Las canciones de l’Ànec Bernat

1002574_10201444831859292_1109986812_n

No sucede mucho, pero a veces se dispara Spotify en mi ordenador. Hace casi tres años que no añado canciones al reproductor, cierto. Allí, en una cuenta registrada con un correo @hotmail, resiste un consomé de listas sin acabar aparecen astillas de muchos recuerdos. A veces se dispara Spotify y es como si como el viento arreciera afiladas gotas de agua sobre mi cara. Podemos encontrar baladas con tanto azúcar que fulminaría al instante a un camión Iveco lleno de diabéticos, hasta canciones punk guarro. Animal de contrastes, no tengo punto intermedio: o una cosa o la otra. Continuar leyendo “Las canciones de l’Ànec Bernat”

Algunas consideraciones (1.0)

lisboa

Considero que aquí (en España) se vive más acelerado, sin medición de los impulsos. Quizá algo irrespetuosos con la cronología de los acontecimientos. Solo así puedo entender haberme echado sal y no azúcar en el café.

Considero que no puedo llamar café a cualquier sucedáneo marrón que no se asemeje a un galão en sabor, aroma y textura.

Considero que una persona con criterio, antes tomará el eléctrico 15 hacia Praça da Figueira desde Largo do Calvário y allí se dejará llevar por las zapatillas y los elevadores, más allá de caer en la tentación de viajar en el 28, convertido en picadero de ladrones, guiris que no se separan de la lonely planet y senda de encuentro de la gentrificación galopante.

Si bien el Marqués de Pombal fue un buen gobernante… considero también tuvo una sombra oscura tras de sí algo alargada. Si no, que pregunten a los Távora.

Considero que Lisboa se arropa con la niebla, sobre el río, para no mostrar lo que piensa, aunque finalmente descubramos sus secretos.

Considero que llamar patanisca a una niña de cabello rubio es también una forma de cultura.

Considero que la maniobra de aterrizaje en el aeropuerto de Lisboa es preciosa. Al igual que la partida de la ciudad también en avión es arrebatadora, un pliego de lamentos.

Pese a todo lo dicho, considero que Lisboa ni es como la pintan aquellos que no la han visitado, ni tampoco como dicen que es los que residen en ella: cada uno otorga a la ciudad el valor que le crea oportuno según sus convicciones. Aquí están las mías y las suyas las podré aceptar con más o menos reservas.

En el Museo Vostell

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Horas antes de marchar a Lisboa hubo tiempo para visitar el Museo Vostell Malpartida. Wolf Vostell (1932 – 1998) vio en Los Barruecos una obra de arte de la naturaleza, entre canchos, la dehesa. Pionero del videoarte y cofundador del movimiento Fluxus, ideó en el corazón del paraje, en 1978 no ya un museo, sino un lugar de referencia internacional en el ámbito del arte contemporáneo después de la II Guerra Mundial.

En los alrededores grabaron algún exterior de Juego de Tronos. Una escena de un tal matarreyes y un dragón.

[gracias Isa, Carmelo y Alejandro por todo el cariño y ternura que nos ofrecisteis esos días. También a Trasto, aunque de momento no seamos amigos…]

3C – Ideales

20597298_10213331539459553_6700324986193629606_nLa idea era ir a un mitin del Partido Comunista Português. No sé si le hubiera gustado, pero habría sido el colofón a una estancia algo rojera. Desde el primer día, desde que encontré el programa político del Partido en 1974 hasta la anécdota de la impresión del Avante, la placa de Dias Coelho en la calle donde residía o dormir en Alcântara, el barrio de los rojos. Ahora, un barrio chungo si vamos de Largo do Calvário hacia las chabolas. La idea digo que era ir a un mitin del Partido Comunista Português: hasta a Leonor le parecía buena idea. Pero al final su estalinismo ortodoxo -Inés dixit- y cansancio me han hecho pensar que la mejor idea era descansar, frenar por un día, que no pasa nada. También creo que el homenaje a Rafa en el recuerdo perenne del barrio, sus esquinas y lo escrito anteriormente era ya suficiente.

2E – Azulejos derretidos

20664877_10213352299578543_1039632674348000786_n

El azulejo es el complemento directo en la arquitectura lusa; con el azul y amarillo contrastando con el blaco casi de forma obligatoria en cualquiera de sus variedades norteñas o sureñas, hace que destaque la luz blanca de un país que se tiñe de grises cada verano cuando aparecen en cada valle conatos de incendios que siegan vida por doquier a su camino.

Penetrante al choque de luz, es también un espejo de la nueva Portugal, aquella encaminada por las acciones del Marqués de Pombal. Pombal segó a su paso cualquier tipo de disidencia a su llegada al poder. Algunos de sus actos como el Proceso de los Távora -donde se ejecutó a toda la nobleza de los Távora- le confirió una imagen de sádico y cruel que quedó amagada ante la reconstrucción de Lisboa después del terremoto de 1755 –“¿Y ahora? Se entierra a los muertos y se da de comer a los vivos”-.

Hace un calor sofocante. Hoy Portugal es la caldera de la que se quejaba Pereira, la misma apaciguada con limonada en su época salazarista. La misma caldera que intento sofocar, yo también, con limonada. Como hacía él.