Nocturno mediodía: antología de Sophia de Mello

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En Tarragona han abierto una librería de segunda mano. Pertenece a una cadena que va abriéndose camino por la meseta. Valga decir que su fondo de poesía es limitado pero a veces aparece alguna joya entre antologías dedicadas a sufridos alumnos de bachillerato. Gracias a su fondo he conseguido de su sección de poesía libros como Poema, de Dylan Thomas o una curiosa antología poética de Blas de Otero en edición descatalogada

Lo que no esperaba era encontrarme con ACP en mi ciudad. Encontré un ejemplar de Nocturno mediodía, Antología poética (1944 – 2001) de la poeta portuguesa Sophia de Mello Breyner Andresen (Galaxia Gutemberg, Círculo de Lectores) traducido por él hace ya unos años. De allí, saco éste poema:

Pérdida

Aún hay luz y ya el rumor de la tarde
Me separa de la sombra del pinar

Cómo vivir de nuevo la alegría única
De haber sido joven que malogré

Sólo el tiempo y bien tarde
Me ha envejecido
Después he perdido sin saber cómo el andar
De mis pasos

(original aquí)

Sophia de Mello defendía que cada palabra tenía su significado, su lugar en el poema: todas eran indispensables en el poema; no solamente servían para cerrar un verso. Tenía un estilo vivo, natural, evocador si cabe. También la añoranza, una saudade poética antes de la soledad y la oscuridad. Buscaba en sus poemas la sobriedad y la plenitud sin concesiones: ¿finalidad estética? sin duda, pero también lo evocador y la proyección de un paisaje presente y amable.

No entiendo por qué ésta joya que tengo ahora a mi lado me costó tres euros.

Morerías

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Minutos antes de que Déborah Vukusic -mitad gallega, mitad croata- cerrara con crudeza y energía la segunda jornada de Centrifugados, el gran Elías Moro me regaló Morerías (Ediciones Liliputienses, 2016) una antología de greguerías hechas con mimo, cariño y sinceridad. Aquí tres muestras:

  • El futuro no llega nunca porque siempre está en el futuro y no hay transporte desde allí.
  • La niebla son fantasmas que han salido de paseo y no saben encontrar el camino de regreso a casa.
  • Los forenses nunca discuten con sus pacientes.

También, Elías me habló de Harria, el nuevo libro de Juan Manuel Uría que no pude conseguir en Plasencia. Anotado queda para adquirirlo en breves…

Fin

Acabo de terminar la lectura de Fin, la primera novela del escritor galaicocatalán David Monteagudo. Fin (Acantilado, 2009) es un libro de suspense, coral, donde se narra el reencuentro de un grupo de amigos -con todo contacto perdido ya- que se reúnen veinticinco años después en un refugio de montaña para pasar un fin de semana, en el recuerdo de un antiguo componente del grupo despierta choques entre los protagonistas. Siete añfin_david_monteagudoos después de ser publicada y ajeno ya al bombo mediático que la prensa ofreció al escritor y a su ópera prima, su lectura era más que tentadora…

Fin es un buen libro, una correcta novela de intriga y suspense; hay una detallada descripción de los espacios y ambientes de la obra, la trama principal es interesante, aunque queda difuminada a veces, y el inicio es demoledor… pero a medida que iba avanzando la lectura mi ritmo bajó: empezó a haber una excesiva distancia con los protagonistas -hecho que provoca que uno no llegue a indentificarse con alguno de ellos- amén de la sensación de fracaso en todos -menos en una acompañante-. La intriga del argumento es el hilo del que vas tirando y avanzando en la lectura, quizá movido más por la curiosidad que por la trama en sí misma. Haciendo un símil: estás viendo un castillo de fuegos artificiales y observas un inicio brutal, la parte central va flojeando y por último, el final te deja con un regusto raro en la boca.

Fin no será una novela que pase a la historia reciente de la literatura contemporánea pero es una lectura entretenida y abierta si uno quiere invertir su tiempo en leer una novela diferente. También, repito, pese a ser un libro con un buen punch inicial y algunos diálogos brillantes, en momentos podemos estar más cerca de leer una buena pieza de literatura juvenil que una correcta -sin más- novela adulta.

  • Postdata: poco después de escribir la reseña he curioseado buscando algunas críticas sobre el libro, descubriendo que hay quien llega al insulto hacia el escritor por no ser la novela de su agrado…

La inmensa minoría de Barcelona

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En Barcelona conviven tres tipos de ciudadanos: los de primera -turistas y extranjeros, a lo sumo la élite socioeconómica de la ciudad hablando un xava del cagar- los de segunda -por extensión, todos los demás- y aquellos que no existen a ojos de nadie, ni a los de segunda. Barcelona es un centro de ocio contemporáneo, chic y que ha cambiado la vanguardia por lo cutre, lo original por lo manido y no se acuerda de los suyos cada cuatro años -bien, cada dos o tres, al ritmo de las elecciones a la Generalitat-.

Barcelona no son las piedras y los monumentos. Barcelona es crisis, pufos y crecer sabiendo que tu futuro vale menos que el de cualquier otro por haber nacido la-inmensa-minoria-oken un barrio alejado del centro, o quizá por haber nacido en la ciudad equivocada. Barcelona es bajar follao la ladera del Tibidabo o escuchar música en les cotxeres. Barcelona también son las fiesta de Gràcia y Sants y su pique saludable, tomar horchata en El Tío Ché y pasear sin mirar el reloj por el Poblenou hasta la Mar Bella… es saber disfrutar de todo ello si no sabes que es un oasis. Hay una ciudad paralela que permanece oculta y aislada. Una ciudad, un conato de resistencia viviendo a tiro de piedra del centro siempre y cuando el azar de las relaciones de transporte público jueguen alguna vez a su favor. Hay un instituto -o dos, o tres, no lo sé- y hay riqueza en las sonrisas y en los cementerios de hormigón y tochana que pueblan sus esquinas de vanas ilusiones.

Sí. Acabo de releer La inmensa minoría, de Miguel Ángel Ortíz (Random House, 2014) No vivo en Barcelona pero como uno barcelonés de segunda más sé qué tipo de ciudad no quiero. La ciudad está colonizada: la realidad ha dejado a todo el mundo en fuera de juego, las ilusiones se han quedado en eso, ilusiones -en el libro se quedan tiradas en un campo de tierra- y el verdadero arte es sobrevivir aprendiendo a ser peor porque el margen de mejora es nulo. ¿Con qué cara sales cada mañana de casa si lo primero que ves es un coche calcinado? Sigamos obviando el desarraigo local de los barrios más populares y marginados, suframos las consecuencias y la parca extrañeza que provoca la nula representación en aquellas zonas degradadas. Observemos como algo exótico la escasa implantación del esquema de ciudad impuesto a golpe de martillo y talonario. Barcelona parece estar diseñada para el disfrute; cuando en realidad el verdadero mérito de su gente es sobrevivir en ella a diario sin alterar el orden impuesto por la moneda.

Crematorio

“La crisis está sirviendo para meter en cintura a los de abajo. ¿Te quejas? Pues a la calle. Y en la calle hace mucho frío.”

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Tengo algo de curandero con alpargatas, solucionador de problemas y ofrecedor de consuelos, que no médico. Al menos en lo que a libros se refiere; porque después del tsunami lacrimal de la semana pasada recomendaría una lectura potente para sacar más jugo a los ojos, que supurasen más sal si cabe. Que no hay prou: hoy es lunes y las lecturas de inicio de semana han de ser como aquel cigaló -carajillo- que se toma el iaio del bar en la terraza fària enganchada a los labios agrietados y secos: potente, seca y directa. Una lectura de una semana, Crematorio, de Rafael Chirbes ayudaría a cambiar el diagnóstico y a ver aquella herencia que hay en el Levante: toneladas de hormigón, grúas peinando eriales, tochana almacenada, bolsas de dinero y etcétera. Lo recomendaría a cada uno que pensara en la herencia recibida. Y luego documentales, elegid entre la lucha del Cabanyal o las víctimas del metro de Valencia. Luego o antes; el orden de los factores no alterará el resultado: o caerá la cara de vergüenza o hablarán de manipulación. Dejo el libro a cualquiera que defienda a cualquier personaje que haya sido sobrepagado sin motivo, mordido o favorecido por un sistema caníbal

Decía Chirbes que se sentía juzgado en el momento de salir un libro. Ya le pasó con La buena letra, removiendo la memoria histórica antes de que unos y otros se la lanzaran cuan bola de barro en las Cortes. Y le sucedió con Crematorio, aparecida antes de la crisis. Como un visionario que se adelantó a todo lo que iba a suceder porque él lo veía desde Tavernes -en el caso de la burbuja-. Con la injusticia social igual, cuando no daba lectores, él escribía de su lado. Con la inmigración igual; antepuso las corrientes para enmarcar lo que sucedía uniendo los cabos del destino. Puedo hablar de Crematorio pero cualquiera que haya llorado a la valenciana puede hacer con cualquiera de sus novelas. Y con algo de suerte verá aquel esqueleto de sinsentidos que ha sido España, vestida de ignorancia. Y lo poco que hacemos para quitarnos esas ropas y tejer otras de un color más amable. La herencia recibida no tiene por qué ser buena.

La montaña dentro

Antes de empezar la temporada en la Garrotxa -que finalizó hace dos semanas- compré La montaña dentro, de Hervé Barmasse (Desnivel) un ejemplar que me acompañó en buses primerizos, trenes de madrugada, caminatas vespertinas y descansos en la montaña durante mes y medio.

Es curiosa la sensibilidad que tienen muchos alpinistas y montañeros a la hora de expresar en arte sus vivencias; muestran un arte, una pulcritud y delicadeza, un saber hacer en algunos casos -Cadiach, Ochoa… por ejemplo- acorde a su forma de escalar. Barmasse creo que podría estar en la grupeta de aquellos que muestran al lector aquello que solo es capaz de imaginar: pone colorMaquetación 1, descripción, forma y movimiento a las imágenes que muchos nos hacemos Es escalador transalpino en su libro -diseccionado algún fragmento aquí– nos muestra el proceso de evolución de un hombre hecho a sí mismo y que llegó a ser como se le conoce por accidente aunque iba bien encaminado.

Más allá de sus hazañas alpinísticas en diversos continentes, me llaman la atención dos cosas: primera, la conciliación social y personal del protagonista -Hervé- con sus cercanos ajenos a la montaña: cómo la vida de un aventurero da vueltas alrededor de viajes, cuerdas, arneses, friends… y a la vez cómo puede llegar a costar el separarse de esa vida cuando uno pisa tierra. Creo que para llegar a la conclusión de si la montaña es una obsesión habría que conocer en persona al mismo Hervé. Por otro lado está la doble vida de estos superhombres sencillos: las motivaciones, el reposo, las experiencias y la intimidad que provocan los tiempos de lesión y recuperación. Aquí, Barmasse desnuda los malos momentos y hace meternos en una vorágine de aventura antes de la aventura, evaluando los riesgos y miedos de cada empresa.

Mención especial tiene su sentido de la historia: sabe de donde viene su profesión y es de admirar el respeto que profesa a la tradición y la memoria de sus antecesores, y, a la vez cómo cuestiona e innova, sea abriendo nuevas vías en su Cervino, sea avivando la conciencia y la responsabilidad moral de mantener y transmitir los valores que ha aprendido desde siempre en su hogar.