El MEIAC

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El aire se filtra entre los hierros y juega con el panóptico. Quién sabe si apaisado podría ser un caleidoscopio que consiguiera minimizar su pasado gris. Por suerte siempre nos quedará aquella época en la que hubo algo de color en aquel espacio aunque ahora el gris domine espacios abiertos y cerrados. Gris como el metal y acero. Gris, también, como las nubes de aquel día de agosto por la mañana, que se enfrentaban a la policromía del estío pacense. Gris como los granitos de Menacho o San Francisco; como las caras, el ánimo de algunos conocidos y la resignación de los lugares hábilmente transitados.

Fotos: Badajoz, agosto de 2014. La última vez que estuve allí más de una hora.

Vestigios olímpicos

“¿Qué quiere decir olimpismo? ¿Cuál es el papel del deporte real en unos Juegos? ¿Cómo funciona la especulación en el deporte olímpico? Si el póquer tuviera un patrocinador, ¿sería deporte olímpico?

“Estoy cansado de viajar. Conozco Barcelona palmo a palmo y a pesar de eso a veces me resulta insoportable. Imagínese moviéndome por Madrid, una ciudad llena de rascacielos, funcionarios del ex régimen y ex funcionarios del régimen. Yo soy apolítico, que quede claro. Pero no soporto los bigotillos que llevan los funcionarios del ex régimen y los ex funcionarios del régimen.”

Pepe Carvalho

Lisboa (2011)

Para quienes la amamos, la capital portuguesa es una ciudad en blanco y negro. Una urbe en escala de grises, esos grises que la bruma del Atlántico parece haber depositado sobre el Chiado o la Alfama para que los barrios y los puentes, las estatuas y las plazas se confundan y se mimeticen con el agua terrosa del Tajo. Ese juego de grises, que más que una escala tonal es la radiografía en bromuro de una metrópoli que destila vida. Una ciudad con alma de aldea cosmopolita (si eso es posible). Las calles estrechas con regueros de aguas sucias de la Alfama, el encanto de un mercado al aire libre, la silueta romántica de un tranvía, el mapamundi de una pared desconchada… algunas calles de la vieja Lisboa recuerdan a La Habana, a Mozambique, a Bahía. Pero no son tierras lejanas. Forman un mundo extraño y sin embargo muy cercano a nosotros en el que, decía Pessoa, “todo es incierto y postrero / todo es disperso, nada entero”.

Quizá por eso adoro Lisboa. Porque aún respira en blanco y negro.

Paco Nadal

Fotos: Última visita a Lisboa, julio de 2011.

Menú degustación

 

La Barcelona que no sale en la Lonely Planet ni en Tripadvisor. Solo para valientes, un menú exquisito: entrante, plato y postre de la terra. Vermut, suquet y una pizca de ternura. Menú casolà para disfrutar como mínimo en pareja. Consumir en caliente.