Mutismo

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Tomar distancia con la gente que te quiere es necesario. El verbo querer no tiene únicamente una connotación afectiva, sino también utilitaria: es la palanca de cara a conseguir algún propósito que, en principio, se nos escapa de las manos. Querer, segunda conjugación, es sinónimo de utilizar, de la primera: no por correspondencia directa pero sí, si se utilizan los correspondientes complementos que, con buena fe, aporta la generosidad.

No entiendo nada que no sea la independencia, huyo de las cadenas de favores. Desconfío de aquellos que ven un interés en la sombra de mis espaldas y por ello, callo y guardo silencio más de lo que me gustaría. Colaboro con quien me interesa y miro mucho de no parecer hipócrita: aquello que no me entra, no me conviene y ni bailo el agua ni hago caso.

Dos párrafos para justificar mi mutismo para según qué cosas. Menuda agonía.

Momento de cuidados y apoyo mutuo

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Quienes la conocemos estamos convencidos que Chose Garrido no se merece que su cumpleaños se convierta en un día de luto. Lo de ayer fue una tragedia: si cogemos las hojas donde están los números veríamos que la victoria de la izquierda -permitiréis que utilice la cursiva, ya sabéis por qué- nos deja a todos un poco fríos: se confirma la llegada de la ultraderecha y el auge de la fiebre naranja; en contraste con el desplome de la ilusión realista por el cambio años atrás. El trabajo de base realizado se ha tirado por la borda por piques entre taifas progresistas, luchas intestinas, traiciones… a veces más centrados en enseñarse la navaja entre ellos que en asestar un buen tajo a un rival que habría quedado moribundo.

El desplome de la izquierda -sin cursivas- supone estar vendidos en muchos casos al destino que exijan los mamporreros que ofrecerán su apoyo al mejor postor, cual subasta de la lonja de pescado: obligarán a rebajarse para ellos no ceder ni un ápice y dar el hachazo final. Sigue leyendo

¡Quítense el sombrero!

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[si hago algo con suerte dispar -la otra posibilidad era no escribir- es por culpa de este hombre…]

La vida es así, pero cuesta encontrar a alguna persona de la que todo el mundo hable bien: luego, en su más de metro noventa no hay suficiente cabida para toda la cultura y amor que su vida atesora. Tiene la voz ronca, algo cavernosa y una sonrisa en los labios que guarda todavía algo del niño que un día fue.Hemos compartido unas cuantas cervezas -considero que nunca serán las suficientes- y compartimos relación de amor con dos rubias: la Leonor y la Sagres. Al igual que no hay día que no lea algo de poesía, tampoco hay día que no lea alguna morería suya antes de ir a dormir. En sus ojos hay mucha vida y me parece que algunos de sus silencios no surgen de casualidad. Si no es con el aforismo, será con la poesía o si no con sus me acuerdo: es un escritor camaleónico que únicamente se casa con la honestidad: nunca ofrece gato por liebre.

[Me acuerdo de aquella noche de verano donde una orquesta veraniega intentó apaciguar el desconsuelo de una partida]

Que si Coronas, que si Ducados Negro. Dale otra vez a la Sagres. Quítense el sombrero, por favor: feliz cambio de prefijo. Feliz cumpleaños, amigo.

 

Semanas de poesía

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[marzo matador, inicio de primavera y gestora de los cambios de hora… comenzamos de nuevo]

El fin de semana del 15 al 18 de marzo estuve en Madrid. Tuve tiempo de estar con Naza Díaz el viernes y con Esther Muntañola el sábado, con la suerte de conocer a Eva Yárnoz y Víktor Gómez. A Naza le van bien las cosas con su editorial,en pleno proceso de maduración. El mismo sábado recordé una vieja máxima: la poesía está escrita para todos, pero tenemos que pararnos a pensar quién escribe poesía. También que… hay quien escribe versos y lee en público -y escribe libros- como quien tira pianos por un quinto piso: sin pensar.

El jueves 21 y viernes 22 de marzo) Leonor impartió un taller de poesía en el colegio, con niños de primero y sexto de primaria. Pese a los seis años de diferencia, los chavales atendieron, leyeron y se interesaron de sobremanera por la poesía; algunos incluso compartiendo sus versos -que leyeron en público a otros compañeros del colegio- ante nosotros. Muchos de sus versos no dejaban de ser, en su mayoría, rimas sencillas con destellos y tics que hacía que recobrara cierta esperanza: de los ocho libros que llevamos en la última sesión, seis los dejé a los alumnos porque querían leerlos, tomar notas y apuntar poemas. Cautos, en sus sofás ojalá sonrieran Eugénio de Andrade, Fernando Pessoa, Mello Breyner o Campos Pámpano…

De mis peques de primero, queda pendiente de programar un volante de aforismos -realizados por ellos- en la semana cultural del colegio, a finales de mayo.

La semana pasada estuvo Marino González Montero en Tarragona. Caprichos de marzo -sueño retrasado, cansancio, trabajo a mansalva- no pude acudir a la puesta en escena de Aldephoe en el Camp de Mart. Habrá mejor ocasión, espero.

No sé si queda mejor ‘Aterrizajes’ o ‘Fuga de capitales’. No tengo yo la última palabra: estoy impaciente.

 

Identidad infantil

Jola

Una de las cosas más bonitas -y crueles- que le puede pasar a una persona en la vida es trabajar con niños. Ayer, Anna y Clàudia, con toda la inocencia que transmite la piel fina de dos niñas de seis años,  formularon una pregunta tan inesperada como punzante.

– Xavi: i tu…. d’on ets?

Nadie lo sabe (sabía), pero formularme esa pregunta me provoca una crisis de identidad descomunal: no ya por mi nombre -hasta los doce años no me convertí en Xavier- o mi apellido -con dos eses y dos erres-, sino porque busco en mi particular mapa de afectos el lugar que ocupo en el mundo. Badajoz está lejos y borroso. Tarragona es un presente agridulce. Lisboa es saudade -cómo no-. Sumemos que, soy rayano por accidente. Todos mis hogares fueron alguna vez pasado..

Hay preguntas de niños que enjugan las pupilas.

Cómo explicar nada, si no encuentro el lugar exacto done viví.

Admiro la facilidad que tienen los mayores para asegurar que son de tal pueblo cincuenta años después de haberlo visitado por última vez.

“La patria son aquellas personas que uno quiere”. Mi patria son pasaportes y billetes de tren.

Las preguntas más complicadas, aparentemente, no buscan llamar la atención.

– Petites, al lavabo, va..

Foto: Jola.

Los poetas no son gente de fiar

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El octubre pasado una conocida me comentó, tras leer Otra Tardor Literària (clic aquí) que tuviera paciencia: que la cultura en Tarragona es complicado, y que no siempre -¿quizás nunca?- se pueden tirar proyectos ambiciosos adelante.

Parece que, para tirar adelante un proyecto cultural en una ciudad hay que basarse en un principio de igualdad: es decir, sin costes. Aquí el esfuerzo se valora gratis.

Me cabrea que, en cuestiones literarias, por parte de las instituciones se tiende a compensar -cuando no rechazar- dos partes que presentan proyectos tan diferentes como necesarios.

Recelo de las instituciones que no van de cara y que se conforman con el “ja ens va bé”. Los copia-pega, me ponen de mala uva.

Existen festivales como el Poetas, en Madrid o Expoesía en Soria. También ungüentos como el Poemad (también en Madrid) o el Cosmopoética, algunos años en Córdoba. La categoría media me da cierto pavor.

No soporto a los poetas que miran por encima del hombro a sus lectores e iguales. Considero que manejar poesía es un acto de responsabilidad y que el poeta ha de ser consciente de ello. El 79% no lo sabe.

¡Ay, aquellos quilombos montados por amigotes! El verdadero mérito son las amistades que se crean entre desconocidos en los saraos. Detesto aquellos encuentros convertidos en felaciones encubiertas.

Los poetas no son gente de fiar. Y tengo muchas amigos poetas en los que confío locamente. Mi pareja es poeta (y mil cosas más). No me equivoco si los poetas tienen algo de caraduras, jetas y vividores: si alguno se da por aludido…

 

Con miedo

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Pero hoy no se por qué, pero me he despertado con miedo. Y estaba bien tapado a primera hora de la mañana, protegido del frío. Pero el frío ya estaba dentro, agarrado a mi hígado, enlazado al estómago y expulsando su veneno sobre una bañera de jugos gástricos. Estoy convencido que el café ha agudizado la sensación de incomodidad con la que he abierto los ojos: uno, el izquierdo todavía dolorido al borde de su ceja. Otro, el derecho, sigue despierto y vivo en su miopía.

No vivo con miedo, pero hoy tengo respeto abrir la puerta y que el frío pueda cortarme los labios, que lamine la carne como hace una navaja roma con la fruta recién caída.  Pongo en duda mis movimientos, mis acciones: la duda es como una piedra de amolar funcionando.