Otra Tardor Literària

b6792b20-639e-47dc-a2b9-30813a639163Se ha presentado la programación de la Tardor Literària de este año. Desde hace años, el grueso de la programación literaria de la ciudad se reparte en dos ciclos; el de otoño y el de primavera. Si uno se fija detalladamente hay actividades potentes como puede ser Yerma, de Lorca (versión de Marc Chornet) o los ciclos y exposiciones tratando a Manuel de Pedrolo, Pompeu Fabra o Maria Aurèlia Capmany: esas actividades son innegociables e imperdibles en una capital de provincia como Tarragona.

No sé si es un dejà-vú, pero tengo la impresión de que ciclo tras ciclo -o año tras año- se repiten muchos nombres y no se da un salto más que necesario para confirmar una programación cultural que resuene más allá de los barrios de Ponent o Llevant, que haga de la ciudad un reclamo cultural de primer orden más allá del Patrimonio Histórico con el que cuenta de por sí. Sé que se hacen esfuerzos para preparar actividades de calidad, pero el problema no es la calidad que puedan tener las propuestas que se van a realizar; sino la sensación que se extrae: un “ja ens està bé” que parece estar encofrado en muchos, totalmente conscientes de que la programación se le queda pequeña a la ciudad. Tarragona merece más. Sigue leyendo

El esfuerzo o la recompensa

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“(…) Y tienes un secreto, lo sé. A veces juegas, lo sé. Te escondes, vienes vas, me dejas solo, me olvidas por otros. Pero es raro, sabes, últimamente cuando me miro al espejo ya no pienso en mí. Últimamente cuando me haces daño ya no te odio. Será cierto que, como dice el maestro, el amor es concederle más importancia al esfuerzo que a la recompensa. Será cierto. Lo que sí sé con seguridad, lo que no puedo obviar, es que contigo me basta con sentirme feliz, aunque no me folles, aunque yo te haría el amor a todas horas; es que contigo me basta con tocarte la mano para sentir que te lo he hecho diez veces, o verte a lo lejos en las calles de esta ciudad podrida para comprender que nada, ni siquiera el cielo, merece tanto la pena ser amado. Cuántos dedos te han surcado, de quiénes fueron, cuántos te surcarán, y por qué cuando te veo desnuda sigues siendo nueva.”

Yo mataré monstruos por ti
Víctor Balcells Matas

[extraído del relato Bookends]

El día que rechacé a Lobo Antunes

na[en agosto de 2011 nada hacia pensar que acabaría siendo muy de Dom António. Como tantas otras veces me equivoqué, ya es costumbre. Aquí, el único día que me he arrepentido de devolver un libro]

Si he ido era porque hacía un calor menos espantoso que los otros días. Aún así, necesitaba más aire fresco. Según el mando a distancia del aire acondicionado -Mitsubishi- de una librería de la Rambla Nova, la temperatura estaba programada a unos heladores veintiún grados del ala. Estoy harto de sudar, más harto todavía del contraste de las temperaturas indoor/outdoor que sacude la ciudad. Harto.

Siempre que voy a la Renfe me viene a la imagen de aquellos que fuman un cigarro mientras esperan su tren pacientemente, alardeando del postureo. También, pienso y observo a aquellos que viven su realidad en silencio, aquellos que callan, esperan -del verbo esperar, primera conjugación- o quieren -del verbo querer-. Ambos verbos podrían ser sinónimos porque son tan frágiles que al mencionarlos en cualquier tiempo o conjugación producen escalofríos, pero no viene al caso. Sigue leyendo

(Casi) quinientas mañanas

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Lo repito hasta la saciedad: los números no significan nada, cada uno les otorga el valor que cree, pero hay algo innegable: aquí, durante (casi) quinientas mañanas, se han publicado entradas de todo tipo: poemas, cuadernos de viaje, reseñas, críticas, relatos, etcétera. Siempre que  puedo escribo la entrada la noche anterior: por la mañana, o bien la misma noche ya está publicada aquí. normalmente, salvo alguna corrección, ni retiro ni añado nada en el texto colgado, por tanto, no cambio de parecer. Y es que (casi) quinientas entradas dan para mucho y para desencantarse un tanto del mundo de las letras. Si llegué fue por las personas y por ellas y porque, por suerte, no son perfectas, sigo escribiendo -amén de que sigo disfrutando, y sufriendo, en el momento de escribir y dejar reposar lo que voy creando-. Sigue leyendo

Recuento de sombras

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[me confié: creía que podía alargar un poco más las entradas del verano. Y puede que sea así, pero ahora estoy metido de lleno en un luto, en un dolor interno, en una especie de callo necesario para superar las ausencias. Las ausencias son como agujetas que se despiertan cuando uno tiene el músculo de cariño tierno; siempre aparece cuando tenemos la guardia baja. Y así….]

“(…) cuando he vuelto por allí y he preguntado por cómo acabó aquello a los pocos supervivientes que quedan de entonces y lo vivieron en primera persona, un silencio decepcionante y descorazonador ha sido la más rotunda de las respuestas”

Como veis ya lo decíael bueno de Elías Moro (nuestro Elías) en su Álbum de sombras (Eolas ediciones, 2017)

Cuando abro el armario y veo en a percha mis camisas de manga larga me vuelvo escéptico ante la realidad del tiempo pasado.

Foto: tomada en los aires, en el vuelo de vuelta a la realidad.

Elefantes en mi buzón

Esther

Desde la aparición del elefante, voy coleccionando casi sin querer efectos paquidérmicos: desde postales hasta figuras de madera, pasando por peluches, libros o imágenes como la que preside durante el verano el blog. Pero lo de ayer miércoles fue brutal.

Esther Muntañola, además de ser una persona de primera y una poeta como la copa de un pino -y no lo digo yo- presume de domar los colores con sus manos. Ayer al abrir el buzón encontré, dentro de un sobre también detallado, la postal que encabeza la entrada. Estoy todavía sin palabras.

Mil gracias, Esther.

Nota: si queréis leer alguna entrada más de la artista, pinchad aquí.

Los primeros aterrizajes

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Tenía que suceder. Sin ir más lejos, algunos poemas del elefante fueron esbozados en las nubes: no sé cuántos aviones he tomado éste año y el anterior. A bote pronto, sin pararme mucho a contar… unos seis o siete. Saber perderse mutó y cambió de nombre, ahora se llama Aterrizajes -tras someterlo a una operación de pulido sin precedentes-. Aterrizajes, sí, porque los aviones me han conquistado como lo hicieron en su día los tranvías y, en menor medida, los trenes. La RENFE y su exquisito servicio en Catalunya tiene gran parte de la culpa de mi desencanto ferroviario…

Son miniaturas metálicas, de escala 1:500 -es decir, quinientas veces más pequeñas que en la realidad- y, excepto una, el resto no las he elegido yo: todos tienen un hermano de verdad que vuela. Únicamente incorporo modelos que cumplan como mínimo una de las tres siguientes condiciones: que vuelen a Barcelona o Lisboa -o a los dos-. que sean turbohélices… o que sean de TAP Air Portugal. Sigue leyendo