Las Medallas de Extremadura

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Días antes de marchar a Portugal -vía Soria- otorgaron la Medalla de Extremadura a la cacereña Ada Salas. Por lo general, cuando se reconoce el mérito de un artista, agitador cultural o personalidad relevante en el campo de las artes (qué políticamente correcto queda lo último) suelo alegrarme. En el caso de Ada Salas es así. Aunque desde hace años tengo una serie de convicciones que puedo mantener de forma más o menos estable; una de ellas es la intención de dar prestigio de unas medallas que hace unos años sufrieron de bochorno absoluto. Está bien acercar la cultura extremeña más allá de los límites que flanquean la región, no me cabe duda: hay mercado entre tanto jubilado, estudiante, currito y exiliado que hay en los mapas. Pero de ahí a reírse -o eso parecía, con la lista en la mano de aquellos que no son galardonados con ellas en vida o a título póstumo- de muchos que creíamos que las medallas eran otra cosaContinuar leyendo “Las Medallas de Extremadura”

FaceApp

af99c8da-9555-4f6a-aaf1-3cd8e685e7cc.jpgEstoy convencido en que no propongo ningún bien a quien me lee. Le hago cómplice de una sarta impresiones que he mantenido como ficticias durante mucho tiempo. No sé vender una realidad, no sé escribir: de hecho, aprendí antes a leer que a escribir. Era lento, torpe, perezoso y con las capacidades psicomotrices de un gato hidráulico: mínimas. O limitadas. En los versos que escribo escondo mi incapacidad de expresarme en prosa más de una página y media. Cuando me dí cuenta de dicha tara me volqué en la poesía creyendo que así podría engañar a alguien. Resulta que la poesía, que tenía que ser una coartada para seguir escribiendo ha funcionado de tal manera que, después de dos libros publicados, un cuaderno de postales y otro libro en standby puedo considerarme un infeliz con suerte. Continuar leyendo “FaceApp”

Las pesadillas

Jarramplas

Quedarse ciego y no volver a verla. Un náufrago que no consigue aferrarse a los cabos sueltos del barco, ahogándose poco a poco. Caerse de un globo y no tocar nunca tierra. Perder los pantalones. Un cocodrilo asomándose por el lavabo. Odiar a los payasos cocineros que confunden cualquier salsa con la sangre de un cuello recién cortado. Una mampara separándome de todo. Una cápsula espacial averiada y yo menguando dentro de ella. Ser la sombra de lo que un día quise ser.

Foto: Jarramplas, en Piornal (Cáceres)

Calcificaciones

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Un miércoles de obviedades: escribir del amor es como escribir del mar: está todo dicho. O como escribir de la luna: llevamos más de dos siglos diciendo lo mismo cambiando algunas palabras y añadiendo las estrellas a su significado. No sé escribir sobre el amor, pero Johnny Hallyday tampoco sabía; aunque bueno… Johnny no sabía lo que era el amor, simplemente quería a su manera. Pau Donés decía que no sabía estar enamorado en una canción, que de las cosas de querer nada sabía… y puede ser. Los pocos poemas Continuar leyendo “Calcificaciones”

Mutismo

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Tomar distancia con la gente que te quiere es necesario. El verbo querer no tiene únicamente una connotación afectiva, sino también utilitaria: es la palanca de cara a conseguir algún propósito que, en principio, se nos escapa de las manos. Querer, segunda conjugación, es sinónimo de utilizar, de la primera: no por correspondencia directa pero sí, si se utilizan los correspondientes complementos que, con buena fe, aporta la generosidad.

No entiendo nada que no sea la independencia, huyo de las cadenas de favores. Desconfío de aquellos que ven un interés en la sombra de mis espaldas y por ello, callo y guardo silencio más de lo que me gustaría. Colaboro con quien me interesa y miro mucho de no parecer hipócrita: aquello que no me entra, no me conviene y ni bailo el agua ni hago caso.

Dos párrafos para justificar mi mutismo para según qué cosas. Menuda agonía.

Momento de cuidados y apoyo mutuo

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Quienes la conocemos estamos convencidos que Chose Garrido no se merece que su cumpleaños se convierta en un día de luto. Lo de ayer fue una tragedia: si cogemos las hojas donde están los números veríamos que la victoria de la izquierda -permitiréis que utilice la cursiva, ya sabéis por qué- nos deja a todos un poco fríos: se confirma la llegada de la ultraderecha y el auge de la fiebre naranja; en contraste con el desplome de la ilusión realista por el cambio años atrás. El trabajo de base realizado se ha tirado por la borda por piques entre taifas progresistas, luchas intestinas, traiciones… a veces más centrados en enseñarse la navaja entre ellos que en asestar un buen tajo a un rival que habría quedado moribundo.

El desplome de la izquierda -sin cursivas- supone estar vendidos en muchos casos al destino que exijan los mamporreros que ofrecerán su apoyo al mejor postor, cual subasta de la lonja de pescado: obligarán a rebajarse para ellos no ceder ni un ápice y dar el hachazo final. Continuar leyendo “Momento de cuidados y apoyo mutuo”

¡Quítense el sombrero!

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[si hago algo con suerte dispar -la otra posibilidad era no escribir- es por culpa de este hombre…]

La vida es así, pero cuesta encontrar a alguna persona de la que todo el mundo hable bien: luego, en su más de metro noventa no hay suficiente cabida para toda la cultura y amor que su vida atesora. Tiene la voz ronca, algo cavernosa y una sonrisa en los labios que guarda todavía algo del niño que un día fue.Hemos compartido unas cuantas cervezas -considero que nunca serán las suficientes- y compartimos relación de amor con dos rubias: la Leonor y la Sagres. Al igual que no hay día que no lea algo de poesía, tampoco hay día que no lea alguna morería suya antes de ir a dormir. En sus ojos hay mucha vida y me parece que algunos de sus silencios no surgen de casualidad. Si no es con el aforismo, será con la poesía o si no con sus me acuerdo: es un escritor camaleónico que únicamente se casa con la honestidad: nunca ofrece gato por liebre.

[Me acuerdo de aquella noche de verano donde una orquesta veraniega intentó apaciguar el desconsuelo de una partida]

Que si Coronas, que si Ducados Negro. Dale otra vez a la Sagres. Quítense el sombrero, por favor: feliz cambio de prefijo. Feliz cumpleaños, amigo.