Las Medallas de Extremadura

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Días antes de marchar a Portugal -vía Soria- otorgaron la Medalla de Extremadura a la cacereña Ada Salas. Por lo general, cuando se reconoce el mérito de un artista, agitador cultural o personalidad relevante en el campo de las artes (qué políticamente correcto queda lo último) suelo alegrarme. En el caso de Ada Salas es así. Aunque desde hace años tengo una serie de convicciones que puedo mantener de forma más o menos estable; una de ellas es la intención de dar prestigio de unas medallas que hace unos años sufrieron de bochorno absoluto. Está bien acercar la cultura extremeña más allá de los límites que flanquean la región, no me cabe duda: hay mercado entre tanto jubilado, estudiante, currito y exiliado que hay en los mapas. Pero de ahí a reírse -o eso parecía, con la lista en la mano de aquellos que no son galardonados con ellas en vida o a título póstumo- de muchos que creíamos que las medallas eran otra cosaContinuar leyendo “Las Medallas de Extremadura”

Un poema de Ada Salas

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[al final, qué queda de nosotros si no hay ya incertidumbre, duda o desconfianza. Desconfiar es un derecho, algo más que un verbo, que ha de ser debidamente respetado…]

Un hombre extraño vino
a visitarme. Parecía
drogado
con un vino de muerte.
Me haría reina
dijo
en el nombre de Aquel-que-no-habla.

Y si de amor hablamos
dije

no me hables con palabras que no entiendo
mira que

no conozco
varón.

[poema extraído de Limbo y otros poemas (Pre-Textos, 2013)-precisamente, el poema aquí transcrito pertenece a la sección Otros poemas– de la poeta cacereña Ada Salas]

Recordatorio

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Buscando respuestas

images[cuando el bloqueo cava una trinchera quedan dos alternativas: esperar a que se abra una grieta, o esperar buscando respuestas. Así estoy yo…]

“Si un poema es un mensaje destinado al lector, qué curioso: el autor lo elabora con un código que no conoce, el lector lo descifra con un código propio. Algo en común, claro es, una lengua. Pero un poema es má que una manifestación del lenguaje. las palabras en él son más que ellas mismas, más que el resultado de su combinación. En la suma del texto (la del autor o la del lector) siempre faltan sumandos: en ellos están su raí y su vuelo. Por eso quien escribe no sabe, a ciencia cierta, qué escribe. Y quien lee, más allá y por encima de su acuidad crítica, miente cuando explica qué ha leído. Lo esencia del poema se disuelve en la sangre del lector, pasa a ser parte de su vida y de su pensamiento. Leer es comulgar, y lo que se comulga no puede ser restituido.” Continuar leyendo “Buscando respuestas”