Memoria de la enfermedad

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Cuando nos conocimos -Dios y yo- había pasado por un cáncer, hace siete años, y tenía que pasar las revisiones obligatorias. Cuando me hicieron un examen, tenía un tumor en cada uno de los pulmones. Diferentes el uno del otro. Me operaron. Tuve suerte al ser tratado por una persona excepcional que ya me había tratado del otro y que me dijo: “te voy ha hacer un tratamiento de quimioterapia que puede provocarte complicaciones, pero aún así te curarás.” La terapia fue muy, muy violenta. Fueron cuatro meses horribles en los que no me podía mover. Y, al mismo tiempo, extraordinarios. En la otra ocasión había hecho un tratamiento de quimioterapia oral y esta vez fue inyectada; en una sala muy grande del Hospital de Santa Maria, llena de gente, de todas las edades, muchachas de dieciocho años con pelucas, y una vez más me sorprendió la extraordinaria dignidad de las personas. No se escuchaba una sola queja, no había lágrimas… y estaban contentos de verme allí. Sigue leyendo

La elección de las mujeres

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“(…) Hay gente a la que le gusta hacer el amor y hay gente a la que le gusta hablar de cómo lo ha hecho: el placer de contárselo a los amigos es mucho mayor que el placer del acto en sí mismo. Los hombres somos muy infantiles, muy primarios en eso. No comprendo cómo las mujeres tienen paciencia con nosotros. Tengo tres hijas. Mi vida cambió con ellas. Mi respeto por las mujeres lo entendí con ellas. Las mujeres son más maduras que nosotros, más honestas con los sentimientos. En América un médico me dijo: «Los hombres quieren follar, las mujeres quieren amar». Es verdad. Dime un hombre que conozca el corazón de una mujer, son mucho más complejas. Los hombres creemos que hacemos conquistas, y no entendemos que hemos sido elegidos: son las mujeres quienes escogen. Pero son suficientemente maduras e inteligentes para hacerte creer que eres tú quien ha hecho la conquista.”

António Lobo Antunes

Nota: entrevista completa en la revista Quimera, junio 2015, número 379.

Son felices con ellas mismas

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[cuando sufro bloqueos creativos o me atosigo con las lecturas tomo el Libro de Crónicas y me dejo llevar, distraído, con una Portugal tan cercana como desconocida. Una mano digna de estrechar, creo…]

“Me sería muy difícil vivir con una mujer que no fuese portuguesa. Que no se quejase en la misma lengua que yo; que no hablase en la misma lengua; que no se irritase en la misma lengua. Nunca podría vivir con una extranjera. Le voy a contar algo íntimo, pero para acabar. Estuve en América, en Nueva York. Y las personas, allí, los sábados, se van a las discotecas, pero se van solos, hombres y mujeres, todos van solos. Las discotecas, además, suelen tener un cantante que imita, con frecuencia, a Sinatra. Esto ocurrió en Sigue leyendo

Egos y pudores

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“Cuando voy a una fiesta al pasar una hora ya me quiero ir; me parece estar perdiendo el tiempo. Pienso que estaría mejor en casa viendo un buen partido de fútbol o un buen combate de boxeo. Las cosas sociales me aburren porque coincido con escritores que hablan mal de otros escritores; suelen ser autores menores, claro, porque los escritores realmente buenos no son envidiosos.

(…) Aprendí a estar siempre agradecido a la gente; hoy lo estoy a quienes pierden conmigo su tiempo y su dinero. Se lo debo todo; me produce pavor la sensación de defraudar a quienes confían en mi obra.”

António Lobo Antunes

Autoprosa de Lobo

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[las entrevistas son parecidas a los autorretratos…]

No soy un admirador de Pessoa. El libro del no sé qué me aburre de muerte. La poesía del heterónimo Álvaro de Campos es una copia de Walt Whitman; la de Ricardo Reis, de Virgilio. Me pregunto si un hombre que jamás ha follado puede ser buen escritor.

Tampoco me interesa escribir novelas de guerra por respeto a los muertos. Me interesan las personas en circunstancias extremas. Quise desertar cuando estuve en Angola, pero mi capitán me dijo: “No te vayas, que la revolución se hace por dentro; no en los cafés de París” (…) Hay dos cosas magníficas del espectáculo de la guerra: la belleza del coraje físico y lo más horrible, la cobardía. Después de sesenta años sigues con pesadillas por las cosas horribles en que participaste. Lo que planteo es por qué no se siente culpabilidad, por qué es tan fácil matar y morir.

Cuando no escribo no me siento bien, siento como una angustia; una cosa física difícil de explicar. Tengo la impresión de que me hicieron para escribir.

[extraído el texto a partir de una entrevista
en El País, en 2015]
António Lobo Antunes

Libro de crónicas, de António Lobo Antunes

Libro-de-crónicas[“Nunca me di cuenta de cuando se deja de ser pequeño para convertirse en mayor. Probablemente cuando la pariente rubia comienza a ser mencionada, en portugués, como la desvergonzada de Luísa. Probablemente cuando sustituimos los paraguas de chocolate por bistecs tártaros. probablemente cuando nos empieza a gustar ducharnos. Probablemente cuando nos ponemos tristes. Pero no estoy seguro: no sé si soy mayor” de Las personas mayores, página 36.]

Posiblemente porque nadie escribe como él por eso me gusta António Lobo Antunes: recargado en la descripción, goloso de detalles, exigente en la lectura al retorcer y perfilar su prosa hasta encontrar el vértice donde convergen cada una de sus tramas. Sigue leyendo

Extravagancias ruidosas

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[volver a las andadas, es en parte aceptar que Lobo Antunes va repoblando mis estanterías. También es una introspección en mi memoria. Una evaluación de la psique punzando algún que otro recuerdo móvil…]

“Iba dos años por delante de mí en el instituto, y se había hecho famoso el puñetazo que le asestó en una ocasión, no recuerdo ya por qué motivo, al conserje del laboratorio de física, sujeto raquítico que tocaba el clarinete en una banda de aficionados.

Piensa: le partiste cinco dientes de un sopapo, tus padres te trasladaron, a final de curso, a un colegio de curas, en la provincia, destinado a campeones de boxeo, la gente te miraba, de Sigue leyendo