Necesitamos más contundencia

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Parece que sigo con una especie de jet-lag literario, o bien me informo con en las Azores: las noticias llegan una semana tarde. Hace casi un mes Vicente Luis Mora publicó en su blog, de manera contundente y documentada El conflicto producido por la llegada de la poesía pop tardoadolescente (clic aquí), un acertado artículo que como reacción casi alérgica ha provocado sarpullidos en la piel -y en la lengua, vía teclado- en muchos de los valedores que ha descargado sus iras contra el crítico. Continuar leyendo “Necesitamos más contundencia”

Punto y seguido

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[días cabrones, fiebres y urgencias. Ha llegado el momento de volver a la carga, pese a todo. Cuarenta y cuatro días de descanso. La tregua acabó…]

“También hubo días oscuros que ahora me amargan la memoria. Éramos crueles como niños que éramos, y pobre del gato que se pusiera a tiro, el ave escasa de reflejos, el reptil atrapado tras tantos esfuerzos. Como si fuéramos médicos o jueces, decidíamos sobre el dolor a aplicar, la intensidad de éste y elegíamos  la víctima propicia.

Hasta que un día tomamos conciencia de verdugos y la vergüenza y el arrepentimiento se tornaron horror y asco. Buscamos la reconciliación con nosotros mismos y hoy es el día en que aún se nos niega.

De aquel que fuimos en ocasiones arrastramos un fardo de ignominia que la memoria no olvida. Hay pecados que nunca se expían y delitos que no prescriben dentro de uno.”

[extraído de En piel y huesos (ERE, 2013), antología de Elías Moro]

 

Gulbenkian

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[debería hacerme mejor, cuando en realidad me convierte en único. Todo bueno bajo el sol…]

Setecientos y algo -ay, los números, los autobuses que empiezan por siete: siete colinas, pues-. Avenida de Ceuta, Timor, Acueducto y la degradación antes de llegar a Praça de Espanha. Novobanco –“quer casa nova? podemos ajudar na mudança”– y su decoración de interiores. Dinero, odio el dinero: el dolor necesario. Gulbenkian por fin. Patitos siguiendo a su madre. Café y dos colecciones. Hay una mirada que no se desprende de cada cuadro, de cada escultura. Escudriña, ella, los colores como hace cuando la enseño un poema. Joyas familiares, también. Una foto robada a la mejor espalda de la península: no acepto réplicas. Y ella en la Gulbenkian. Debería desearlo todo pero con su espalda me conformaría en el peor de los casos. Entretanto, la colección y una vuelta al mundo de algunas culturas, no todas: el dinero es necesario pero por suerte y desgracia se equilibra las consecuencias que provoca.

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a palos de ciego camino, por fin.

Parabéns (un borrador)

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[se reivindica hoy una nueva cruz sobre la tablilla de barro, otra vuelta solar de más de trescientos cincuenta días. Un nuevo salto al vacío sin despreocuparse…]

un baño en la piscina que no escribe // la gramínea flota y aletea su tallo // como un brazo en equilibrio sobre el agua inerte, negra // es combustible // el verano no la entiende, muchas voces de la casa tampoco // otro año, otra luz // cae, flota, aletea // huye otra vez porque no sabe // sobre la densa superficie // otra vez cae, busca un punto de salida, poner el contador a cero // otra vez.

Tres (3) de Massimo Troisi

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[el mar es lo único que realmente no se puede secuestrar. Ingenuo quien lo intente porque quedará expuesto al ridículo de los tiempos…]

No es que me oponga al matrimonio; Pero me parece que un hombre y una mujer son las personas menos adecuadas para casarse.
***

Las cosas o se hacen al día siguiente o no se hace en absoluto.
***

Algunos afirman que para contar buenas historias es suficiente mirar a tu alrededor. Yo no lo creo, porque de ser así, todos los policías serían Ingmar Bergman.

[de Massimo Troisi (1953 – 1994)]

Las Medallas de Extremadura

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Días antes de marchar a Portugal -vía Soria- otorgaron la Medalla de Extremadura a la cacereña Ada Salas. Por lo general, cuando se reconoce el mérito de un artista, agitador cultural o personalidad relevante en el campo de las artes (qué políticamente correcto queda lo último) suelo alegrarme. En el caso de Ada Salas es así. Aunque desde hace años tengo una serie de convicciones que puedo mantener de forma más o menos estable; una de ellas es la intención de dar prestigio de unas medallas que hace unos años sufrieron de bochorno absoluto. Está bien acercar la cultura extremeña más allá de los límites que flanquean la región, no me cabe duda: hay mercado entre tanto jubilado, estudiante, currito y exiliado que hay en los mapas. Pero de ahí a reírse -o eso parecía, con la lista en la mano de aquellos que no son galardonados con ellas en vida o a título póstumo- de muchos que creíamos que las medallas eran otra cosaContinuar leyendo “Las Medallas de Extremadura”

Balance

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las ardillas subiendo paredes de nivel 9b en la Alameda. Ideas. Entresijos editoriales. Camisetas cómodas para momentos incómodos. Amigos y abrazos que son mayores que el lugar que ocupan en el mundo. Orgullo editorial (gracias). Contactos. Desagradecidas, maleducados y viceversa. Bandalay. Lluvia, pero pudo ser peor. Dietas desbordando el límite de hidratos de carbono y sábanas deshechas. Lecturas interesantes, momentos únicos y otros realmente prescindibles. Decisiones correctas, mejores momentos. Cerveza y torreznos -cuatro, he contenido mis impulsos respecto la edición pasada-. Abrazos. Amigos escuchando algo interesante: miau-miau. Una cerveza con un referente; una copa de vino. Otra cerveza y la sonrisa de la convicción. Leonor -de Lisboa y Madrid- y su anillo: y sus ojos. Escribir un poema y no saber cómo acabar. Reencuentros porque sí. Encargos, regalos y amigos. La agenda repleta de nombres y alguna que otra dirección. Huir fue lo menos importante.

Jugar. Escribir un poema y no saber cómo acabarlo. Así es. Experimentar.