Tabarnia y el país que quiero

DSAq_kkWkAAEFTqDejé de leer en profundidad El País hace tiempo, cuando aparcó de lado su neoprogresismo complaciente a ser un azote de la socialdemocracia y cualquier alternativa de izquierda que cuestionara el status quo vigente. No obstante, en la portada de su edición de hoy (un día antes del Día de los Inocentes, por tanto, ha de ser tomada en serio aunque el periódico en sí sea una caricatura) se resumen varios de los principios del país que quiero. Empiezo con Bienvenido a la república independiente de Tabarnia, donde seguramente el hábil periodista, formado y demás que ha escrito la noticia sabrá por un lado discernir entre un proceso de separación y otro: uno, democrático y otro surgido del odio y como reacción a una realidad en las urnas: mayoría independentista de votos y escaños. Mientras que por un lado nunca se ha intentado la balcanización del problema, en la lógica de Tabarnia se quiere unificar -pintar de rojigualda- una disparidad latente y negar la mayor de la pluralidad de la tierra que les ofreció en acogida. Utilizar términos como “levantar una frontera”, “quitar derechos como españoles”, “acabar con nuestra industria turística”, “la lengua en que tenemos que estudiar, comunicarnos…” dirige bastante a quién va dirigida la propuesta: a gente sin un base de conocimiento, que no entiendan que no se levantará una frontera -tratados bilaterales, como se hace en todo el mundo-, que no se les retirará la nacionalidad española -a no ser que los mentecatos de Nuevos Ministerios decidan quitar la nacionalidad a millones de ciudadanos españoles, también- y que no conocen la cruda realidad de la escuela en Catalunya: justo en Tarragona y Barcelona se necesita una reestructuración de la educación en catalán porque el uso en la escuela va en picado. Justamente lo que argumentan los tabarnarios.  Por si tenéis curiosidad, algunos agentes y organizaciones que apoyan directa o indirectamente este delirio son nada sospechosos de sus buenas relaciones con Catalunya: Fundación Francisco Franco, Ciudadanos, prensa española vendida al régimen, Societat Civil Catalana. Todo bueno. Sigue leyendo

Algo breve sobre ayer (#21D)

BV

Sobre las elecciones leo en Twitter “lo que han conseguido el independentismo vendría a ser como ganar una maratón con un esguince de tobillo y después de una semana alimentándose con yogures desnatados” (vía Albert Mercadé) Es una victoria en escaños y votos amarga para el independentismo fraguada en un voto visceral -por ambos lados- y de falso sentimentalismo. El independentismo mantiene su tendencia alcista pero la izquierda transformadora ha sido machacada por el voto útil hacia las opciones presidencialista y de izquierda catalanistas. En cambio la marea naranja se ha erigido como ganadora de las elecciones -por votos y escaños, en solitario- y quiero suponer que después del delirio alcaloide de ayer en Barcelona llegará el posterior efecto neurodepresor y, consecuentemente el berrinche: la suma de las migas no resultará para gobernar. Ciudadanos ha copado un electorado volátil, indecisos decantados a la versión dura de un estado español represor. Ciudadanos no ha conseguido su electorado por méritos propios sino por las carencias discursivas de un socialismo (sic.) venido a menos y el suicidio colectivo de la derecha gubernamental, adelantada en su diestra por un transatlántico azafranado con el casco de madera y hélices reforzadas con papel moneda.

Los puddings unionistas, constitucionalistas, legalistas… llegarán más lejos en su trayectoria, aunque será finito su auge. En las próximas elecciones municipales si nada cambia se obviará el municipalismo y votaremos en clave de República. Provocará que por reacción se elijan a dirigentes que, tanto por un lado como por el otro, tapan con la bandera su mediocridad supina. En Tarragona ya sucede en un amplio sector de la bancada de la Plaça de la Font, aunque, al menos tenemos una alternativa de izquierdas para realizar oposición ante la norma de tapar con silencio y bandera la gestión de gobierno o la labor de oposición.

Sixena

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Orgullosos, los maños se autodenominan tozudos y testarudos, siempre con una sonrisa en la boca; postura nada mala a priori si lo que uno no intenta es robar a costa del buen hacer. Robar con prisas, sin esperar a una sentencia en firme -ya sabemos que la ley según para qué es aciaga- y con un falso orgullo de haber descubierto de golpe y porrazo una herencia común que les era extraña hasta hace poco más de seis meses; un orgullo que está apartado de cualquier estima porque lo potencia el odio. Es así. El odio lleva a un cafre pregonar a gritos un supuesto expolio cuando en realidad existió una venta documentada y una conservación y restauración de piezas palpable. Todo lo contrario que las humedades de los sarcófagos reales de Sixena o las dudosas habilidades de manipulación de lotes de transporte de las piezas requisadas (un curso de destrezas básicas no les iría nada mal, así como un curso de retórica para voceros) Es tan grande el nivel de ineptitud de algunos dirigentes que los políticos y jueces que ordenaron el saqueo del Museu de Lleida se pasaron por el forro los informes de expertos internacionales que ponían la voz en el cielo ante la salvajada que temían que iban a cometer. Sigue leyendo

Un país en barrena

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Ahora quién va a creer en la justicia cuando se imputan cargos que no corresponden, se juzgan delitos de los que bien no tienen atribuciones, los jueces no aplican la ley de forma justa, sino la aparcan a favor de la venganza (“Los hechos que se imputan arrancan hace dos años […] bastante paciencia ha tenido el Estado de derecho”) o en poner un campo de minas para que la defensa pueda ejercer como tal ante las acusaciones.  Es innegable ya que hay presos políticos -hay diez, de momento- por pensar y actuar acorde a sus ideas, por defender un programa electoral. España es un país en barrena, indigno de sentirse orgulloso de cualquier progreso ante unos fundamentos democráticos tan débiles y con un déficit de orgullo agudizado por un fantasma colonial, desenfocado hacia la lucha territorial y no un enfrentamiento social. Es un gigante con pies de barro donde muchos de sus ciudadanos sus bases no aceptan crítica alguna y los medios de comunicación vendidos al mejor postor a cambio de la parcialidad informativa prefieren encabronar a su gente con mentiras antes de informar (una muestra aquí).

Si repasamos la historia, el estado español se ha construído a partir de escombros, engaños y violencia. Al igual que una parte de los españoles quiere vivir sin problemas en esa mentira y otra parte desea cambiar la realidad dentro del estado, es igual de respetable luchar de manera pacífica y democrática para la independencia de un territorio que no quiere ser parte de un país sin identidad política propia, represivo y reactivo e incapaz de aglutinar en un frente común intereses de estado plurales con plena tolerancia.

Miserias de columnistas extremeños

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Extremadura es una región donde abunda la historia, la cultura, la buena gente -humilde y afectuosa en su mayoría-. Una tierra que bien gestionada tendría de todo y que, por ser como és y su dejadez administrativa está en la situación actual: fuga de universitarios hacia Madrid, Salamanca o Andalucía, carencia de infraestructuras básicas, paro encastado y población envejecida. Extremadura también es tierra de mediocres, lugar donde los cobardes campan a sus anchas en medios de comunicación e insultan y descalifican a quién no piensa como ellos -es así, en Catalunya también tenemos-. En Extremadura hay todavía un poso de sentimiento único y hay mucha valentía para hablar de algo sin conocer -demagogia-. El razonamientos de muchos extremeños es plano: blanco o negro sin escala de grises en medio y con un discurso de odio hacia todo lo que ponga en duda, aunque sea una coma de aquello que argumenten los periódicos (Hoy y El Periódico de Extremadura) de la comunidad. Desde algunas de sus columnas, que he enlazado en el blog, se incita al odio de una manera plana, barata y provinciana, utilizando la proximidad carnal como patente de corso para encender el ventilador y esparcir sin fundamento mierda de manera miserable, con un desconocimiento insultante de la realidad. ¿Cómo se atreven a meter a todos los independentistas de origen de la región en el mismo saco? (leer aquí) ¿Cómo consigue vender una verdad absoluta de una manera tan primitiva? Al igual que Extremadura tiene todo el camino para avanzar no entiendo por qué se enclaustra en los artículos de mequetrefes e impostores de las ideas. El progreso conlleva saltar y dejar atrás también medios de comunicación tóxicos e informarse por medio de otros y no sé si mis queridos extremeños están preparados para desterrar ése hábito.

Confundir para desinformar

[sobre el artículo publicado en el Diario HOY (Extremadura) ayer bajo el título “El Procés Habla Portugués”]

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Uno de los grandes defectos de los medios de comunicación extremeños es la capacidad exagerar algunas situaciones (noticias) hasta llegar al punto de dudar de la veracidad de su relato; como sucede con el artículo de ayer del HOY (clic aquí) donde el titular del inefable J.R. Alonso de la Torre con el que titulaba su columna con un esperpéntico “El Procés habla portugués” faltando a la verdad, por no decir que mentía. Como en toda situación, hay simpatías más latentes que otras; hay sensibilidades más acentuadas y emociones que se comparten o, literalmente se obvian: al igual que para la prensa ucraniana la situación de Catalunya se la trae al pairo -más que en nuestras cercanías desde luego- en Portugal me consta que despierta simpatías y antipatías al ser un socio económico y humano próximo. Ahora bien, llegar al punto de que el Procés habla portugués (que puede ser, porque el Conseller Raül Romeva si de algo va sobrado es en el dominio de lenguas) es marcarse un clickbait de cuidao.

Dejando de lado el sensacionalismo desearía centrarme en el rigor histórico. Si bien es cierto que tanto en Catalunya como en Portugal surgen dos movimientos con aspiraciones independentistas a lo largo del siglo XVII. Las “mejores tropas de la monarquía española” eran poco más de un cuarto del ejército nacional que tuvo que plantar cara en ambos frentes. Y donde la Corona tuvo la genial idea de enviar a sofocar la rebelión catalana militares portugueses, creyendo así que podría mitigar a su vez la revuelta lusa. Craso error. Las tropas lusas, apoyadas y financiadas por Inglaterra -que tenía sus intereses en territorios coloniales portugueses- dejaron para arrastre a una porción del ejército castellano confiada, arrogante y mal administrada.

Fuera del apéndice histórico comentado, todo lo que dice es cierto: PP y PSOE se han mezclado hasta ser lo mismo -cual refresco: unos abrazados con una etiqueta light y otra con toda la cafeína y azúcar posible- y algunos personajes que ni les va ni les viene el jradttema, también han aparecido. Que aquí han venido a agitar la bandera muchos payasos de los malos y no ha pasado nada más que un chaparrón de bochorno naif -hola, Vargas Llosa, ¿los incendios en Galicia bien?-. Luego, en el apartado mentiras; pues uno que lee la prensa a diario no encuentra en el ARA un referente independentista descarado como podría ser El Punt-Avui. ARA nació hace menos de una década para ocupar el nicho catalanoparlante que dejaba La Vanguardia al no publicar el rotativo del Conde de Godó en la llengua de Llull. Estaremos de acuerdo en su talante plural, pero de ahí a tildarlo como independentista es desconocer el sino de los medios de comunicación. Pero suele pasar; eso de hablar de lo que se desconoce no es nuevo de éste periodista. Es lo mismo que cuando comento la exageración de las noticias y dudar de su veracidad: mencionar al Correio da Manhã como medio serio y dentro de una terma en la que está el Jornal de Notícias o el Público -¿no se atreve a decir el Expresso porque ya sería acercarse al insulto?- es inconcebible calificar así al Correio si uno de verdad sabe el sensacionalismo y la desinformación que desprende en sus páginas. Aquello, lo de la información en Extremadura ralla la media verdad en demasía cuando no abraza el surrealismo o la exageración, son vicios expurgables a favor del verdadero orgullo periodístico.

El equilibrio será imposible

Jordis

“A mí, la unidad de España me suda la polla por delante y por detrás, que se metan a España en el puto culo, a ver si les explota dentro y les quedan los huevos colgando del campanario (…) vayan a la mierda ya con el país ese y dejen de tocar los cojones.”

Pepe Rubianes
(versión sacada de su espectáculo Rubianes Solamente)

Retomo lo de ayer (leer aquí si es de menester) Hablaba de un sistema de estado fallido, de cuestionar la democracia en la que vivimos. Y no es menos cierto que a cada día el desengaño con la estructura que sufrimos, si alguna vez hubo amor, aumenta su caída en desgracia. Que el estado español ha progresado durante cuatro décadas es innegable, pero cada vez da más sensación que el provocante fue la inercia coyuntural más que por madurez propia; porque de fondo, si uno raspa la fina película que recubre la palabra democracia española vemos a herederos, manicortos y crápulas, todos ellos descendientes de diversa alcurnia o asemejados al compendio de hijos de puta que durante más de treinta y pico años se dedicaron a pavonearse y a prostituir su amado país. Ese país que encarcela a presidentes de asociaciones culturales; representantes sindicales o presidentes, otra vez, de asociaciones que aceptan el diálogo y ponen en cuestión, claro, los efectos de la democracia española. Asociaciones y sindicatos con mayor trayectoria humana que cualquier partido en el que esa banda de malnacidos paga su cuota cada mes. Si la pagan, claro.

No creo en la democracia española. No hay encaje posible en el estado español, entre Catalunya dentro de España. Pudiera haber una relación de igual a igual, sería lo más factible y sano para ambos territorios. Ni menciono a aquellos que juegan a la puta y la ramoneta, papagayos federalistas y payasos autonomistas que no tocan siquiera la palabra legalidad. y ahora predican el mutismo ante toda la serie de atentados dirigidos hacia algo más de la defensa de derechos individuales y colectivos. Todos los movimientos van conducidos a destrozar la idiosincrasia de un país y de encarcelar a ciudadanos inocentes llegado el caso. Aquellos mismos que nos golpean, insultan y nos encarcelan quieren aleccionar con violencia. Primero quizá, que se despojen de sus yugos. Luego seguiremos haciendo nuestro camino; aunque duela y sea más largo finalmente será el más tranquilo.