Una historia sobre raíles

Serie: 7 de 21
Destinatario: Irina Kum
Remitente: María José Garrido

[imagínate ir al cole en uno de esos cacharros encantadores de madera, una de esas cosas que gustan a niños y mayores. Imagínate que sube un desconocido a tu lado y empieza a leer en voz alta un cuento; o un poema. O simplemente cuenta una historia de la ciudad en la que vive. Un día, ¡solamente un día al año! llena de magia la caja donde van muchos a la escuela, van a hacer la compra, se dirigen a la oficina o simplemente utilizan el eléctrico -¡ojo! en Lisboa no lo llaman tranvía- para visitar cómodamente la ciudad. Ojalá la próxima vez que visites Lisboa tengas la suerte de oír esas historias, esos poemas. Y sentirte única al hacer un viaje corto o largo sobre los raíles del eléctrico…]

Los amos más crueles

Serie: 6 de 21
Destinataria: María José Garrido
Remitente: Olga Ayuso

anfm.png“No vale decir “Hay que hacer propaganda entre las mujeres, hay que atraer a la mujer a nuestros medios”, sino que hemos de tomar la cuestión desde más lejos, desde mucho más lejos. En su inmensa mayoría, los compañeros -hagamos la excepción de una docena bien orientados- tienen una mentalidad contaminada por las más características aberraciones burguesas: mientras claman la propiedad son los más furibundos propietarios. Mientras se yerguen contra la esclavitud, son los amos más crueles. Mientras vociferan contra el monopolio sin os más encarnizados monopolistas. Y todo ello se deriva del más falso concepto que haya podido crear la humanidad. La supuesta “inferioridad femenina”. Error que tal vez nos haya retardado siglos de civilización.

El último esclavo, una vez traspuestos os umbrales de su hogar, se convierte en soberano y señor. Un deseo suyo, apenas esbozado, e suna orden terminante para las mujeres de su casa. El que diez minutos antes tragaba toda la hiel de la humillación burguesa se levanta como tirano haciendo sentir a aquellas infelices toda la amargura de su pretendida inferioridad.

Lucía Sánchez Saornil

 

Gatos de armas tomar

gatSerie: 5 de 21
Destinataria: Olga Ayuso
Remite: Eugenio Sánchez Salinas

Quizá estemos condenados a vivir en el mismo espacio, a ser flexibles para tolerarnos el uno con el otro y así progresar dentro del espacio público. Quizá así, sin más, tengamos que ser laxos los unos con los otros como son ellos rapaces y ligeros en campo abierto. Quizá por ello nunca se domestican, sino que aprenden cierta costumbre dentro sus comportamientos mundanos de calle oscura con restos de espinas de lado a lado.

Quizá tozudos y temerarios a la par que holgazanes y caprichosos son tan fríos y calculadores, tan capaces que son capaces de hacernos creer que somos los humanos los que les elegimos cuando en realidad con su mirada de acero dejan bien claro que definitivamente son ellos los que eligen. Desde el Antiguo Egipto los gatos no entienden de imposturas.

La memoria del descubrimiento

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Serie: 4 de 21
Destinatario: Eugenio Sánchez Salinas
Remite: Carmelo Mendo

“Lisboa hay que verla en el tiempo exacto de un sollozo. Verla toda entera con la primera luz del amanecer, por ejemplo. O verla bien completa con el último reflejo del sol sobre la Rua da Prata. Y después llorar. Porque uno, aunque sea la primera vez que la ve, tiene la impresión de haber vivido antes allí todo tipo de amores truncados, desenlaces violentos, ilusiones perdidas y suicidios ejemplares. Caminas por primera vez por las calles de Lisboa y, como le ocurriera al poeta Valente, sientes en cada esquina la memoria difusa de haberla ya doblado. ¿Cuándo? No sabemos. Pero ya habíamos estado aquí antes de haber venido nunca.”

Enrique Vila – Matas

Es posible enamorarse del caos

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Serie: 3 de 23
Destinataria: Itziar Mínguez Arnáiz
Remite: Judith Rico

Deja que te explique: hay una gran diferencia entre Lisboa y cualquier otra ciudad que puedas imaginarte: no son ni tan siquiera parecidas. En cualquier ciudad que no sea Lisboa la calzada y los adoquines son usados diariamente por los coches, están bien cuidados e incluso puede dar gusto conducir por sus calles. Pero en Lisboa… lo mejor que se me ocurre para describir sus calles es que en su día hizo no sé quién -ni quiero saberlo- un laberinto de caminos de tierra, chepas de arena y un río abriéndose camino a lo bruto por un costado, sobrevolaron la ciudad con una avioneta y lanzaron a lo bruto piedrecitas y adoquines desde las alturas. Es una ciudad con una organización tan ridícula que uno tarda en quererla toda la vida o bien se enamora de ella al instante.

La luz que rompe el prisma

Serie: 2 de 21
Destinataria: Carmen Hernández Zurbano
Remite: Carmelo Mendo

[está el mantra de la ciudad blanca cayendo sobre las colinas, desembocando sobre el Tajo sin afluente previo. Las enzimas de aquel flujo arrastran esa luz hacia un prisma que por fin ha conseguido destrozar el recurso sosegado de la claridad para estallar en una fiesta de colores en revolución, lamiendo las orillas como una lengua extrañamente ácida y mostrándose viva, alegre pero con la sombra gris de quien ha visto el suelo abrirse de golpe para asegurarse que toda vida renace de nuevo en la responsabilidad constante que puebla el tiempo]

La resistencia de Dona Graça

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Serie: 1 de 21
Destinatario: Gonzalo Hidalgo Bayal
Remite: Judith Rico

Al final del mercado de Alcântara hay un puesto de pescado que combate de forma precaria con una cadena de supermercados por mantenerse a flote. Entre sus azulejos blanquecinos y los mostradores, que recuerdan tímidamente a los antiguos puestos de la Plaza de Abastos de Plasencia, extiende una fina capa de hielo picado y coloca sardinas de un tamaño desconocido cruzando la frontera del río Caia. Sé que antiguamente, mucho antes de la globalización y la gentrificación amenazaran el empedrado portugués, cada fin de semana había peregrinaciones para acercarse a probar no únicamente las sardinas, sino cualquier manjar extraño al paladar extremeño por su tradición agrícola y su carencia de agua salada en la región. Ingenuos de miras muchos vieron en el Cristo de Elvas lo que años antes veían en el bar de los hermanos de Jesuino: un reducto exótico donde comer -o trapichear- a precio de ganga aquello que difícilmente podía uno paladear en la capital. Quizá Dona Graça, su pescadería, sean también un reducto que si bien aguanta a las puñetas externas en forma de hipermercado alemán que zancadillean su día a día reventando el mercado. Cuando compro algunos jaquinzinhos a la amable anciana siempre acabo por mirar su mirada queda pero sensible, amable pero confundida. A veces habla de su Mozambique natal con Dom Cássio, el florista de al lado, del que ya habrá tiempo de hablar algún día si el futuro lo permite. En Mozambique, la palabra futuro, decía Dona Graça, nunca ha existido.