Los ritmos rojos

Siempre nos quedará la utopía mal que nos pese. Los jóvenes vemos todo aquello como algo lejano y con la nostalgia provocada por el qué hubiera pasado si. 2017 es el año del centenario del Octubre Rojo y es obligatorio coger la perspectiva del siglo rojo que ha transcurrido y la traición de muchos de los ideales que se ejecutaron en la primera tentativa de sociedad justa y equitativa; hasta mutar en aquel sistema de riqueza e injusticia que tanto odiaban.

Los ritmos rojos del siglo en que nací. Un cuento triste, de Jesús Munárriz (Hiperión, 2017) es un recorrido por las luz del optimismo y la ut_losritmosrojos_430d4363 (1)opía (“habían conquistado lo que nunca tuvieron / y el camino marcaban / a tantos, casi todos, los que sólo tenían, / en el resto del mundo, / donde caerse muertos) pasando inevitablemente por la corrupción final del sistema (Se habían suprimido viejos privilegios / pero había otros nuevos; los de abajo / seguían generando plusvalía / y su reparto / lo decidían los de arriba.). La revolución y sus movimientos de izquierda que nacieron al alimón del Octubre Rojo fueron la oportunidad perdida del siglo XX para evitar el caos social en el que estamos. El error fue mutar y pudrirse a semejanza del sistema que nos ningunea y desloma actualmente.

Y no sé si tras el canto melancólico de Munárriz y después de leer, investigar sobre el tema -cosas de la conciencia roja de uno- saco alguna conclusión en positivo. La izquierda hoy día es un brindis al sol desunida. Antaño fuimos lo que ahora somos, un número; una cifra al que se le da un valor aleatorio. No sé cómo mirar al pasado, porque como aparece en el epílogo: “y algo avanzaron, sí, pero a la larga, / tras más de medio siglo, terminaron / con el experimento, y ahora tienen / también allí otra vez pobres y ricos / dándole la razón al nazareno”.

Secar, callar, paliar, represaliar son verbos que aparecen en el libro. Chekas, suicidios y gritos en silencio. Y la corrupción. Ahora mirar al pasado es entreabrir los ojos con dolor y observar horrorizado los errores cometidos a sabiendas que el destino nunca ofrece a corto plazo una segunda oportunidad.

Postdata: La ultima vez que fui a Alemania- descubrí el término Ostalgie: nostalgia por los viejos tiempos en la República Democrática Alemana. Según pasaba el tiempo, tras la unificación; muchos alemanes del este comenzaron a sentir nostalgia de ciertos aspectos de sus vidas durante la época socialista que ya no existían bajo el capitalismo, refiriéndose a la nostalgia de aspectos de la cultura y el día a día de la RDA que desaparecieron tras la Reunificación. Hablábamos de utopía, pero ahora no recuerdo algo tan real y creíble como la añoranza.