Navegación sin rumbo (Nuno Júdice)

navegaçao sem origenUno de los aciertos de la Editora Regional de Extremadura (ERE) es dar voz a poetas portugueses en sus colecciones, cosa que ha provocado que se haya consolidado un catálogo de calidad a lo largo del tiempo, hecho que corrobora que fuese considerada por algunos como la mejor editorial pública del panorama peninsular hace algunos años.

Dentro del apartado de poetas lusos que destacan en la colección, hace unos años la ERE publicó Navegación sin rumbo, libro de una de los versos más destacados de la literatura lusitana, Nuno Júdice. Como bien podemos suponer por el título, estamos ante un viaje que se adentra en la búsqueda de certezas entre los misterios, con un tono meditativo y algo escéptico ante el transcurso de las imágenes con las que nos recrean sus versos; no abunda el trabajo estético ni un mensaje metapoético sino aboga por la normalidad de lo narrado y lo extraordinaria de cada experiencia vivida, cada segundo merecedor de un verso. La poesía de Júdice puede parecer simple, sencilla a primera vista más bien esconde en su interior y en las entrañas de sus versos un mensaje profundo, de calado que provoca una relectura necesaria -en éste caso, en portugués- del poema para sacar un sentido pleno a la composición. En Navegación sin rumbo (Navegação de acaso) encontramos cariño y pérdida; dolor y virtud abriéndose camino por el surco del velero a lomos del que encaminamos nuestra lectura hacia un rincón tapado, cálido refugio donde adentrarnos ante aquello que nos tiene que comunicar el poema…

“El poema tiene que decirle algo al lector” algo tan obvio como prostituído, defendió Júdice en el acto de entrega del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2013 por Navegação de acaso. Y fue un merecido premio. Y en mí la duda de por qué tan pocos premiados portugueses. Y por qué no tienen tanta cancha en España. A ésto último sí tengo respuesta, por desgracia…

Te me moriste (J.L. Peixoto)

TememoristeA veces ocurre: cuando leo un libro y al llevar un buen tiempo entra en mí la certeza de que el género le queda corto al autor por algún motivo; y entonces me emociono: emocionar no irritando mis capacidades lacrimales sino más bien cuando adhiere el nervio y ansia por leer más y más; especialmente en el momento en el que el autor rompe la barrera entre lector, donde éste pasa a ser cómplice en primera persona del libro.

Con Te me moriste (Minúscula, 2017, aunque hace unos años publicado por la Editora Regional de Extremadura) de José Luís Peixoto ocurrió eso mismo. Te me moriste es una obra que bascula entre la autobiografía, la poesía y la narrativa con un severo posado nostálgico a partir de la muerte del padre de Peixoto. A partir de recuerdos, visitas, instantes y demás enebra una elegía que arranca de cuajo cualquier expectativa ante la partida física definitiva que no sea el recuerdo azuzado de dolor. Ante la promesa de no olvidar Peixoto ofreció sus letras al progenitor sin caer en una catarata de cursilería: Peixoto nos habla de amor, de recuerdos, de vivencias, de cariño, de atención y de cómo después de la partida siempre queda el recuerdo dispuesto a ser querido y estimado, porque ésa mitad nunca marcha de nosotros.

“Ante mí, las calles barridas, el sol ennegrecido de luz limpiando las casas, blanqueando la cal; y el tiempo entristecido, el tiempo parado, el tiempo entristecido y mucho más triste que cuando tus ojos, claros de niebla y marejada lejana fresca, devoraban esta luz ahora cruel, cuando tus ojos hablaban alto y el mundo no quería ser más que existir. Y, sin embargo, todo como si continuase. El silencio fluvial, la vida cruel por ser vida. Como en el hospital. Decía nunca te olvidaré, y hoy lo recuerdo.”

Otras maneras de usar la boca

rupi-kaurQue conste que no creo en los best-sellers. Siempre me producen algo de reparo leerlos y sentirme discordante con aquellos que los valoran como hits más que por su calidad. Con Patria me llevé una sorpresa parcial; con Rupi Kaur en cambio no sé si puedo decir lo mismo, pero indiferente no me ha dejado.

Sí es cierto que en ésta bienvenida oleada de poesía y neopoesía -vomitiva, en no pocos casos de ambos en el estado- hay espacios para la creación de poemarios sensibles y con una carga de experiencia bastante fuerte. Otros en cambio son placebo o un escribir lo que quieren leer. Kaur para mi gusto ha creado con acierto un poemario maduro que no se detiene en acariciar el tópico, sino lo disecciona y entra a fondo con él, con mayor o menos acierto; poniendo en cuestión la confusión de roles marcada por la tradición -gritar, dudar, desconfiar son verbos que todas las culturas conjugamos de manera visceral llegados al caso-. Pone en cuestión la tradición ajena a la nuestra y ése espacio de divulgación que es para nosotros lo desconocido, abriéndose un abanico de reacciones en las que es imprescindible realizar una segunda lectura para inmiscuirse en pleno en todo lo que transmite en cada palabra.

Sus versos están cargados de experiencia en primera persona. Ella esgrime una poesía directa y accesible, algo que sin caer en el verso fácil, sino que aún siendo una poesía sencilla guarda sesgos de complejidad; una poesía narrada y sin un recurso metafórico tan desarrollado al que normalmente estamos acostumbrados a leer. Además, ésa personalidad inquieta y reflexiva que tiene a cada paso.

Para acabar con Eddy Bellegueule

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No es una novela; es una confesión. El punto y final de una vida que da lugar a otra. Será interesante leer otras obras de Édouard Louis más allá de Para acabar con Eddy Bellegueule: un ejercicio de introspección a la Francia norteña degradada, tan seducida por la ultraderecha (destaco Per què el meu pare vota Le Penaquí) como arraigada en sus provincianismos. A tenor de lo que cuenta Louis. Porque al leer el libro uno entiende muchas cosas de la Francia actual, más allá del qué vota la gente está el por qué. Los por qués son claros, concisos además de ser unas memorias de la infancia de Bellegueule y el proceso de aceptación sexual al que se sumió con sus etapas -negación, frustración, etc.- hay un compendio de descripciones de las miserias de aquel que vive de forma lúgubre y está influenciado por su herencia y su entorno.

Para acabar con Eddy Bellegueule_135X220La novela -ubicada en Hallencourt- podría remitirnos a cualquier obra que hablara de las penurias de la clase trabajadora, pero permite ir más allá: veo en ella una crítica feroz al sistema establecido y cómo acomoda a la población; actitud comprensible si la meta del día a día es sobrevivir, sea llevando un plato de patatas fritas a la mesa, sea evitandouna paliza o un golpe sin traicionar lo intrínseco de uno mismo. O la falsa confianza de salir definitivamente del entorno y creer ciegamente que todo ha acabado…

 

Porque queramos o no ahora hay dos clases de personas: los que sobreviven y los que viven. Los segundos viven en una equidistancia y en el ambigüismo que ofrece el poder adquisitivo. Los primeros en la rutina de un día más en la trinchera. Y el hecho de que uno aguante en la trinchera conlleva que a cada mínima diferencia entre dos personas surja el clasismo o la reivindicación de una posición social inexistente promovida por el sistema. La pobreza de cualquier tipo trae más pobreza y suma una carga más grande que superar, acomoda a la gente en un victimismo real que bloquea cualquier evolución o posibilidad de apertura y ataca al diferente desconfiando del cambio.

Édouard Louis vivió en un búnker y salió de él con muchas cosas que decir. Realidad o ficción su relato es el ejemplo de la precarización de la sexualidad hoy en día. En un ambiente límite, sí; pero que existe y hay que afrontarlo.