La Boquería

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Mutó definitivamente a finales de los noventa. La culpa, como todo, es de la chancleta que poco a poco ha ido ganando terreno y por ende lo pierde la ciudad: primero cayeron las Ramblas, luego el Raval y rodalies, por último, la Barceloneta. Putos brotes verdes, maldita globalización. Ahí, en medio del tsunami de falsos pubs irlandeses, kebabs, tiendas de tonterías low-cost y en el centro neurálgico de la hipocresía del comercio de proximidad aguantan unos pocos irreductibles en la Boquería, en una de las arterias que flanquean las Ramblas; aguantan estoicamente ante flashes, griterío y selfies bajo el agrio parapeto ofrecido por la Plaça de la Gardunya. Bien creo que todo aquel que trabaja hoy día en aquella profesión en la que se ha formado es un héroe, pero hacerlo en medio de pinchitos de patatas fritas, papayas y pizza al taglio y una clientela en un noventa y cinco por ciento hostil tiene su mérito. En el fondo todos los asiduos clientes, que no compradores, de la Boquería saben que el mercado está perdido. Y como amante de los mercados temo que los putos brotes verdes, la maldita globalización se lleve por delante otros hermanos de sangre y acero como el precioso y decadente Mercado do Bolhão, que agoniza también ante flashes, griterío y selfies en Oporto mientras que la falta de respeto de todos, menos de sus fieles compradores que lo aman, y de cariño avanza su oxidación.

Autarquía comunal

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La inocencia como pilar básico e indispensable del crecimiento del niño, de su desarrollo y proceso de emancipación futura.

Cada uno de sus instantes tendría que ser de facto sinónimo de aventura con tintes volátiles de libertinaje llevados por una razón plenamente autárquica y comunal, ocupando de manera prioritaria el espacio urbano, aplicando el derecho a decidir en lo que él desee al respecto.

La virtud del asesino

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Soy autónomo. Nunca me ha gustado que terceros metieran sus narices en la metolodogía que aplico en mi trabajo. El último zarigüello que me contrató deseaba una muerte rápida y limpia de su víctima. Durante el tiempo que duró el café donde sellamos el acuerdo le insistí sobre la virtud del asesino; es decir, mantener la tranquilidad pese a los nervios que pudiera tener al anhelar los resultados de mis servicios. Y que ha de existir una relación de confianza ciega entre pagador y ejecutor, y por ende, respetarla.

Pese a mi pragmatismo entiendo asesinar como un arte. Muchas veces mis contratantes no entienden el tempo de mis acciones y cómo me deleito al observar el último cigarro que fuma la víctima o aquel beso que ofrece a su mujer antes de que vacíe en su vientre el cargador de mi pistola. Esa impulsividad del demandante provocada por la sangre caliente que riega nuestras arterias, hace que más de una vez ellos mismos no puedan ver los resultados mi obra, porque se entrometen en ella con sus agobios, prisas e insultos hacia mi persona; obviando que yo tengo el revólver en la mano y por ende, soy dueño de mi destino. Y del suyo. En consecuencia de las presiones y puesta en duda la jerarquía de is acciones de un servidor hay veces que no puedo cobrar lo acordado porque el contratante es víctima de su impaciencia. Y del plomo que sale del revólver dirigido a su busto. Y repito, no cobraré. Pero os aseguro que cada noche doy un beso a mis hijas con la conciencia bien tranquila.

El progreso

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“Partí de Lisboa. Mi viaje a Madrid fue un verdadero suplicio digno de figurar entre los que las satánicas mentes de los inquisidores inventaron para martirizar a sus indefensas víctimas (…) Nadie piensa en aquellos pobres mortales que tienen el valor y la tenacidad necesaria para, en pleno mes de julio, atravesar en un cansino tren español la Extremadura española y La Mancha. ¡Ni tan siquiera un refrigerio! ¡En las estaciones ni agua y si la hubiere salobre y mala!”

Carteira d’um viajante: Apontamentos a lapis (1878)
Carlos Lobo d’Avila

“Heme aquí en una diligencia (…) He podido hacer el viaje en tren (…) pero el caso era meterse en una diligencia para luego quejarse de ella. ¡La prisa! ¡La calma! No hay dos palabras en las que se encierren conceptos más relativos (…) Dichoso el tiempo en el que los deseos eran lentos y cercanos. Quien tuviera su espíritu… y un buen automóvil”.

La diligencia (1907)
Julio Camba

Voces urbanas (I)

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1. – Papá… en la etiqueta de la caja de puros dice que fumar puede provocar cáncer…
    – Son tonterías de progres. No hagas caso.
(Un niño acompañando a su padre al estanco)


2.
Repaso la prensa, veo un titular “La crisis política enfría las expectativas empresariales”. De repente me doy cuenta que nunca he leído ninguno que diga “La crisis empresarial enfría las expectativas políticas”. Vivimos en un sistema de mercado, pero los amos nunca tienen culpa de nada. Será porque la vergüenza no cotiza en bolsa.
(Visto en facebook)

El inicio y la patada

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Plaza de San Francisco (Badajoz)

¿Es acaso el lugar donde la infancia perdida entre ruedas de silicona y helados derretidos puebla la desmemoria? El lugar donde un dia fui y ahora no soy; lugar donde encontrarme y perderme en medio del granítico paisaje de mis pies.

Sí. Allá donde se encuentra uno mismo pero desplazado de su tiempo….

Tiempo de niños

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“Lo mejor del mundo son los niños”
Fernando Pessoa

Mañana es mi último día en el Parc de Nadal. Durante poco más de una semana me he enfilado para coger niños -y no tan niños- de los peligros de las alturas: pese a sus miedos, las inseguridades -de las que mucha culpa tienen sus padres, directa o indirectamente- y sus ganas de superarse sin ser conscientes. Nueve de cada diez niños llegan a la bajada con una sonrisa en los labios y una mirada limpia en los ojos. De esos nueve, siete repiten; volviendo al punto de partida con una sonrisa y esperando su turno pacientemente.

Mañana cerramos el rocódromo. Revisando las piedras, apretándolas o sustituyéndolas iré recogiendo todas las sonrisas y buenas palabras de los niños. No sé qué sería sin ellos. Nada de lo que ahora soy. Y no sé ni quién ni qué soy a menudo.