Miguel Hernández: odio republicano, marginación lírica

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Cuando se diviniza a algo o a alguien se tiende a tomarlo por intocable y cualquier intento por discutir  o poner en tela de juicio un comportamiento conlleva una reprimenda. Porque más allá de la crítica éste estado sigue siendo un país de corneta. Por eso, quien quiera ver una relación directa entre Miguel Hernández y la Generación del 27 estará muy desubicado de la realidad. Al poeta de Orihuela le acogieron Vicente Aleixandre -delicado en ayudar al alicantino- y Manuel Altolaguirre -al que siempre se le ha reconocido como un poeta menor dentro de la generación-. Dentro del grupo, García Lorca, Cernuda y Alberti llevaron un enfrentamiento en el grupo poético a partir de marginar a Hernández.

Por mucho que ellos defendían su papel de poetas del pueblo, fieles a la revolución y a la República -aunque con algún matiz- la Generación del 27 era un club cerrado y no admitirían bajo su regazo a un chaval que empezaba a hacer sombra a Lorca con su obra poética -Lorca era un buen poeta, pero sobretodo un innegable dinamizador cultural y dramaturgo-. El granadino llegó a prohibir su entrada a cualquier recinto donde él acudiera, amén de que destilaba una superioridad moral a partir de sus modales y trayectoria. O la equiparación con Alberti, que nunca soportó compartir la etiqueta de poeta revolucionario con un imberbe que estaba jugándose la vida en el frente mientras él teorizaba en Madrid. También se habla de las supuestas medallas que se colgaron algunos ilustres -Neruda, uno de ellos- después de evitar la pena de muerte. El mérito fue de su protector y valedor José María de Cossío, que llego a relacionarse con ministros y militares para evitar su ejecución.

A Hernández se le ha tenido más como símbolo de una época que como referente cultural en una época complicada. Incluso se dice que su mujer, Josefina Manresa, se sorprendió de la recuperación de los poemas de su marido en la década de los cincuenta, rescatándose los poemas más reivindicativos. Manresa tendría un peso importante en la condena conmutada a treinta años y un día poeta, al que presionó para que cediera -bajo influencia de Cossío- al empuje del régimen.

Seguramente muchos de los comportamientos de algunos de los poetas del veintisiete vienen motivados por recelos, egos y personalidades complejas de tratar. Esa generación posiblemente fue la mejor que ha aportado la lírica del estado a la literatura en lengua castellana, pero como todo, tiene sus claros y oscuros. Y tan importantes son las personas como su legado.