No son los mejores poemarios… (ed. 2018)

[Título completo: No son los mejores poemarios -ni aforismos- para muchos, pero sí algunos de entre todos los que he leído, que me han llamado la atención (ed. 2018)]

9788494271939Después de un diciembre un tanto viajero y con una sobrecarga de trabajo considerable, vuelvo a las andadas; aunque sea con trampa al estar de vacaciones. Nunca es tarde para retomar hábitos (Lluís, que de vegades pasa por aquí, bien lo sabe y lo dejó caer el pasado viernes)l. Vuelvo pues, en definitiva, con una de las entradas que más salseoCHUS-PATO-WEB produjo a nivel redes sociales el año pasado: todavía tengo en la bandeja de entrada algún anónimo que me dedicó alguien con demasiado tiempo libre; triste labor el de poner a parir sin sentido alguno. Va por ti, con mis deseos de que tu páncreas segregue suficiente insulina para regular tu cuerpo ante la catarata de azúcar que, quién sabe, llevas consumido  durante este año saliente dos mil dieciocho.

No destaco por ser imparcial: lo que me gusta, ahí está, en la catarata de etiquetas que pueblan la columna derecha. Pero me gustan las sorpresas y dos de ellas han sido Ana Carolina Quiñonez Salpietro con Cuentos tristes que esperan las chicas antes de salir a bailar / Vacaciones de invierno (Liliputienses, 2018) y Chus Pato con Carne de leviatán(Amargord ediciones, 2016). Son dos libros soberbios, que estiran el lenguaje y mantienen una riqueza constante en sus libros; de hecho, parte de lo escrito el año pasado sobre la argentina Daiana Henderson -revisad, por favor, sus entradas- puede ser válido para ella. Con la gallega seré claro: Chus Pato es un animal poético de primer orden que los semanarios culturales importantes parecen que vivan de espaldas a una de las voces más completas e innovadoras de la poesía gallega y peninsular, en extensión. En la misma línea innovadora -siempre entendido dentro del germen de unaimages poesía despierta que exige una lectura concisa- enmarcaría Prohibido silbar (Baile del Sol, 2014) de la asturianodiputada Sofía Castañón. Un libro con una poesía sin ambages, con los pies en el suelo, próxima, que sacude cualquier barrera que podamos encontrarnos a diario con una mirada poliédrica.

Dentro del amplio catálogo de debilidades que tengo, quisiera destacar De nómadas y guerreros de Elías Moro (LeTour1987, 2018) y La prisión transparente (Vaso Roto, 2016) de Antonio Gamoneda. Por un lado, Elías sobrevive a todo un ejército de supervivientes; un libro honesto que debe llevarnos a pensar en profundidad nuestra responsabilidad ante los cambios que sacuden la actualidad y cómo puede afectar la inestabilidad a los supervivientes. Gamoneda, maestro, en las arrugas de la vida, disuelve su poesía en la ironía en contra del olvido y abrazando el recuerdo. El veterano poeta, junto a Ferrer Lerín, han sido los dos autores que más miedo me han hecho disfrutar durante todo el año: el catálogo de venenos del primero es sencillamente brutal; mientras que Besos humanos (Anagrama, Moro copia2018) si bien no es un libro de poesía, tiene cabida aquí por la belleza poética esparcida en su variado columbario: no conozco a nadie que hable así del color negro.

Si entrásemos de cabeza en el realismo sucio, veríamos un nombre destacado: Karmelo C. Iribarren, que despierta tantas simpatías como recelos a su obra. Haber leído La ciudad (Renacimiento, 2014; selección de José Luis Morante) me ha permitido adentrar en su poesía y sepultar alguna crítica facilona. Calibre 38 (Zoográfico, 2017) de Judith Rico, completaría el dúo de donostiarras. Quizá partida por el mismo patrónn, encarnada en una poesía ácida que abre de nuevo heridas para que nos aseguremos de suturar bien nuestro corazón.

Durante el 2018 me ha hecho especial ilusión descubrir a autores como Basilio Sánchez o Miguel Ángel Velasco; a los que no tenía demasiado controlados; estremecerme con Esther Muntañola y sus bosques, sus árboles… También he asomado la cabeza por el no tan breve mundo del aforismo con Juan Manuel Uría, Carmen Camacho y la antología que ha coordinado, Elías Moro o el portugues Teixeira de Pascoaes. O los ensayos que está publicando Lastura sobre poesía, que son verdadero caviar para los curiosos…

Dos mil dieciocho ha tenido también sinsabores: el último Centrifugados; darme cuenta que hay muy pocos poetas jóvenes del estado español que escriban algo interesante, editores con el ombligo orondo y la mentira larga, por no hablar de la capacidad de hiperventilar a la primera crítica que tienen muchos teóricos, autores y editores, también…

En fin… feliz noche a todos. Feliz Navidad.

La tormenta y los humores

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[Llueve. Leslie ronda por aquí con su sinfonía de precipitaciones y truenos, haciendo de Tarragona una ciudad navegable en sus arterias, vomitando el agua de sus alcantarillas y colapsando las calles. La ciudad regurgita como un moribundo y su cuerpo tras hacer reacción en la sangre, en el sistema nervioso un veneno. Leo La prisión transparente (libro publicado por Vaso Roto en 2016) de Antonio Gamoneda  y empiezo a dudar del vaso de zumo de la merienda; del corte en mi mejilla afeitándome, también. Me inmiscuyo receloso en la sección Plinio, Dioscórides y otros (entradas para un diccionario apócrifo de sustancias, venenos, phisiologías y aflicciones) y empiezo a temblar como aquel nobel que descubre a Ferrer Lerín de golpe, sin anestesia, que acaba asegurándose sobre la realidad de los despojos tras leer Besos Humanos.

Leslie no lo sabe pero tengo mucho miedo.]

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Amor (un poema de Antonio Gamoneda)

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Es necesario que aparezca por aquí: ochenta y siete años. Hoy las flores son más robustas y su voz más apagada pero severa. Disfrutemos de Antonio Gamoneda (1931 – act) porque hará inmortal su voz.

Amor
Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.

Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.

[Poema extraído del cuadernillo ofrecido en una lectura realizada del Aula de Literatura José Antonio Gabriel y Galán de Plasencia, y perteneciente a su poemario Blues Castellano. Podréis disfrutar de sus letras y voz en Matadero Madrid el sábado por la tarde]

La poesía, según Gamoneda

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“La poesía no sirve para nada. No tiene ninguna utilidad inmediata para quien sea, ni para el poeta. Pero, igual que no nos preguntamos para qué sirve un paisaje muy hermoso o un cuerpo humano, no nos preguntamos para qué sirve la poesía, sino que advertimos su belleza (…) Entiendo que la poesía no es un adorno que se pone a la vida, es la vida misma. Una narración, por ejemplo, se hace para desarrollar un argumento, y para que alguien se sienta bien leyéndola. Pero la poesía es otra cosa. La poesía habla del sufrimiento y del placer del poeta y, simultáneamente, está mostrando esos accidentes existenciales a los lectores para que se reconozcan en ellos. No es un adorno, es un hecho, incluso biológico.”

Antonio Gamoneda

Postdata: Entrevista íntegra clicando aquí.

Gamoneda – Antología poética

Últimamente leo bastante a Gamoneda. Busco sus poemas en internet, en alguna revista que tengo perdida por la estantería o en la antología poética comprada hace unos años (de Alianza Editorial) cuando había de devorar la obra de imprescindibles -Ángel González, César Vgamonedaallejo, Miguel Hernández, Fernando Pessoa- y no disponía de tiempo para comprar poemarios enteros. Me gusta Gamoneda porque, siguiendo la evolución lógica de la vida, en su obra sigue la trayectoria del camino emprendido cuando uno nace; el es consciente de que el tiempo se acaba, lo expresa y no renuncia a sentir, a amar y a querer: no se resigna. Probablemente, una persona de su edad -con todos los respetos del mundo- no necesita grandes creaciones para desnudarse, y por ello me encanta ese estilo directo y sin rodeos desde Libro del Frío hasta hoy día: transmitir en tres, cuatro versos a lo sumo un mensaje lleno de vitalismo pero también de conciencia: la edad, los recuerdos, la pasión por el amor a la que nunca se ha de renunciar y la nostalgia; la nostalgia entendida como distancia auntoimpuesta a veces que conlleva a crear dentro del minimalismo que llega a ser el verso, verdaderos espacios de sentimiento donde aflorar el presente.

Es probable que apenas ya salga del silencio, sin estridencias. Como siempre la carga sencilla del mensaje evocando lo estimado y deseado en el mismo espacio sin claudicar, sin ceder espacio. Gamoneda tiene el suyo y desde hace más de cincuenta años -casi sesenta- no lo ha abandonado, y dudo que lo haga. Al igual que no creo que lo desbanquen.

ESTOY desnudo ante el agua inmóvil. He dejado mi ropa en el silencio de las últimas ramas.

Esto era el silencio:

llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua.”

de Libro del Frío (1986-1992. Revisiones en 1998 y 2004)