Punto y seguido

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[días cabrones, fiebres y urgencias. Ha llegado el momento de volver a la carga, pese a todo. Cuarenta y cuatro días de descanso. La tregua acabó…]

“También hubo días oscuros que ahora me amargan la memoria. Éramos crueles como niños que éramos, y pobre del gato que se pusiera a tiro, el ave escasa de reflejos, el reptil atrapado tras tantos esfuerzos. Como si fuéramos médicos o jueces, decidíamos sobre el dolor a aplicar, la intensidad de éste y elegíamos  la víctima propicia.

Hasta que un día tomamos conciencia de verdugos y la vergüenza y el arrepentimiento se tornaron horror y asco. Buscamos la reconciliación con nosotros mismos y hoy es el día en que aún se nos niega.

De aquel que fuimos en ocasiones arrastramos un fardo de ignominia que la memoria no olvida. Hay pecados que nunca se expían y delitos que no prescriben dentro de uno.”

[extraído de En piel y huesos (ERE, 2013), antología de Elías Moro]

 

Morerías matutinas

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[semanas de madrugar. Salgo de casa cuando las persianas de los bares todavía están dormidas y las farolas empiezan a pestañear. Siempre me ha gustado despertarme a primera hora entre mediados de mayo y finales de junio. Quiero que sea viernes para tener la suave acogida de la poesía en mi cama. Mientras tanto, aforismos con regusto a café de un buen amigo…]

La luna llena es la mejor diana para el dardo de las miradas en la noche.
* * *

El rasrás de sierra de las chicharras: orquesta sinfónica del verano ensayando la misma y cansina pieza.
* * *

Nubes: espejismos celestes, islas y oasis en el cielo.
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EL café es una infusión vestida de luto
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[todas las morerías extraídas del libro homónimo Morerías (Liliputienses, 2017) del genial Elías Moro: Tranviario de Servicio, Liliputiense, Ultramarino , Colega de billares de Belcebú… y Cónsul Raiano de Sagres…]

Foto: Carmelo P. Mendo.

¡Quítense el sombrero!

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[si hago algo con suerte dispar -la otra posibilidad era no escribir- es por culpa de este hombre…]

La vida es así, pero cuesta encontrar a alguna persona de la que todo el mundo hable bien: luego, en su más de metro noventa no hay suficiente cabida para toda la cultura y amor que su vida atesora. Tiene la voz ronca, algo cavernosa y una sonrisa en los labios que guarda todavía algo del niño que un día fue.Hemos compartido unas cuantas cervezas -considero que nunca serán las suficientes- y compartimos relación de amor con dos rubias: la Leonor y la Sagres. Al igual que no hay día que no lea algo de poesía, tampoco hay día que no lea alguna morería suya antes de ir a dormir. En sus ojos hay mucha vida y me parece que algunos de sus silencios no surgen de casualidad. Si no es con el aforismo, será con la poesía o si no con sus me acuerdo: es un escritor camaleónico que únicamente se casa con la honestidad: nunca ofrece gato por liebre.

[Me acuerdo de aquella noche de verano donde una orquesta veraniega intentó apaciguar el desconsuelo de una partida]

Que si Coronas, que si Ducados Negro. Dale otra vez a la Sagres. Quítense el sombrero, por favor: feliz cambio de prefijo. Feliz cumpleaños, amigo.

 

Menú del día

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“(…) Sobra decir que nos conocíamos todos de sobra. Y lo mejor y más importante: se comía abundante, sabroso y barato. Menú de la casa. Jamás de los jamases, en los años en que comí allí cinco días a la semana, escuché a nadie demandar la carta. Las especialidades, escritas con tiza en renglones torcidos hacia abajo, se anunciaban en un cartel de pizarra junto a la puerta. Cuando llovía era casi imposible leerlas, pero tampoco es que hiciera falta. De hecho, no las leíamos. Para qué, si nos sabíamos de memoria lo que había de sustento según el día de la semana que fuera, tanto el primer plato como el segundo, a saber: lunes, judías (pintas o blancas, a capricho de la patrona) con chorizo y calamares rebozados; martes, arroz a la cubana y pollo frito; miércoles, lentejas y boquerones; jueves, cocido, plato único; viernes sopa de fideos (del caldo del cocido) y chuleta de palo… Postres también había nada más que tres, igual que los aperitivos: fruta del día (si plátano, plátano; si manzana, manzana; si naranja, naranja), flan casero y arroz con leche con un pequeño susto de canela por encima y un par de colines en el dulce mejunje dando el pego de barquillos.

A mí el arroz con leche, sin colines, me gustaba tanto que lo pedía todos los días, martes incluidos. Arroz con arroz, comidas de tontos, sí, ya lo sé; ¿qué pasa? (…)”

Álbum de sombras
Elías Moro

No son los mejores poemarios… (ed. 2018)

[Título completo: No son los mejores poemarios -ni aforismos- para muchos, pero sí algunos de entre todos los que he leído, que me han llamado la atención (ed. 2018)]

9788494271939Después de un diciembre un tanto viajero y con una sobrecarga de trabajo considerable, vuelvo a las andadas; aunque sea con trampa al estar de vacaciones. Nunca es tarde para retomar hábitos (Lluís, que de vegades pasa por aquí, bien lo sabe y lo dejó caer el pasado viernes)l. Vuelvo pues, en definitiva, con una de las entradas que más salseoCHUS-PATO-WEB produjo a nivel redes sociales el año pasado: todavía tengo en la bandeja de entrada algún anónimo que me dedicó alguien con demasiado tiempo libre; triste labor el de poner a parir sin sentido alguno. Va por ti, con mis deseos de que tu páncreas segregue suficiente insulina para regular tu cuerpo ante la catarata de azúcar que, quién sabe, llevas consumido  durante este año saliente dos mil dieciocho.

No destaco por ser imparcial: lo que me gusta, ahí está, en la catarata de etiquetas que pueblan la columna derecha. Pero me gustan las sorpresas y dos de ellas han sido Ana Carolina Quiñonez Salpietro con Cuentos tristes que esperan las chicas antes de salir a bailar / Vacaciones de invierno (Liliputienses, 2018) y Chus Pato con Carne de leviatán(Amargord ediciones, 2016). Son dos libros soberbios, que estiran el lenguaje y mantienen una riqueza constante en sus libros; de hecho, parte de lo escrito el año pasado sobre la argentina Daiana Henderson -revisad, por favor, sus entradas- puede ser válido para ella. Con la gallega seré claro: Chus Pato es un animal poético de primer orden que los semanarios culturales importantes parecen que vivan de espaldas a una de las voces más completas e innovadoras de la poesía gallega y peninsular, en extensión. En la misma línea innovadora -siempre entendido dentro del germen de unaimages poesía despierta que exige una lectura concisa- enmarcaría Prohibido silbar (Baile del Sol, 2014) de la asturianodiputada Sofía Castañón. Un libro con una poesía sin ambages, con los pies en el suelo, próxima, que sacude cualquier barrera que podamos encontrarnos a diario con una mirada poliédrica.

Dentro del amplio catálogo de debilidades que tengo, quisiera destacar De nómadas y guerreros de Elías Moro (LeTour1987, 2018) y La prisión transparente (Vaso Roto, 2016) de Antonio Gamoneda. Por un lado, Elías sobrevive a todo un ejército de supervivientes; un libro honesto que debe llevarnos a pensar en profundidad nuestra responsabilidad ante los cambios que sacuden la actualidad y cómo puede afectar la inestabilidad a los supervivientes. Gamoneda, maestro, en las arrugas de la vida, disuelve su poesía en la ironía en contra del olvido y abrazando el recuerdo. El veterano poeta, junto a Ferrer Lerín, han sido los dos autores que más miedo me han hecho disfrutar durante todo el año: el catálogo de venenos del primero es sencillamente brutal; mientras que Besos humanos (Anagrama, Moro copia2018) si bien no es un libro de poesía, tiene cabida aquí por la belleza poética esparcida en su variado columbario: no conozco a nadie que hable así del color negro.

Si entrásemos de cabeza en el realismo sucio, veríamos un nombre destacado: Karmelo C. Iribarren, que despierta tantas simpatías como recelos a su obra. Haber leído La ciudad (Renacimiento, 2014; selección de José Luis Morante) me ha permitido adentrar en su poesía y sepultar alguna crítica facilona. Calibre 38 (Zoográfico, 2017) de Judith Rico, completaría el dúo de donostiarras. Quizá partida por el mismo patrónn, encarnada en una poesía ácida que abre de nuevo heridas para que nos aseguremos de suturar bien nuestro corazón.

Durante el 2018 me ha hecho especial ilusión descubrir a autores como Basilio Sánchez o Miguel Ángel Velasco; a los que no tenía demasiado controlados; estremecerme con Esther Muntañola y sus bosques, sus árboles… También he asomado la cabeza por el no tan breve mundo del aforismo con Juan Manuel Uría, Carmen Camacho y la antología que ha coordinado, Elías Moro o el portugues Teixeira de Pascoaes. O los ensayos que está publicando Lastura sobre poesía, que son verdadero caviar para los curiosos…

Dos mil dieciocho ha tenido también sinsabores: el último Centrifugados; darme cuenta que hay muy pocos poetas jóvenes del estado español que escriban algo interesante, editores con el ombligo orondo y la mentira larga, por no hablar de la capacidad de hiperventilar a la primera crítica que tienen muchos teóricos, autores y editores, también…

En fin… feliz noche a todos. Feliz Navidad.

En Mérida con Elías

39942799_10216489927377277_3408328704273678336_nEl pasado jueves realizamos una breve e intensa excursión -lo que va siendo un subebaja– a Mérida para estar con nuestro amigo y poeta Elías Moro. Pese al calor que caía a plomo en la capital romana, disfrutamos de una jornada espectacular: bien comiendo cerca de Proserpina para refrescar tímidamente el cuerpo, compartiendo -además de buena comida- sonrisas, recuerdos y anécdotas. Después del café y de haber reposado un rato de la chicharra que cayó a plomo hasta medianoche- acabamos la tarde en La Selva Dentro donde apuramos la tarde junto a Olga Ayuso (¡qué alegría verte!) hasta dar cuenta de una parrillada antes de volver a Lisboa.

Fue un día precioso. Un día que llevábamos ideando desde inicios de agosto -tras el viaje a Soria-. Elías era de las pocas personas de la comuna poética que no pudimos ver en Expoesía; así que  coger el bus hacia Extremadura era deseo nuestro. Sin duda valió la pena el madrugón y llegar a casa casi al amanecer. Volvimos del encuentro con una cantidad ingente y saludable de abrazos amén de diversos kilos de poesía de la buena: dese Mi ritrovai per una selva oscura, de José Viñals o Al dios del lugar de José Angel Valente pasando por Poemas de amor de Anne Sexton y acabando, de momento, con un cuadernillo del Aula de Poesía Jesús Delgado Valhondo del zaragozano Fernando Sanmartín… entre otras revistas y libros. Continuar leyendo “En Mérida con Elías”

Morerías veraniegas

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A disfrutar de las Morerías a traguitos de Sagres y SuperBock en la terraza de casa… porque pocos planes hay mejores para soportar los achaques veraniegos. Si tenéis oportunidad aplicaos el cuento. Podéis cambiar la cerveza, pero nunca las Morerías.

El rasrás de sierra de las chicharras: orquesta sinfónica del verano ensayando la misma y cansina pieza.

El crepúsculo es el alba de la noche que se aproxima.

La luna llena es la mejor diana para el dardo de las miradas en la noche.

[todas las morerías son obra de Elías Moro (Vallecas, 1959) -¿de quién si no?- y están recogidas en el libro homónimo publicado y ampliado por Liliputienses recientemente]