O amor das coisas belas: libros y nombres

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[cuarta entrega de la traducción de O amor das coisas belas (Ou pelo menos as cosas que eu consiero belas) escrito por Jorge Reis-Sá e ilustrado por Nicolau sobre  la vida y obra de António Lobo Antunes]

António escribía a escondidas, como si fuese pecado. Y lo era: Ícaro nos enseñó que no debemos acercarnos demasiado al Sol. Y António deseaba tanto ser escritor que solo imaginaba el brillo de las palabras que irradiaría su obra.

La letra de António es tan pequeña, tan pequeña, tan pequeñita que parece que no existe. Ha sido así desde siempre. Después, cuando recibe el libro, la letra de António es tan grande, tan grande, tan grande… que parece que tampoco existe al estar tan hecha de curvas y quiebros. Como el corazón, ¿no?

El nombre de António es Memoria de elefante, En el culo del mundo, Conocimiento del infierno, Explicación de los pájaros, Fado Alejandrino, El regreso de las carabelas, Tratado sobre las pasiones del alma, El orden natural de las cosas, La muerte de carlos Gardel, Manual de Inquisidores, Esplendor de Portugal, No entres tan deprisa en esta noche oscura, ¿Qué haré cuando todo arde?,  Buenas tardes a las cosas de aquí abajo, Mi nombre es legión, El archipiélago del insomnio, ¿Qué caballos son aquellos que hacen sombra en el mar?, Sobre los ríos que van, No es medianoche quien quiere, Caminho como uma casa en chamas (*), Da naturaleza dos Deuses (*), Aquela que está sentada no escuro à minha espera(*). Son los nombres de su obra. La obra de António tiene largos y sinceros versos. Sigue leyendo

O amor das coisas belas: poesía y Benfica

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Para Lydia Contreras, porque tiene a Dom António a la altura de Beyoncé o más arriba

[tercera entrega de la traducción de O amor das coisas belas (Ou pelo menos as cosas que eu consiero belas) escrito por Jorge Reis-Sá e ilustrado por Nicolau sobre  la vida y obra de António Lobo Antunes]

António es poeta.

Dice António que tiene envidia de los poetas. Cree que solo escribe ficción, narrativa, novelas (llamémoslo como queramos, porque son aquellos textos cuyas frases llegan al fin de la línea) porque no consigue escribir poesía. Y António está equivocado: es un poeta. La poesía tiene la manía de ser perezosa, como los versos al no llegar al fin de la línea. Hubo un día que António se dejó tentar por la verdad: escribió No entres tan deprisa en esa noche oscura como un poema.

António es del Benfica. Pero todavía más del Sport Lisboa e Benfica. Jugó al hockeybc45be64-dec2-4b6a-9049-206345f2be95 patines durante años. Un escritor no está fuera del mundo: en su caso, lo es incluso dentro de la pista.

A António se le vuelve la mirada de niño cuando observa fotografías de antiguas glorias del Benfica, como José Águas. Porque eso le recuerda que los libros estaban todos por escribir y que antes tienen que escribirse. A todos nos gusta el futuro, principalmente, cuando recordamos el pasado.

António nunca tendrá un final triste porque nunca acabará: los libros de António existirán siempre. Hoy, únicamente vive para los libros. Y los libros viven para su vida porque así lo desea. Hay escritores que escriben para ellos al igual que hay escritores que escriben para otros. También hay escritores que solamente escriben. Como António.

António no sabe si cree en Dios. Pero si cree en los libros, que es más o menos lo mismo.

O amor das coisas belas: libros y hermanos

250x[nueva entrega, la segunda, de la traducción de O amor das coisas belas (Ou pelo menos as cosas que eu consiero belas) escrito por Jorge Reis-Sá e ilustrado por Nicolau sobre António Lobo Antunes.]

António dijo un día que no quería ver su nombre en la portada de los libros. Que solamente apareciera el título o ni si quiera eso porque cada libro debería depender de las palabras que lo componen. A António le gusta mucho su nombre porque es el nombre de su abuelo. Y António quiere guardar su nombre en el recuerdo feliz que tiene del abuelo que ama.

António tuvo muchos hermanos. Tuvo, en pasado, porque así nombra la muerte de dos de ellos. João murió lentamente, con una enfermedad que ni siendo médico pudo curar. Pedro murió rápidamente y pese a tener dos hermanos médicos no pudieron tratarle. António no se lo perdona, porque los años que estudió medicina no sirvieron para traer la inmortalidad a sus hermanos. La muerte es imperdonable.

António nació para escribir, pero creció para ser médico. El padre de António era médico y su hermano João también. Nuno, otro hermano, también. Pero António era un médico diferente -o eso creía su padre- porque no curaba a las personas con yeso. La infelicidad la trataba con los libros. António era psiquiatra. Es lo mismo que un médico, solo que el quería curar a los demás con libros. ¿Curar la soledad? ¿El miedo? ¿El aburrimiento? ¿Curar la felicidad? Cada libro de António contiene la posología necesaria para todos los momentos de nuestra vida.

¿Sabes qué es la posología? Se irreverente, abre de nuevo el diccionario)

El día que rechacé a Lobo Antunes

na[en agosto de 2011 nada hacia pensar que acabaría siendo muy de Dom António. Como tantas otras veces me equivoqué, ya es costumbre. Aquí, el único día que me he arrepentido de devolver un libro]

Si he ido era porque hacía un calor menos espantoso que los otros días. Aún así, necesitaba más aire fresco. Según el mando a distancia del aire acondicionado -Mitsubishi- de una librería de la Rambla Nova, la temperatura estaba programada a unos heladores veintiún grados del ala. Estoy harto de sudar, más harto todavía del contraste de las temperaturas indoor/outdoor que sacude la ciudad. Harto.

Siempre que voy a la Renfe me viene a la imagen de aquellos que fuman un cigarro mientras esperan su tren pacientemente, alardeando del postureo. También, pienso y observo a aquellos que viven su realidad en silencio, aquellos que callan, esperan -del verbo esperar, primera conjugación- o quieren -del verbo querer-. Ambos verbos podrían ser sinónimos porque son tan frágiles que al mencionarlos en cualquier tiempo o conjugación producen escalofríos, pero no viene al caso. Sigue leyendo

O amor das coisas belas: infancia y Angola

ad20fd2d-bb3d-454a-8616-518027f514e3Era una vez un niño llamado António. António no tiene nombre, sino un verbo: escribir. Eran Antonio y sus hermanos. El era el mayor. Y el más irreverente. La literatura es irreverente, siempre.

António ya escribía novelas de dos páginas a los cuatro años. Juntaba las letras de forma tan diligente que se envolvía y desaparecía justo en medio de sus novelas.

(¿Sabes qué quiere decir diligentemente? Sé irreverente y no utilices internet: búscalo en el diccionario.) Sigue leyendo

Memoria de la enfermedad

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Cuando nos conocimos -Dios y yo- había pasado por un cáncer, hace siete años, y tenía que pasar las revisiones obligatorias. Cuando me hicieron un examen, tenía un tumor en cada uno de los pulmones. Diferentes el uno del otro. Me operaron. Tuve suerte al ser tratado por una persona excepcional que ya me había tratado del otro y que me dijo: “te voy ha hacer un tratamiento de quimioterapia que puede provocarte complicaciones, pero aún así te curarás.” La terapia fue muy, muy violenta. Fueron cuatro meses horribles en los que no me podía mover. Y, al mismo tiempo, extraordinarios. En la otra ocasión había hecho un tratamiento de quimioterapia oral y esta vez fue inyectada; en una sala muy grande del Hospital de Santa Maria, llena de gente, de todas las edades, muchachas de dieciocho años con pelucas, y una vez más me sorprendió la extraordinaria dignidad de las personas. No se escuchaba una sola queja, no había lágrimas… y estaban contentos de verme allí. Sigue leyendo

La elección de las mujeres

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“(…) Hay gente a la que le gusta hacer el amor y hay gente a la que le gusta hablar de cómo lo ha hecho: el placer de contárselo a los amigos es mucho mayor que el placer del acto en sí mismo. Los hombres somos muy infantiles, muy primarios en eso. No comprendo cómo las mujeres tienen paciencia con nosotros. Tengo tres hijas. Mi vida cambió con ellas. Mi respeto por las mujeres lo entendí con ellas. Las mujeres son más maduras que nosotros, más honestas con los sentimientos. En América un médico me dijo: «Los hombres quieren follar, las mujeres quieren amar». Es verdad. Dime un hombre que conozca el corazón de una mujer, son mucho más complejas. Los hombres creemos que hacemos conquistas, y no entendemos que hemos sido elegidos: son las mujeres quienes escogen. Pero son suficientemente maduras e inteligentes para hacerte creer que eres tú quien ha hecho la conquista.”

António Lobo Antunes

Nota: entrevista completa en la revista Quimera, junio 2015, número 379.