kilómetros el aliento del pelotón nunca muy lejos, el ciclista que más horas de pantalla ha ocupado lo que va de Tour, un tío muy grande y corto de cuello, lo que le hace levantar extrañamente la cabeza para ver la carretera delante, y unas gafas opacas que impiden observar la menor expresión y unos brazos que se estiran para agarrar abajo el manillar. Se llama Julien Vermote. Es belga y es el corredor más preciado del Quick Step. Es un Gargantúa glotón que en vez de gritar al levantarse todas las mañanas “¡a beber, a beber!” gritá “¡a la caza, a la caza!” Él solo, a veces con la colaboración de Lars Ytting Bak, un antiguo fuguista como su apellido obliga, ahora policía en el Lotto, controla el tiempo y la distancia. Camino de Pau, a falta de unas decenas de kilómetros, Bodnar tuvo fuerzas para dejar la fuga y lanzarse solo hacia la victoria. Tan duro es, tan fuerte tiró, que obligó al equipo de Kittel -el comandante en jefe de las volatas- a usar a su campeón del mundo Philippe Gilbert en la caza final. Hasta los 200m llegó Bodnar. Kittel, lejos de todos los demás llegadores, ya había visto la línea de meta. Y le fue imposible no llegar el primero.

Carlos Arribas