Calibre 38, de Judith Rico

c38No hay nada peor para el cuerpo que la enfermedad y quizá, enfermo, ha sido la mejor manera de leer Calibre 38 (Zoográfico, 2017) de Judith Rico. Judith, tan vasca como extremeña como al revés, sabe de enfermedades y de cómo sanarlas mejor que nadie; su poemario viene sin prospecto pero con una declaración de fuerza hacia remanente segunda persona que no para de volver en la mayoría de los poemas. Una segunda persona, implícita, a la que ha ofrecido todo tipo de miramientos desde el absurdo de las metas más precarias  (“Sigue bailando / bajo la lluvia / de mi balcón, / que yo seguiré escupiendo / hasta que tu cuerpo aguante” en Agosto polar) hasta la belleza del dolor (“huyo y me hallas, pero en sueños, / siempre en sueños / solo en sueños / puedes volver a ver a los muertos” en Recuerdos, sueños y otras formas de hallarte) La poesía utilizada como piedra valiente para arrojar a la cara en forma de reproche y de deuda.

Del dolor, sí, porque cada bala del poemario está construido con una frialdad necesaria28276934_10215726958305425_3428699191304088157_n para tratar sin dudas la reconstrucción a partir de revestir de la mejor manera las heridas escuezan o no. Judith Rico reviste el camino hacia la unidad apostando firmemente por el poema independiente y otros derivados de las píldoras aforísticas y o mensajes encadenados hasta formar un poema que, tras su lectura deja una huella, una sombra -el vaho del cañón de un revólver tras ser disparado- que no muestran una imagen que no tiene que ser necesariamente común o próxima al lector, como si no le importara demasiado: ella habla de su realidad, de su experiencia vital sin caer en la recurrencia poética del viaje ni en una travesía circular: más si cabe es un sendero que languidece por cenagales y páramos oscuros, sombríos, donde se encuentra a la vez respeto y disfrute en la misma lectura.

Quien lea Calibre 38 descubrirá una catarata en verso que a lo largo de las páginas tiende a volverse transparente, diluida en la palabras y asociándose irremediablemente con cada palabra pese a las máscaras, las nanas y los dolores que la acompañan; arrojando tras de sí, en los últimos alegatos una ráfaga caliente de pólvora: no obstante, todavía se utiliza para sanar heridas de bala. Sea del calibre que sean.

[consigue Calibre 38 (Zoográfico, 2017) de Judith Rico, aquí]

Incrédulos (un poema de Judith Rico)

JR

[cuando entendí en que tenía que leer a más mujeres y por ende, tenían que aparecer también en el blog. Ella no podía faltar. Disfruten de una amiga…]

Incrédulos
Ya no creemos
en estrellas fugaces,
ni en tréboles de cuatro hojas,
se han oxidado las herraduras de la suerte
y ya no fabrican helados
con premios tatuados a fuego en el palo.

Ya no tocamos madera,
nos han salido ramas
en todas las guerras perdidas,
ya no tiramos piedras a los tejados,
llevamos los bolsillos llenos
y las manos vacías.

[Poema de Judith Rico (Donostia, 1986, pero también placentina) extraído de Calibre 38, publicado por Zoográfico en diciembre de 2017. Es la mamá de Nagore.]