Te me moriste (J.L. Peixoto)

TememoristeA veces ocurre: cuando leo un libro y al llevar un buen tiempo entra en mí la certeza de que el género le queda corto al autor por algún motivo; y entonces me emociono: emocionar no irritando mis capacidades lacrimales sino más bien cuando adhiere el nervio y ansia por leer más y más; especialmente en el momento en el que el autor rompe la barrera entre lector, donde éste pasa a ser cómplice en primera persona del libro.

Con Te me moriste (Minúscula, 2017, aunque hace unos años publicado por la Editora Regional de Extremadura) de José Luís Peixoto ocurrió eso mismo. Te me moriste es una obra que bascula entre la autobiografía, la poesía y la narrativa con un severo posado nostálgico a partir de la muerte del padre de Peixoto. A partir de recuerdos, visitas, instantes y demás enebra una elegía que arranca de cuajo cualquier expectativa ante la partida física definitiva que no sea el recuerdo azuzado de dolor. Ante la promesa de no olvidar Peixoto ofreció sus letras al progenitor sin caer en una catarata de cursilería: Peixoto nos habla de amor, de recuerdos, de vivencias, de cariño, de atención y de cómo después de la partida siempre queda el recuerdo dispuesto a ser querido y estimado, porque ésa mitad nunca marcha de nosotros.

“Ante mí, las calles barridas, el sol ennegrecido de luz limpiando las casas, blanqueando la cal; y el tiempo entristecido, el tiempo parado, el tiempo entristecido y mucho más triste que cuando tus ojos, claros de niebla y marejada lejana fresca, devoraban esta luz ahora cruel, cuando tus ojos hablaban alto y el mundo no quería ser más que existir. Y, sin embargo, todo como si continuase. El silencio fluvial, la vida cruel por ser vida. Como en el hospital. Decía nunca te olvidaré, y hoy lo recuerdo.”

Para acabar con Eddy Bellegueule

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No es una novela; es una confesión. El punto y final de una vida que da lugar a otra. Será interesante leer otras obras de Édouard Louis más allá de Para acabar con Eddy Bellegueule: un ejercicio de introspección a la Francia norteña degradada, tan seducida por la ultraderecha (destaco Per què el meu pare vota Le Penaquí) como arraigada en sus provincianismos. A tenor de lo que cuenta Louis. Porque al leer el libro uno entiende muchas cosas de la Francia actual, más allá del qué vota la gente está el por qué. Los por qués son claros, concisos además de ser unas memorias de la infancia de Bellegueule y el proceso de aceptación sexual al que se sumió con sus etapas -negación, frustración, etc.- hay un compendio de descripciones de las miserias de aquel que vive de forma lúgubre y está influenciado por su herencia y su entorno.

Para acabar con Eddy Bellegueule_135X220La novela -ubicada en Hallencourt- podría remitirnos a cualquier obra que hablara de las penurias de la clase trabajadora, pero permite ir más allá: veo en ella una crítica feroz al sistema establecido y cómo acomoda a la población; actitud comprensible si la meta del día a día es sobrevivir, sea llevando un plato de patatas fritas a la mesa, sea evitandouna paliza o un golpe sin traicionar lo intrínseco de uno mismo. O la falsa confianza de salir definitivamente del entorno y creer ciegamente que todo ha acabado…

 

Porque queramos o no ahora hay dos clases de personas: los que sobreviven y los que viven. Los segundos viven en una equidistancia y en el ambigüismo que ofrece el poder adquisitivo. Los primeros en la rutina de un día más en la trinchera. Y el hecho de que uno aguante en la trinchera conlleva que a cada mínima diferencia entre dos personas surja el clasismo o la reivindicación de una posición social inexistente promovida por el sistema. La pobreza de cualquier tipo trae más pobreza y suma una carga más grande que superar, acomoda a la gente en un victimismo real que bloquea cualquier evolución o posibilidad de apertura y ataca al diferente desconfiando del cambio.

Édouard Louis vivió en un búnker y salió de él con muchas cosas que decir. Realidad o ficción su relato es el ejemplo de la precarización de la sexualidad hoy en día. En un ambiente límite, sí; pero que existe y hay que afrontarlo.