Oficio de amar (un poema de Al Berto)

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[y la presencia de la muerte, su aceptación como compañera y la concienciación de que un día llegará, prematuramente -como en su caso- o a deshora, aunque nunca es buena su llegada ni sus condicionantes. Quizá sea porque Al Berto vivió muy de cerca la enfermedad y la muerte y tuvo que despedirse más pronto que tarde de todos…]

Oficio de amar

ya no te necesito
tengo la compañía nocturna de los animales y la peste
tengo la semilla enferma de las ciudades erigidas en el
umbral de otras galaxias y el remordimiento.

un día presentí la música estelar de las piedras, me
abandoné al silencio
es muy lento este amor que avanza con el latir del corazón
no, no necesito más de mí
poseo la enfermedad de los espacios infinitos
y los secretos pozos de los nómadas

asciendo al conocimiento pleno de mi desierto
he dejado de estar disponible, perdóname
si cultivo regularmente la añoranza de mi propio cuerpo

Poema de Al Berto (Coimbra, 1948 – Lisboa, 1997) publicado en el libro Sete dos ofícios (trad. Siete de los oficios) en 1980 y extraído de El miedo. Poemas escogidos 1976 – 1997 (Pre-Textos, 2007)

Foto: Golondrina-amor (estudio para tapiz) de Joan Miró.

La secreta vida de las imágenes

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Durante ésta semana en las pocas horas muertas del trabajo saqué tiempo para leer a Al Berto y La secreta vida de las imágenes, reafirmando la filia a lo que acontece la lírica portuguesa. Pienso sinceramente que el portugués, como el catalán, es una lengua muy poética y sugerente, dócil y tenue para ser hablada y recitada. No me sucede lo mismo con el castellano que, pese a ser mi lengua de escritura -el catalán no lo prodigo mucho en mis letras- encuentro algo crudo y visceral, ideal para hablar de lo lúgubre de la poesía.

prosigue el camino por entre túmulos
vacíos a la medida de tu alma y de quien los mira
porque tu destino es continuar subiendo
la mágica espiral de los monumentos donde
otro tiempo de pulido mármol se levanta
más allá del precario reposo del corazón

La secreta vida de las imágenes es un poemario traducido del original por José Luis Puerto es un compendio de poemas sólidos, equilibrados con una delicada sensibilidad ante la sugerencia de la imagen recreada en sus letras. Imagen -pintura- y poesía aúnan sus formas en búsqueda de otra forma de luz que arroje claridad haciendo referencia a maestros del diseño universal -una vez más, la relación entre pintura y poesía, posiblemente uno de los maridajes artísticos más versátiles que conoceremos-. Poemas que entrelazan un itinerario por la pintura europea de diversas épocas, repasando también el ámbito portugués. Es un viaje a mi parecer infinito: Al Berto sin duda hizo de éste un poemario puro, plástico en todos los sentidos de la palabra -la edición portuguesa iba acompañada de ilustraciones a juego con los versos- pero también infinito: son tantas las posibilidades y nombres en el viaje de la poesía con la pintura que siempre resultará incompleto.

Postdata: Pero Leo demostró que los viajes nunca son incompletos…