Son felices con ellas mismas

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[cuando sufro bloqueos creativos o me atosigo con las lecturas tomo el Libro de Crónicas y me dejo llevar, distraído, con una Portugal tan cercana como desconocida. Una mano digna de estrechar, creo…]

“Me sería muy difícil vivir con una mujer que no fuese portuguesa. Que no se quejase en la misma lengua que yo; que no hablase en la misma lengua; que no se irritase en la misma lengua. Nunca podría vivir con una extranjera. Le voy a contar algo íntimo, pero para acabar. Estuve en América, en Nueva York. Y las personas, allí, los sábados, se van a las discotecas, pero se van solos, hombres y mujeres, todos van solos. Las discotecas, además, suelen tener un cantante que imita, con frecuencia, a Sinatra. Esto ocurrió en Continuar leyendo “Son felices con ellas mismas”

Egos y pudores

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“Cuando voy a una fiesta al pasar una hora ya me quiero ir; me parece estar perdiendo el tiempo. Pienso que estaría mejor en casa viendo un buen partido de fútbol o un buen combate de boxeo. Las cosas sociales me aburren porque coincido con escritores que hablan mal de otros escritores; suelen ser autores menores, claro, porque los escritores realmente buenos no son envidiosos.

(…) Aprendí a estar siempre agradecido a la gente; hoy lo estoy a quienes pierden conmigo su tiempo y su dinero. Se lo debo todo; me produce pavor la sensación de defraudar a quienes confían en mi obra.”

António Lobo Antunes

Autoprosa de Lobo

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[las entrevistas son parecidas a los autorretratos…]

No soy un admirador de Pessoa. El libro del no sé qué me aburre de muerte. La poesía del heterónimo Álvaro de Campos es una copia de Walt Whitman; la de Ricardo Reis, de Virgilio. Me pregunto si un hombre que jamás ha follado puede ser buen escritor.

Tampoco me interesa escribir novelas de guerra por respeto a los muertos. Me interesan las personas en circunstancias extremas. Quise desertar cuando estuve en Angola, pero mi capitán me dijo: “No te vayas, que la revolución se hace por dentro; no en los cafés de París” (…) Hay dos cosas magníficas del espectáculo de la guerra: la belleza del coraje físico y lo más horrible, la cobardía. Después de sesenta años sigues con pesadillas por las cosas horribles en que participaste. Lo que planteo es por qué no se siente culpabilidad, por qué es tan fácil matar y morir.

Cuando no escribo no me siento bien, siento como una angustia; una cosa física difícil de explicar. Tengo la impresión de que me hicieron para escribir.

[extraído el texto a partir de una entrevista
en El País, en 2015]
António Lobo Antunes

Libro de crónicas, de António Lobo Antunes

Libro-de-crónicas[“Nunca me di cuenta de cuando se deja de ser pequeño para convertirse en mayor. Probablemente cuando la pariente rubia comienza a ser mencionada, en portugués, como la desvergonzada de Luísa. Probablemente cuando sustituimos los paraguas de chocolate por bistecs tártaros. probablemente cuando nos empieza a gustar ducharnos. Probablemente cuando nos ponemos tristes. Pero no estoy seguro: no sé si soy mayor” de Las personas mayores, página 36.]

Posiblemente porque nadie escribe como él por eso me gusta António Lobo Antunes: recargado en la descripción, goloso de detalles, exigente en la lectura al retorcer y perfilar su prosa hasta encontrar el vértice donde convergen cada una de sus tramas. Continuar leyendo “Libro de crónicas, de António Lobo Antunes”

Extravagancias ruidosas

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[volver a las andadas, es en parte aceptar que Lobo Antunes va repoblando mis estanterías. También es una introspección en mi memoria. Una evaluación de la psique punzando algún que otro recuerdo móvil…]

“Iba dos años por delante de mí en el instituto, y se había hecho famoso el puñetazo que le asestó en una ocasión, no recuerdo ya por qué motivo, al conserje del laboratorio de física, sujeto raquítico que tocaba el clarinete en una banda de aficionados.

Piensa: le partiste cinco dientes de un sopapo, tus padres te trasladaron, a final de curso, a un colegio de curas, en la provincia, destinado a campeones de boxeo, la gente te miraba, de Continuar leyendo “Extravagancias ruidosas”

No son las mejores novelas… (ed. 2017)

[Título completo: No son las mejores novelas para muchos, pero sí lo son para unos pocos o eso quiero suponer (ed. 2017)]

tren-nocturno-a-lisboa-portada-libroÉpoca de balances, segunda parte. Aunque la prosa no fue tan recurrente en las lecturas del año que acaba, algo sí que he consumido. Como pasó con el anterior recogido de lecturas poéticas no todas han tenido sus comentarios aquí. pero no es obstáculo para hablar de libros como Número Cero (Penguin Random House, 2015) de Umberto Eco y su sátira sobre el periodismo, las pajas mentales que sacuden con carroña tan sufrida profesión o sus venenos. Cuando apretó el calor tocó una doble ración de diario: por un lado escribir el cuaderno de viaje de Portugal y a la vez, mal leer los Diarios: 1956 – 1985 (Penguin Random House, 2015) de Jaime Gil de Biedma e inmiscuirse en las inquietudes, contradicciones y animadversiones de una de las mentes más lúcidas de la poesía del estado. En Portugal, justo después, resacoso de pão com chouriço y Sagres Continuar leyendo “No son las mejores novelas… (ed. 2017)”

Disgustos sin remedio

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[influencia del dolor de cabeza, pero será por eso que Lobo Antunes aparece hoy aquí. De mientras empiezo con ganas Esplendor de Portugal.]

“Si pienso, mi amor, en el villorrio de media docena de chalés derrumbados, sin propietario, donde las arañas hilaban el abandono, en equilibrio sobre los barrancos y el grito de las aves, y lo comparo con este apartamento de Alcântara junto al paso a nivel del tren y a los barcos del Tajo que nos rozan las fundas coronados de delfines, mis piernas buscan, sin darme cuenta, la concavidad de tus rodillas, y comprimo el pecho contra tu espalda en una súplica de protección que me confunde por parecerme ridículo un hombre de cuarenta y nueve años en busca de auxilio en una muchachita de dieciocho ocupada en soñar con arcángeles en moto vestidos con cazadora de cuero, acelerando para salvarla del vejete inofensivo que soy, atarantado de timidez y de sorpresa. Y no obstante, Iolanda, no creas que mi vida en una aldehuela de la región de la Ericeira en la que los eucaliptos goteaban las lágrimas de un disgusto sin remedio no era agradable: era agradable. Cuando la ciática no la afligía, descarnándola de Continuar leyendo “Disgustos sin remedio”