Triángulo Gmail

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[a las aves necrófagas les atrae más el calor por aquello de que favorece la descomposición. Pero a mí me tira más el calor porque es el momento de leer con calma a Ferrer Lerín]

A descubre el blog de B.
A investiga quién es realmente B.
A escribe a B.
B pregunta a A quién es.
A se niega a decirlo.
B acepta una relación electrónica con A pese a hallarse en desventaja.
C conoce, dada su labor de vigilancia y protección de B, la relación entre A y B.
C sabe quién es A pero no se lo comunica a B.
B informa a A de la existencia y del papel de C
A llora al ver que la confidencialidad del correo con B ha sido violada.
A dinamita la relación y los proyectos comunes con B.
B muere de pena.

Besos humanos
Francisco Ferrer Lerín

Besos humanos, de Ferrer Lerín

ffl bhSi habláramos de crueldad sobre el libro podríamos sentirnos legitimados para hablar también de dudas: si Ferrer Lerín molestó en su momento aunque a él se la trajera al pairo o pensar en un silencio literario misteriosamente roto apenas hace poco más de una década. La verdad es que Besos humanos (Anagrama, 2018) es un compendio de recortes, quizá un collage de piezas de libros, de entradas en su(s) blog(s) donde lo que menos importa es la forma reflexiva, el recurso parco de florituras -pero sí de datos; véase si no cuando nos adentramos sobre las Galápagos o en las entrañas de cierta crisis o estafa mundial- y ante todo el fondo negro que encuentra indirectamente una sonrisa cómplice. La negritud está presente en todo el libro aunque no la parezca; incluso en la portada donde dos tenedores revuelven un plato como podrían hacer con nuestras tripas en tensión ante el suspense. Ferrer Lerín, aceptémoslo, es un escritor raro: renuncia de congéneres de la cosecha novísima, también del postureo neandertal de escritor que resurge cual Ave Fénix de décadas de silencio. Ferrer Lerín es un misterio como los horrores que narra, consiguiendo girar cada secreto hacia la barrera tenue de realidad o ficción -entonces uno cree ya que Familias como la mía (Tusquets, 2008) era todo cierto- sin renunciar a la belleza. También, radical porque ofrece una carnaza -como a los buitres- a los lectores. Carnaza selecta que devoraremos con gusto porque el barcelonés -oxthumb_20309_autores_big.jpeg.pagespeed.ic.wnoL9Hy0JJ jacetano, ya- ofrece una machetada literaria tan sorprendente que deja a discreción del lector saber qué es ficción y biografía en una obra tan sorprendente como siniestra. Tan curiosa, en fin, como el gen mutante que hace mezclar la necrofilia de estimadas aves con los crímenes más impúdicos, baños de sangre; desdramatizando el final de los restos de cualquiera que se cruce por delante de él.

Ferrer Lerín, con aires de almidón y elegancia del vigía de la montaña con prismáticos, cazadora vaquera, escribe elegante de cosas que en realidad no lo son; para desdramatizar la informalidad negra que sucumbe en todo lo que cuenta. Porque alguien que irrumpe tras décadas con la resonancia percutora que él utiliza en su verso y en su prosa puede permitirse algunas licencias. Y él, interpreta la sangre y lo negro a su manera. Porque puede.

Nota: en Oculta.lit publicaron recientemente un artículo de la compañera Violeta Font. Recomendadísimo (ella y el artículo, que conste. También Oculta.lit. Podéis leer su texto clicando aquí.

Hiela sangre, de Francisco Ferrer Lerín

[“Mis compañeros de generación (Novísimos: Pere Gimferrer, Ana Mª Moix, Guillermo Carnero, Antonio Colinas…) tenían muy claro su futuro. Yo, en cambio, me resistía a llamarme poeta. Llegué a reírme un poco de ellos. Y en cierto modo eso me perjudicó.”]

FLFerrer Lerín (Barcelona, 1942) me gusta particularmente porque escribe al límite de lo poético al igual que estrujó los versos en Fámulo (Tusquets, 2009) y mucho me temo que desde los primeros setenta. Es un poeta incómodo, como la presencia de ciertas aves -algunas carroñeras- a las que dedica parte de su vida profesional en forma de observación, estudio y cuidado.

[“El buitre es una bestia que pertenece al pasado. Es de difícil encaje en la sociedad actual, en la que se exige por ley la retirada de los cadáveres de animales…”] Sigue leyendo

No son los mejores poemarios… (ed. 2017)

[Título completo: No son los mejores poemarios para muchos, pero sí lo son para unos pocos o eso quiero suponer (ed. 2017)]

GT-webÉpoca de balances; de cómputo de beneficios. De recuento de libros, poemarios en fin, leídos. Los mejores libros de poesía del año. ¿Para quién? cada bitácora ofrece una visión personal, subjetiva a partir de la pluralidad del gusto, las preferencias, las filias y las fobias. Sin querer entrar en una catarata de argumentos en cada uno e los libros que aparecerán seguidamente, sin orden de preferencia o valoración, sino por gusto comienzo avisando que he dejado en la biblioteca más libros de los que tendría que hablar también. Tiempo al tiempo ojalá. Pero sería bueno iniciar con una mujer como Daiana Henderson y un poemario escanciado por etapas necesarias a partir del perfil de yo, Humedal (Liliputienses, 2014) o la mutación de un proyecto de la poética del movimiento como puede ser Libro de la Danza (Kriller 71 ediciones, 2016) del portugués o angoleño, no sé, Gonçalo M. Tavares. Y continúo con una dosis arcillosa, de mis Sigue leyendo

La casa (prosa de Ferrer Lerín)

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Francisco Ferrer Lerín

REGRESÉ a los treinta años de mi muerte. La casa, vieja, sin aquella mano de pintura que nunca pudimos dar; los libros, sepultados por el polvo; los muebles, devorados por la carcoma. Ni rastro de los míos. Mi mujer enterrada lejos, en el sur seco y amarillo. Mis dos hijos, a los que tanto quise, irremisiblemente borrados, sin pistas para saber qué habrá sido de ellos. Subo y bajo escaleras, cojo el ascensor, recorro el inmenso garaje, paseo por la acera, pero no conozco a nadie, no queda nadie de aquel tiempo. Y no puedo preguntar a esa gente extraña, porque no me oyen y, quizá, ni me ven. No debí volver.

[extraído de Hiela sangre (Tusquets – Nuevos textos sagrados, 2013)  Prosas; página 79]

Francisco Ferrer Lerín

Un poema de Ferrer Lerín

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Conrad

Mares y quimeras sobresaliente en la barba de nuestros abuelos
hombres y lacias por la rudeza inigualable de aquellos signos
allá borrados allá dolidos en su vena de gente y fueros de uña
quejumbre hendida y por esa estirpe que ya no fuimos en altares
y losas abrillantadas al socaire de postreras navegaciones
jirones que lacraron unas estancias y domeñando la furia lógica
enervada y cribada por horrendos pecados y ancestrales dramas.

¡Como tales postrados en la arena sucumbimos al hurto de estrellas!

¡Y qué capaces en la ingeniería de seculares hordas!

Tuvimos la roja marca de los soles sureños y abruptos acodada
en la línfa de nuestra mayor artillería aquejada de hambres
y por lacustre tenida en la otra venta de reyes y lánguidas sirenas.

Manglar en la boca de los soldados que aúllan en tu ocaso
preciosa en la huida y siniestra por la rodera mordida inútilmente
a derecha e izquierda de años y caderas fecundas en la paz
orgullosos fuimos y de eso nuestro engaño que hoy penamos
al fondo de puros raciocinios y estela de horribles dedos.

Francisco Ferrer Lerín (Barceona, 1942) o la fiesta del léxico en cada lectura. Ha sido galardonada con el Premio a la Edición del Ministerio de Cultura (2007) y Premio de la Crítica (2010). Hace años vivía en el Alto Aragón dedicado a la escritura y al suministro de despojos cárnicos para aves salvajes necrófagas. Ahora lo desconozco.