No son los mejores poemarios… (ed. 2017)

[Título completo: No son los mejores poemarios para muchos, pero sí lo son para unos pocos o eso quiero suponer (ed. 2017)]

GT-webÉpoca de balances; de cómputo de beneficios. De recuento de libros, poemarios en fin, leídos. Los mejores libros de poesía del año. ¿Para quién? cada bitácora ofrece una visión personal, subjetiva a partir de la pluralidad del gusto, las preferencias, las filias y las fobias. Sin querer entrar en una catarata de argumentos en cada uno e los libros que aparecerán seguidamente, sin orden de preferencia o valoración, sino por gusto comienzo avisando que he dejado en la biblioteca más libros de los que tendría que hablar también. Tiempo al tiempo ojalá. Pero sería bueno iniciar con una mujer como Daiana Henderson y un poemario escanciado por etapas necesarias a partir del perfil de yo, Humedal (Liliputienses, 2014) o la mutación de un proyecto de la poética del movimiento como puede ser Libro de la Danza (Kriller 71 ediciones, 2016) del portugués o angoleño, no sé, Gonçalo M. Tavares. Y continúo con una dosis arcillosa, de mis Sigue leyendo

La edad invadida por la muerte

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“Nunca, en ninguna época y en ninguna otra civilización, se ha pensado tanto y tan constantemente en la edad; la gente tiene en la cabeza una idea muy simple del futuro: llegará un momento en que la suma de los placeres físicos que uno puede esperar de la vida sea inferior a la suma de los dolores (uno siente, en el fondo de sí mismo, el giro del contador; y el contador siempre gira en el mismo sentido). Este examen racional de placeres y dolores, que cada cual se ve empujado a hacer tarde o temprano, conduce inexorablemente a partir de cierta edad al suicidio (….) Para el occidental contemporáneo, incluso cuando se encuentran bien, la idea de la muerte constituye una especie de ruido de fondo que invade el cerebro cuando se desdibujan los proyectos y los deseos. En otras épocas el ruido de fondo lo constituía la espera del reino del Señor; hoy lo constituye la espera de la muerte. Así son las cosas.”

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Michel Houllebecq

Racismo erróneo*

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“- En la época en que los blancos se consideraban superiores -dijo-, el racismo no era peligroso. Para los colonos, los misioneros y los profesores lacios del siglo diecinueve, el negro era un animal no demasiado malo, con costumbres entretenidas, una especie de mono un poco más evolucionado. En el peor de los casos lo consideraban una provechosa bestia de carga, capaz de llevar a cabo tareas complejas; en el mejor, un alma zafia, poco pulida, pero capaz de elevarse hasta Dios o hasta la razón occidental-, mediante la educación. De todos modos veían en él a un hermano inferior, y no sentimos odio por un inferior, todo lo más una bondad despreciativa. Ese racismo benévolo, casi humanista, ha desaparecido por completo. Desde el momento en que los blancos empezaron a considerar a los negros sus iguales, estaba claro que tarde o temprano los considerarían superiores. La noción de igualdad no tiene el menor fundamento en el ser humano. -Volvió a alzar el índice. Por un momento creí que iba a citar sus fuentes, La Rochefoucauld o no sé quién, pero no. Lionel frunció el ceño a causa de la concentración-. Y cuando los blancos se creen inferiores -continuó Robert. preocupado por que le entendieran-. todo está dispuesto para la aparición de un nuevo racismo, basado en el masoquismo: históricamente, son estas condiciones las que han llevado a  la violencia, a la guerra interracial y a la masacre. Por ejemplo, todos los antisemitas están de acuerdo en conceder a los judíos cierto tipo de superioridad: al leer los escritos antisemitas de la época, lo que más llama la atención es el hecho de que se considera al judío más inteligente, más astuto, con cualidades especiales para las finanzas y, encima, para la solidaridad comunitaria. Resultado: seis millones de muertos.”

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Michel Houllebecq

Postdata: ni el título ni el contenido del fragmento del libro aquí publicado corresponde a mis opiniones o valoraciones personales, sino es producto de la narración del autor de la novela.

Configuración de la última orilla

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“El camino se reduce a una extensión gris
Sin sabor y sin gozo, lentamente arrasada.”

Leo y descubro a Houllebecq (Isla de la Reunión, Francia, 1956) adorado y odiado por igual en Francia. Configuración de la última orilla, su último poemario de 2014 editado y traducido en edición bilingüe por Anagrama me ha portado una de las mejores lecturas en verso que he tenido en todo el año. Ha sido un descubrimiento antes de Navidad, sin duda.

No son poemas aptos para personas sensibles o para aquellos que esperen versos cómodos -entended por cómodos todos aquellos críticos pero digestos en la razón, que no conmueven-. Son certeras bofetadas de realidad, diapositivas viscerales de una mente radical, lúcida y versátil en la formathumb_14839_portadas_big: juega con el verso libre, alterna poemas con rima y métrica con otros que son una espectacular anarquía lírica. Dentro de la anarquía formal de sus composiciones hay cabida para versos llenos de reflexión (“Y cada edad del mundo, cada edad, su sufrimiento, / Inscrito en su génesis.”), amor (“En el fondo siempre supe / Que alcanzaría el amor (…) Siempre tuve confianza, No renuncié, Mucho antes de tu presencia, Me fuiste anunciada”) o con una resignación latente ante la vida (“Yo pienso en los transbordos; / La vida está ahí, casi dócil, / Simplemente no he tenido suerte”) y al paso del tiempo que va condenándonos a la mediocridad e indiferencia…

Como decía, hay una serie de poemas que a los más puristas no les gustarán. Houllebecq y el sexo van cogidos de la mano: acusado de misógino, la habilidad para la provocación le han llevado a ser tratado como genio y depravado. Ataca directo las necesidades del hombre, aquellas primarias, como si no hubiera freno o límite más allá de la cordura necesaria para distinguir entre lo correcto, lo ético y lo moral que debe limitarnos. Houllebecq se niega a sentir la denuncia como algo tierno y ligeramente punzante, al contrario; debe ser algo crudo y visceral que no debe dejar indiferente. Por ello su estilo puede resultar violento hasta naturalizar el instinto fiero con el que quiere expresar sus confesiones sobre la vida, el sexo, el amor… y la parte oscura del ser humano: describe en una serie de poemas la belleza y atracción juvenil como fuente plena de lujuria y tentación, consciente de estar pisando la fina línea de lo moral -pueden surgir ciertas semejanzas con Lolita- o la justificación de la llegada del final como un proceso natural al que no podemos negarnos a sucumbir.

Tengo pendiente leer Poesía (Anagrama, 2014) donde están sus cuatro poemarios anteriores a éste. Sacar conclusiones de único libro para hablar de la trayectoria de un escritor es complicado… aunque la palabra expectación quizá sea la más adecuada en éste caso.