Krampus

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Repica su cadena en los adoquines, rompiendo el silencio. Sus zarpas acarician las paredes de las casas, rasgando sus uñas las piedras de sus muros… una chaquetilla de piel esconde su pelaje: el vello de su cuello saliendo por el pecho de la misma. En sus ojos inyectados de rabia un altivo sentimiento de justicia culminando en su cornamenta…

Un grito potente emerge de su cuello cavernoso al ver al niño escondido entre las persianas del balcón; si lo alcanza no habrá Navidad para él. Luego no quedará nada, ni siquiera las postrimerías de la inocencia…

(Los Krampus son criaturas precristianas originarias de los países alpinos -principalmente Austria y Suiza- encargadas de castigar a aquellos niños que no se han portado correctamente durante todo el año, siendo el contrapunto a San Nicolás, al premiar éste a los niños que se portan bien. Suelen verse entre el cinco de diciembre y el día de Navidad)

Pantera

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Pantera: con aquella seguridad adquirida con la experiencia, la pantera no se inmuta porque su presa sienta su presencia. Sus armas -gran zancada, mirada intimidatoria, potentes colmillos, piel disuasoria- son suficientes argumentos para que cualquier criatura en la selva entienda que ante ella nunca existirá una segunda oportunidad.

La daina

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Cada mota de su lomo fue una huida. Todas ellas las camufla en invierno, cuando su pelaje la hace recia y fría. Su sensibilidad se acentúan por mor de supervivencia; siendo su peor enemigo el carácter inocente de sus trotes.

Ahora debes unir cada una de sus manchas y obtendrás un mapa de constelaciones: también averiguarás las veces que ha caminado huyendo del plomo. Compara, averigua si en realidad el frío es menos frío cuando compartes el camino bien en manada, bien en solitario acariciando el monte romo a tus pasos-.

Ella y su mirada, desangrando en barro y hierba verde el otoño.

El dragón

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El dragón quiere con locura. Una locura mal entendida por los mortales: desea amar con todas sus fuerzas, yendo en busca de aquel amor que generación tras generación le ha sido negado. Si cambiáramos las tornas veríamos que muere noblemente defendiendo su princesa ante un rudo -y muy guapo, por cierto- príncipe. Es bueno recordar su facilidad para entablar relaciones de amistad con niños en su más tierna infancia. Cuando el niño crece, el púber olvida o estigmatiza los recuerdos al lado de su compañero escamoso.

Mal de amores y soledad pues, son en general los máximos problemas de los dragones a lo largo de la historia. Pasarán los siglos y nunca nos detendremos a mirar de aliviar sus cargas. Seguiremos acentuando sus complejos y debilidades y, egoístas como somos, sin pensar en ser gratos con ellos.