Casas mal pintadas

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“Dios sigue hablando, pero no insiste en que lo escuchemos, prefiere que nos fijemos en una casa con las paredes mal pintadas. Y tal vez esté a punto de amanecer, incluso a través de la neblina se pueden distinguir la cal y sus escamas. Son las noches, inviernos y veranos, que arrancan las lascas de cal; es el polvo de la calle que se levanta con la brisa, las carretas, los niños inquietos, y se pega a las paredes como se pega en el interior de los pulmones. No se ve a nadie, las personas y los animales no forman parte de esta imagen. La fachada de la casa tiene una franja pinta.”

En tu vientre
José Luís Peixoto

Visitar en el hospital

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“(…) Sobre ti, el peso de tu lápida sin cruz, de la tierra, de todas las mañanas. Crecen hierbecillas a tu alrededor, padre. Los cipreses se alzan a tu alrededor, padre. Los cipreses se alzan negros por ti. Y antes de salir, sabes bien el horario de visita, padre, sabes bien que si me quedo más llega al enfermera y me echa y se enfada con nosotros; antes de salir dije lo voy a conseguir, padre, tengo que construir como has construido; estos brazos son los tuyos, padre. Nos miramos otra vez. Sí, vuelvo, padre, vuelvo. Y mientras me alejaba, me mirabas. Y el dolor constante el dolor constante. Hemos llorado juntos. Tú lo sabes.”

Te me moriste
José Luís Peixoto

Fuegos artificiales en el río Taedong

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“(…) Mientras cenábamos, vimos imágenes del desfile militar al que habíamos asistido tal como había pasado por la plaza Kim Il-sung. Los norcoreanos del restaurante miraban con deferencia a Kim Jong.un, el respetado líder, adjetivo que le fue atribuido y que lo designaba. Mientras los vehículos de guerra pasaban, él hablaba con generales que lo rodeaban y apuntaba. A veces, se reía. Cuando volví a mirar hacia la pantalla, ya había empezado la transmisión en directo de los fuegos artificiales a lo largo del río Taedong. Incluso en televisión impresionaba. Después de quince o viente minutos era muy evidente que era una pena estar tan cerca y tan lejos de algo tan grandioso. Sigue leyendo

La disciplina en una mirada

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“Entendía el odio con que el guardia de la aduana me miraba. Era un oficial de uniforme nuevo y completo, botas relucientes, galones brillantes, tal vez sesenta años, tal vez padre de alguien de mi edad. El compartimento tenía cuatro plazas. Mi maleta estaba encima de la cama de arriba, a la izquierda. Yo estaba esperando en el pasillo del tren, entre toda la gente que también esperaba. Cuando llegó mi turno, entré Él estaba de pie, sujetando mi pasaporte abierto, como si me comparara con la fotografía pero sin mirarla, solo observándome, severo, de hierro.

Su mirada ponía mi cuerpo entero en tensión. Yo entendía esa tensión. Allí significaba orden. Ese era también el motivo para el aparente odio, o desprecio, con que me miraba. Al final no era odio, era disciplina. Entendía la disciplina con que el guardia de la aduana me miraba.

Pero ese momento no podía durar para siempre. Hubo un instante en que bajó su mirada sobre el pasaporte. Sé que mi fotografía le sonrió, pero no noté ninguna reacción en su rostro. En aquella parte de Asia, una sonrisa puede expresar algo muy diferente de lo que me hizo sonreír cuando estaba ocupándose del pasaporte. Con frecuencia, una sonrisa puede nacer de la incomodidad, del apuro, o, incluso, del sufrimiento. El guardia no estaba siquiera cerca de sonreír.”

Dentro del secreto. Un viaje por Corea del Norte
José Luís Peixoto

En el tiempo en que éramos felices…

 

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en el tiempo en que éramos felices no llovía.
nos levantábamos juntos, abrazados al sol.
las mañanas eran un cielo infinito. nuestro amor
eran las mañanas. en el tiempo en que éramos felices
el horizonte se tocaba con la punta de los dedos.
las mareas traían el fin de la tarde y no veíamos
más que la mirada uno del otro. jugábamos
y éramos niños felices. a veces todavía
te espero como te esperaba cuando llegabas
con el uniforme lindo de tu inocencia. hace mucho
tiempo que te espero. hace mucho tiempo que no vienes.

José Luís Peixoto (Galveias, 1974) terminó una licenciatura de Lenguas y Literaturas Modernas en la Universidade Nova de Lisboa. Fue profesor durante algunos años en Portugal y en Cabo Verde antes de dedicarse plenamente a la escritura en 2001. Ha sido galardonado con algunos de los más prestigiosos premios en lengua portuguesa, tanto en novela como en poesía.

 

Te me moriste (J.L. Peixoto)

TememoristeA veces ocurre: cuando leo un libro y al llevar un buen tiempo entra en mí la certeza de que el género le queda corto al autor por algún motivo; y entonces me emociono: emocionar no irritando mis capacidades lacrimales sino más bien cuando adhiere el nervio y ansia por leer más y más; especialmente en el momento en el que el autor rompe la barrera entre lector, donde éste pasa a ser cómplice en primera persona del libro.

Con Te me moriste (Minúscula, 2017, aunque hace unos años publicado por la Editora Regional de Extremadura) de José Luís Peixoto ocurrió eso mismo. Te me moriste es una obra que bascula entre la autobiografía, la poesía y la narrativa con un severo posado nostálgico a partir de la muerte del padre de Peixoto. A partir de recuerdos, visitas, instantes y demás enebra una elegía que arranca de cuajo cualquier expectativa ante la partida física definitiva que no sea el recuerdo azuzado de dolor. Ante la promesa de no olvidar Peixoto ofreció sus letras al progenitor sin caer en una catarata de cursilería: Peixoto nos habla de amor, de recuerdos, de vivencias, de cariño, de atención y de cómo después de la partida siempre queda el recuerdo dispuesto a ser querido y estimado, porque ésa mitad nunca marcha de nosotros.

“Ante mí, las calles barridas, el sol ennegrecido de luz limpiando las casas, blanqueando la cal; y el tiempo entristecido, el tiempo parado, el tiempo entristecido y mucho más triste que cuando tus ojos, claros de niebla y marejada lejana fresca, devoraban esta luz ahora cruel, cuando tus ojos hablaban alto y el mundo no quería ser más que existir. Y, sin embargo, todo como si continuase. El silencio fluvial, la vida cruel por ser vida. Como en el hospital. Decía nunca te olvidaré, y hoy lo recuerdo.”