Sesión doble con Ángel, en Lisboa

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Confieso que mientras tomo el cortado de los viernes en El Solet no leo la prensa, sino reviso publicaciones en los muros de Facebook. Normalmente el cortado lo acompaño con un bocadillo de jamón y queso bien calentito -algunos lo llamarán bikini, otros mixto-. En las húmedas mañanas del carrer Pare Iglesias agradezco que el queso untuoso y el jamón candente irradien temperatura a mi interior. Bebía a sorbos el café, masticaba el bikini (mixto) sintiéndome un voyeur al indagar en las publicaciones de terceros hasta tropezar con el espacio del genial Elías Moro, done aparecía el siguiente aforismo: «Hoy me duele lo de siempre como nunca» Sigue leyendo

Cuatro líneas sobre ‘Los hombrecitos Hasselbald’

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[cuadrar una isla en un desierto inundado. La sal avanza y no hay más alternativa que el silencio de las sombras que se proyectan en el horizonte…]

UNO: puede parece que no, pero en las letras hay la sombra de una muerte temprana, un campo de trabajo y pájaros rodeando un nido definitivo. También, secuelas. DOS: cuando tecleo Gerard Fieret en Google, en la casilla de también se buscó aparece Vladimir Putin. Fieret fue un genio incomprendido: alguien que hizo de una aparente debilidad una coraza para revestir su obra. La evolución de los iniciales dibujos y poemas culminaron en una obra fotográfica cómplice y en la línea de la polémica: no ha sido hasta bien entrado, despidiéndonos casi del siglo XX cuando su obra fue reconocida y valorada por las principales galerías. El dato de Putin es macabro: la mínima comparación entre el artista y el jerifalte provoca ardor de estómago. TRES: en la línea D0_qN6cXcAAGiPcde la imagen, la temática queda definida: hay una gran estantería en donde encontramos diversas gavetas que se abren y cierran de manera intermitente: la mujer, comercios, la monotonía del paisanaje, escenas callejeras. El armario de Fieret hay un mundo parco en colores y donde la diferencia radica en la esquina de los detalles. CUATRO: el fotógrafo sabe jugar: no necesita recursos grandilocuentes para enhebrar un poema. Prescindir es un verbo aliado en la lectura: atrás queda la ortografía, la sintaxis -erratas y faltas de ortografía también- y se abre camino la sencillez.

Los hombrecitos Hasselbald (antología poética + textos encontrados de Gerard Fieret) ha sido publicado recientemente por Kriller 71. La edición corre a cargo de Nanne Timmer. En mayo, presentación oficial en Barcelona.

Espinacas a la catalana

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Hay un inicio común en muchos platos: el chorro de aceite y dos dientes de ajo laminados sobre una sartén lo suficientemente amplia para rehogar un buen manojo de espinacas cuando el oro líquido estalle en ligeras burbujitas. Las espinacas protagonizan dibujos, hambrunas y miedos: la primera vez -y única, espero- que he visto el miedo en los ojos de un buen amigo, poeta, fue una calurosa noche de mayo ante el templo de Diana: las espinacas, las acelgas; no así la escarola, son alimentos malditos para algunos y mejor no toquetearlos demasiado. Algo así como mi relación tortuosa con los higadillos de cerdo con pimientos.

La tradición conocida como receta dice que a mitad de cocción, justo cuando las hebras verdes empiezan a mostrarse endebles, se debe ofrecer sal a la verdura y acto seguido añadir las pasas y los piñones. Como todo, los piñones viven en la aleatoriedad del campo y de los valores de mercado; así que siempre existirá la posibilidad de sustituirlos -previo aviso al comensal si no es uno mismo- por almendras crudas laminadas. Piñones o almendras, cuando empiecen a mutar del blanco al marrón y jueguen con el verde del vegetal, enredándose entre el modelismo ligero de los brotes. Sigue leyendo

‘La elegida’ (un poema de Sofía de la Vega)

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[la normalidad es llegar a casa a las ocho y escribir o ver la tele. Cenar, volver a escribir o leer. E irme a dormir. Antes de dormir tengo que leer, y mientras leo -ahora a Sofía de la Vega-  abro una botellita de agua con gas aderezada con algo de fado: no mucho, sin abusar. Únicamente lo suficiente…]

La elegida
Hoy fui a misa con mi mamá. Los chicos
de la facultad siempre dicen no creás
y yo les cuento que tengo miedo al diablo
y no a los ladrones. Abro la cortina del baño
aunque no me esté por bañar pero no
miro atrás cuando me bajo del colectivo.
Son las veces que elijo los nombres de quienes
me llorarían y, a veces, me sorprende, los imagino
muy feos. Cuando era chica quería vivir
una vida rápida y tener un hijo a los 14 años.
Pensaba que así viviría la mayor parte con él
y no lo dejaría solo. Todavía quiero ser madre pero
no sé si me interesa mi muerte. Me interesa
si el diablo aparece, aunque dicen que no existe
sólo si lo creés. Los ladrones no son nada
terroríficos si pensás en esos camisones blancos
que usaba Emily Rose en la película. Nunca
me pareció una posibilidad no rezar aunque
con los años es más difícil creer en Dios. Antes
sentía que Jesús quería que fuese su elegida.
A los 10 le dije que me asustaba y que prefería
una aparición de la virgen antes que la suya.
por eso no me volvió a hablar.

[poema extraído de La idea es vivir cerca pero no encima (Liliputienses, 2019) de la poeta argentina Sofía de la Vega (San Miguel de Tucumán, 1993)]

 

Semanas de poesía

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[marzo matador, inicio de primavera y gestora de los cambios de hora… comenzamos de nuevo]

El fin de semana del 15 al 18 de marzo estuve en Madrid. Tuve tiempo de estar con Naza Díaz el viernes y con Esther Muntañola el sábado, con la suerte de conocer a Eva Yárnoz y Víktor Gómez. A Naza le van bien las cosas con su editorial,en pleno proceso de maduración. El mismo sábado recordé una vieja máxima: la poesía está escrita para todos, pero tenemos que pararnos a pensar quién escribe poesía. También que… hay quien escribe versos y lee en público -y escribe libros- como quien tira pianos por un quinto piso: sin pensar.

El jueves 21 y viernes 22 de marzo) Leonor impartió un taller de poesía en el colegio, con niños de primero y sexto de primaria. Pese a los seis años de diferencia, los chavales atendieron, leyeron y se interesaron de sobremanera por la poesía; algunos incluso compartiendo sus versos -que leyeron en público a otros compañeros del colegio- ante nosotros. Muchos de sus versos no dejaban de ser, en su mayoría, rimas sencillas con destellos y tics que hacía que recobrara cierta esperanza: de los ocho libros que llevamos en la última sesión, seis los dejé a los alumnos porque querían leerlos, tomar notas y apuntar poemas. Cautos, en sus sofás ojalá sonrieran Eugénio de Andrade, Fernando Pessoa, Mello Breyner o Campos Pámpano…

De mis peques de primero, queda pendiente de programar un volante de aforismos -realizados por ellos- en la semana cultural del colegio, a finales de mayo.

La semana pasada estuvo Marino González Montero en Tarragona. Caprichos de marzo -sueño retrasado, cansancio, trabajo a mansalva- no pude acudir a la puesta en escena de Aldephoe en el Camp de Mart. Habrá mejor ocasión, espero.

No sé si queda mejor ‘Aterrizajes’ o ‘Fuga de capitales’. No tengo yo la última palabra: estoy impaciente.

 

Identidad infantil

Jola

Una de las cosas más bonitas -y crueles- que le puede pasar a una persona en la vida es trabajar con niños. Ayer, Anna y Clàudia, con toda la inocencia que transmite la piel fina de dos niñas de seis años,  formularon una pregunta tan inesperada como punzante.

– Xavi: i tu…. d’on ets?

Nadie lo sabe (sabía), pero formularme esa pregunta me provoca una crisis de identidad descomunal: no ya por mi nombre -hasta los doce años no me convertí en Xavier- o mi apellido -con dos eses y dos erres-, sino porque busco en mi particular mapa de afectos el lugar que ocupo en el mundo. Badajoz está lejos y borroso. Tarragona es un presente agridulce. Lisboa es saudade -cómo no-. Sumemos que, soy rayano por accidente. Todos mis hogares fueron alguna vez pasado..

Hay preguntas de niños que enjugan las pupilas.

Cómo explicar nada, si no encuentro el lugar exacto done viví.

Admiro la facilidad que tienen los mayores para asegurar que son de tal pueblo cincuenta años después de haberlo visitado por última vez.

“La patria son aquellas personas que uno quiere”. Mi patria son pasaportes y billetes de tren.

Las preguntas más complicadas, aparentemente, no buscan llamar la atención.

– Petites, al lavabo, va..

Foto: Jola.

‘Selfie’ (un poema de Víctor Peña Dacosta)

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[todo comenzó cuando en Expoesía 2018, Lidia López (de Lastura Ediciones) nos confundió. Él era Xavi; yo era Víctor. Más perdido que un pato en un garaje con algunas cosas que ella me decía, decidí romper el mágico momento, declarando quién era en realidad. No me gusta ser un impostor: aunque tenga algo de gamberro, llegar a su sano nivel es imposible…]

Selfie
Un hombre corriente que posa
la vida, simula la foto y congela
su sonrisa enfrentando el negativo
de la cámara y vuestras miradas.

Como un mártir aguarda el relámpago
aislado frente a una multitud inhóspita.

Sabiéndose perdido de antemano.

Autorretrato del héroe contemporáneo
hundiéndose en estos tiempos de mierda.

Pero no está solo: le acompaña
y casi parece protegerle desde abajo
una mujer de sonrisa menos forzada,
resiliente de la luz y las sombras.

Por suerte el picado deja ver su escote.

Al fondo, un amanecer rojizo,
que si no es apocalíptico lo parece,
despliega nubes amenazadoras
sobre un sol agonizante que bosteza.

Se equivocaba Lennon, se equivocaba
o, al menos, se pasó de listo:
la vida es, simplemente, aquello que pasa.

[poema extraído de Piedra de toque. 15 poetas emergentes en Extremadura (ERE, 2017)]