Un poema de ‘El hombre de acero’, de Cristián Gómez Olivares

Cristián Gómez Olivares - Descontexto

[las cabeceras de inicio de las entradas valen para escribir un libro. Mientras caigo en la cuenta de que es simplemente otra manera de alargar una agonía que fenece cuando pongo el punto y dinal de cada texto que escribo…]

Salamanca. Convento de los Dominicos
Signos de exclamaciºon para el derecho de gentes.
Signos de exclamación para las flechas recolectadas
y las ocarinas y otros instrumentos usados por los indígenas,
signos de exclamación para recordar a los escritores
que se negaron a apoyar ese tipo de locuras
pero después se sumaron con fervor a la causa,
signos de exclamación cuando el café te lo sirven
en esas tazas que no deben pasar de las diez onzas
y la conversación gira en torno a los padecimientos
que tus colegas sufren ante los recortes y los despidos,
signos de exclamación para la comidad que te sirven en la mesa
y derramas sin querer sobre el mantel, signos de interrogación
cuando la feria del libro se termina y hay que decidir
dónde haremos la sobremesa, signos de interrogación
para conversar sobre alguna biografía todavía inacabada
y que dificilmente verá la luz si el idioma no logra atravesar
esa barrera que baja cuando está pasando el tren.

[poema extraído de El hombre de acero (pag. 18, Liliputienses, 2020) del poeta Cristián Gómez Olivares]

‘Plaza de armas, acompañado’ (un poema de Cristián Gómez Olivares

Cristián Gómez Olivares - Descontexto

[primavera en las plazas: los andamios electorales corren el riesgo de permanecer crónicos en los contrachapados: como en Portugal. Como si fueran los ojos vigilantes -te lo dije, recuerda- de todos aquellos votantes arrepentidos]

Plaza de armas. acompañado
(otros tiempos)

Se aprende a jugar el ajedrez a veces de un
modo súbito e inesperado, no hay enseñanza
que reemplace las virtudes del error: la ancianidad
se ha apropiado de las plazas públicas, los aprendices

asaltando a mano armada la realidad
e incapaces de mover las próximas piezas
abandonaron ante la inminente humillación
de tener que resignar su fortuna sobre las tablas.

[poema extraído de Homenaje a Chester Kallman (Luces de Gálibo, 2010), de Cristián Gómez Olivares (Santiago de Chile, 1971 – act.)]