Basura, de Ben Clark

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“no esperamos que nadie venga a rescatarnos” (George Papaconstantinou)

Aquí hay escombros y pocos rescoldos de ilusión, porque hay una desnudez enorme ante todo lo que nos rodea: basura. La basura el deshecho prescindible y necesario de aquello que necesitamos pero también una manera de refundarnos y darle sentido. Basura es la pobreza, la soledad, el desarraigo o la inmigración, cuatro conceptos que sumados otros muchos conforman un mundo de mierda. Y un ramillete de poemas donde el título del poemario se repite entre los versos poniendo en jaque todos los mantras irradiados por medios de comunicación y agentes políticos expertos en cultura popular y con la que hemos chocado “la generación mejor formada de la historia” de bruces: ahora nos encontramos basura en nuestro trabajo -en bancos, colegios y bufetes, por ejemplo- o en las estructuras sentimentales que siguen vigentes (Puedo llamarlo hogar y no lo haréPuedo llamarlo el sitio donde duermo, / donde consumo y gasto, donde ensucio. / Y éstos son los desechos del amor, / la vida construída, / la ensaladera blanca de diseño, pag. 93) Sea por cómo asumimos las nuevas realidad en enfrentamiento ante todas las falsas certezas y esperanzas antecedentes al crash del 2008. En Basura (Delirio, 2011) de Ben Clark no hay excesos líricos, ni florituras. Hay un estilo acorde al mensaje del poema, si bien la sencillez y el inconformismo y la brega van reñidas con un trabajado fondo crítico. No nos lamentemos pues, si vemos en un libro de dos mil once el mismo vacío representativo vigente actualmente.