Heterónimos de Pessoa: Accursio Urbano (#32)

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Descifrador de adivinanzas, colaborador de O Palrador. Probablemente de nacionalidad brasileña, al igual que otro colaborador, Eduardo Lança. Envía soluciones correctas (a adivinanzas/acertijos) para el número 7 de la revista. En el mismo número ofrece un enigma a cuatro personajes: Morris & Theodor, Pad Zé y Scicio. También en la misma entrega el Dr. Pancracio le dedicó un acertijo.

Nota 1: la palabra charada, en portugués, significa: acertijo, adivinanza, galimatías… también farsa, engaño, rompecabezas.

Nota 2: todos los nombres de personajes de la entrada son heterónimos de Pessoa. La revista/folletín O Palrador fue creada y desarollada casi en exclusiva por el propio Pessoa y una serie de heterónimos.

[Traducido de Eu sou uma antologia. 136 autores ficticios de Fernando Pessoa. Edição de Jerónimo Pizarro e Patricio Ferrari (Ed. Tinta da China, 2016) Página 82.]

[120] Libro del desasosiego

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Comparado con los hombres simples y auténticos que pasan por las calles de la vida con un destino natural y callado, esos personajes de los cafés asumen un aspecto que no sé definir más que comparándolos con ciertos duendes de los sueños -personajes que no son ni de pesadillas ni de amargura, pero cuyo recuerdo, al despertar, nos deja sin saber muy bien por qué un sabor como a hastío ya pasado, una desazón por algo que no nos recuerda, pero que no se puede definir como suyo.  Sigue leyendo

Heterónimos de Pessoa: Maria José (#136)

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Maria José

Autora de una única carta con un título impersonal, “La carta de la Jorobada al Cerrajero”, y por un rasgo más personal en su firma. Maria José es una jorobada de diecinueve años que recorre a un medio escrito (una carta mecanografiada, si consideramos su carta como un original de Pessoa) para comunicarse con el señor Antonio -un cerrajero que acostumbra a aparecer delante de su ventana-. En una serie de notas relacionadas con la misiva se puede leer una línea que podría ser argumentativa: “Como una alma grande puede no ser nadie” y también un autorretrato de la jorobada: Sigue leyendo

Heterónimos de Pessoa: James Joseph (#119)

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James Joseph

Firma una única comunicación en inglés en un membrete del café A Brasileira, fundado en Noviembre de 1905 y muy frecuentado por Fernando Pessoa. James Joseph assi una sola comunicación en Inglés, en un café con membrete brasileña, fundada en de noviembre de 1905 y frecuentado por Fernando Pessoa. James Joseph no fue incluído en   Teoría de la Heteronimia (2012), aunque su firma, bajo un escrito automático, sea clara, y esté acompañada de un símbolo: una cruz con cuatro puntos en las extremidades. Desconocemos si este nombre inglés fue inspirado por alguna figura real, pero como curiosidad el hecho de que el el pintor y grabador francés Jaques-Joseph Tissot (1836 – 1902), durante su estancia de diez años en Londres, utilizó el pseudónimo James Tissot, nombre anglizado provocando que Tissot pasara a ser conocido como James Jaques-Joseph Tissot.

[Traducido de Eu sou uma antologia. 136 autores ficticios de Fernando Pessoa. Edição de Jerónimo Pizarro e Patricio Ferrari (Ed. Tinta da China, 2016) Página 531.]

Fernandinho, não gosto nada…

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No eran pocas las veces en las que Fernando Pessoa aparecía y Ofélia Queiroz, quizá agria de ánimos o ávida de marcar distancias con el inquieto poeta ante sus espantadas y frivolidades, le espetaba un “Fernandinho, não gosto nada quando vens como Álvaro de Campos, ficas muito teimoso”. Ídem cuando escribía bajo el influjo del heterónimo, donde relucía toda su extrenticidad, queriendo ser todo y acabar su desubicación lo que provocaba la irritación de su enamorada. La alternativa para favorecer la relación de la entrañable pareja fuera, seguramente, un sutil cambio de registro hacia el Fernando original u otro heterónimo que no provocara la agria reacción de su querida. Y llevando la contraria a los primeros versos de Tabacaria, también de Álvaro de Campos –“No soy nada. / Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. / Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.”- constata que entre no ser nada en vida, consiguió que su universo de voces formaran un mundo poético todavía por completar y definir.

Postdata: podéis leer Tabacaria traducida al castellano aquí

Para quién quiere el anarquista la libertad

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(…) -¿Para quién quiere el anarquista la libertad? Para la humanidad entera. ¿Cuál es la manera de conseguir la libertad para la humanidad entera? Destruir por completo todas las ficciones sociales. ¿Cómo se podrían destruir por completo todas las ficciones sociales? Ya le anticipé la explicación, cuando a causa de su pregunta, discutí los otros sistema avanzados y le expliqué cómo y por qué era anarquista… ¿Se acuerda usted de mi conclusión?. Una revolución social súbita, brusca, aplastante, que hiciera pasar a la sociedad, de un salto, del régimen burgués a la sociedad libre. Una revolución social preparada por un trabajo intenso y continuo, de acción directa e indirecta, tendente a disponer a todos los espíritus para la llegada de la sociedad libre y a debilitar hasta el estado comatoso todas las resistencias de la burguesía. No necesito repetirle las razones que llevan inevitablemente a esta conclusión, dentro del anarquismo; ya se las he expuesto y usted ha entendido.

-Sí.

-Esa revolución sería preferiblemente mundial, simultánea en todos los puntos, o los puntos importantes del mundo, o, de no ser así, pasaría rápidamente unos a otros, pero, en todo caso, sería en cada punto, es decir, en cada nación, fulminante y completa.

Muy bien. ¿qué podía hacer yo para ese fin? Yo solo no podía hacerla, la revolución mundial, ni siquiera podía hacer la revolución completa en la parte referente al país en donde estaba. Lo que sí podía hacer era trabajar, con todas mis fuerzas, en la preparación de esa revolución. Ya le expliqué como: combatiendo por todos los medios accesibles, las ficciones sociales, no entorpeciendo nunca el combate o la propaganda de la sociedad libre, ni la libertad futura, ni la libertad presente de los oprimidos; creando en lo posible, algo de la futura libertad.

Fernando Pessoa
El banquero anarquista