Esperando las noticias del agua, de Basilio Sánchez

ub. la cruz del surEl próximo martes 12 entregan a Basilio Sánchez el III Premio Centrifugados al mejor libro publicado por un extremeño en 2018. El cacereño ha sido -y es- referente silencioso sin la estridencia de capitales y marcas: no le hacen falta -y dudo que las necesite-. Sin discusión posible, es uno de los mejores poetas actuales que hay en la península.

Esperando las noticias del agua (Pre-Textos, 2018) como ya comenté a finales del año pasado, fue uno de los libros que más me gustaron del año pasado. Sánchez provoca que leer sobre el amor sea una práctica hábil, satisfactorio y hábil. En el libro, el agua, sus extensiones y límites son el medio para mostrar una relación de amor con palabras que son la mueca del sentimiento, evocadoras de otros tiempos y realidades: la sal contra lo dulce del agua de río; el desierto como extensión del vacío y la calma; el lugar donde Sigue leyendo

Raíz de niño muerto, de Naza Díaz

9788494886652Antes de marchar a Lisboa de vacaciones de navidad recibí Raíz de niño muerto, de Naza Díaz. A lo largo del vuelo y desde hace unos días he ido revisando algunas de las notas que apunté en su día; para refrescar el contenido de la lectura.

La primera sensación que tuve al hojearlo es que hay una intención muy profunda en el libro, pero al igual que puede sacudir fuerte de un inicio, tanta fuerza puede llegar a desbordar. Sorprende la cantidad de citas que hay en todo el poemario, algunas incluso demasiado extensas -a mi gusto, y eso que en el libro hay unos versos míos encabezando un poema-. Realicé dos lecturas: la primera sin leer ninguna y una segunda algo más detallada y leyendo el prólogo, extrayendo como conclusión de que muchos poemas son eclipsados casi al al completo por algunas citas.

Es de agradecer el esfuerzo y el juego de la memoria del autor: los paisanajes, la recreación de una imagen artificial, el deseo; incluso la duda. En la recurrencia del contenido -la infancia, el dolor, recuperar el tiempo perdido; temas manidos en la poesíadescarga y últimamente en boga- hay destellos de lucidez. Estamos ante un libro trabajado, sin duda; pero la complejidad de diferir, de mostrar algo diferente a lo ya leído condiciona mucho la percepción del contenido de los versos.

El estilo del libro es directo, a caballo entre la nueva poesía y una voz más tradicional. Hay guiños a la tercera persona, la primera del singular mantiene un registro contundente a lo largo del poemario.

El estreno de Naza Díaz -si no se tiene en cuenta Nuestra teoría del caos– es un ácido ejercicio de memoria que intenta poner en su lugar las cosas: son piezas móviles que no siempre encajan en el lugar donde están: ante todo lo dicho quizá todavía quede algo de trabajo, picar piedra, para encontrar la raíz. Y una vez allí, cuidarla para que todo germine. Todo llegará.

 

Carne de leviatán, de Chus Pato

51po+F8qRXLQue Chus Pato (Ourense 1955) ha sido uno de mis descubrimientos del año, es sorprendente. Y que haya conocido su poesía en la periferia es más sorprendente todavía. Poetas extraordinarias en lugares extraordinarios es una bella casualidad que ya me gustaría que se repitiera pronto…

Quizá sea Carne de leviatán (Amargord, 2016) un poemario que me ha descolocado especialmente. Acostumbrado a un uso coloquial y más llano de la palabra, sumergirse en la poesía de pato es revolcar los principios del lenguaje, acercarlo a aquella literatura atlántica desconocida, mostrada por editoriales que traen de américa nuevas ideas que rompen la idea preconcebida que tenemos de poesía. Chus Pato junto con Ángel Cerviño -curiosa e interesante dupla gallega- parece que escriben desde un exterior, fuera/ajenos  a cualquier tipo de dependencias (un logro)

Pato erige el poemario a partir no entiende de límites en el lenguaje y por eso la imaginación difumina cualquier barrera posible. Cualquier espacio es válido para hacer jaque a la sintaxis, al idioma: y dentro de tal agitación surge un espacio para la convergencia, donde la utopía y también los paisajes entran en juego. La ourensanacp estruja el léxico, estira hasta el extremo un mundo raído y cuestiona la palabra rebozándola de utopía en el abismo. Asumir la lectura es asumir que uno está pisando una frontera de tiza que puede ser borrada con la punta del pie sin demasiado esfuerzo. Salir con interrogaciones resueltas pero que surjan con nuevas puede -y debe- ser un propósito de la lectura. Para despejarlas no hay más que desoír el murmullo frondoso de los busques y luchar contra el imaginario colectivo para desarrollar cada idea, más allá de las convicciones propias.

No sé si la palabra nos llevará a cumplir muchos sueños, pero Chus Pato abre una puerta que no se puede cerrar sin dudar del camino que la palabra es capaz de vertebrar.

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Foto: con la autora en Centrifugados 2018.

La bicicleta del panadero, de Juan Carlos Mestre

LBDPFuera de toda duda, Juan Carlos Mestre (1957 – act) es uno de los mejores poetas españoles que hay. Y lo que es más importante todavía: se le puede considerar poeta -con mayúsculas o sin mayúsculas, ahí entra el gusto de cada uno- de la cabeza a los pies. Estoy acabando de leer La bicicleta del panadero (Calambur, 2012) y no arriesgo si digo que es uno de los poemarios más contundentes que he leído en mucho tiempo.

En una época donde la concisión y la brevedad está en auge, Mestre ofrece un desfile de cotidianidades en carne y hueso, desarrollados en ambientes fríos y húmedos (¿bercianos, quizá? donde emerge la dignidad apedreada y solitaria, pero siempre coherente y justa. Arriesga con la palabra y rehuye de la simplificación, apostando por la exploración en el imaginario, alzando del silencio a anónimos en la sombra. Leer a Juan Carlos Mestre enriquece, porque es capaz de dibujar en sus textos un universo que traspasa al lector sin que tenga que cerrar los ojos. Los poemas, muchos abrazando lams3 prosa, se adentran más allá de la inmediatez y la obviedad: juega con lo cotidiano, hace partícipe a los nombres de sus versos como elementos constantes en ellos, aderezándolo de píldoras culturales, guiños a conocidos y enumeraciones sugerentes.

Aceptar -porque los libros a veces entienden de negociaciones- la lectura de La bicicleta del panadero significa adentrarse en un mundo bipolar: con parajes funestos, duros; y por otro inocente e inofensivo. El libro es un menhir tallado de forma detallada con las palabras y la emoción como la poesía del berciano; con una imaginación fuera de lugar, única en cadencia. El poeta alicata una realidad con sus versos, reconstruyendo con su mirada privilegiada una realidad que no espera otra cosa que no sea a maravillar al lector a la vez que, como pasa con los buenos poemas, hacer pensar.

Cuatrocientas setentas páginas de poesía.

[“Perdiste el elefantito de oro que te regaló tu madre en septiembre
del 56
y el de lapislázuli que te regalé yo al cumplir los diecinueve.
Perder un elefante establece algún tipo de vínculo con la superstición,
Violeta Parra había extraviado el suyo entre el serrín de la carpa
la tarde del escopetazo, años despuñes lo encontró su hermano,
Nicanor,
pisoteándole el jardín a un poeta al que le habían dado el Nobel.
Tarde o temprano, la felicidades termina siempre por no encontrar
a su dueño.”

Y como colofón: Mestre entiende y sabe de elefantes. Una delicia de hombre.]

Descoser la cesárea, de María López Morales

dlcNo suelo leer ningún prólogo y no ha sido este libro la excepción. No por prejuicios o dudas ante la redactora del mismo sino porque quiero tener la sensación más limpia en su lectura, sin que nadie me condicione. Lo cierto es que Descoser la cesárea (Entropía ediciones, 2018) es un ramalazo versal húmedo que golpea una puerta acosada por voces demasiado altivas de su generación.

María López Morales habla en femenino en su libro, no cabe esperar menos ni nada diferente, porque la carga de la identidad femenina, entendida como inicio de un todo que es el mundo está presente en el poemario. Un inicio que puede ser devastador [“(…)Mi regazo también se ha secado, // la placenta sigue vacía, // alimentándose de la leche // de la que sólo mis hijas // deberían beber (…)”]. Un inicio carnal, visceral y necesario que da cabo a un paréntesis de recuerdo en forma de ordre con tres movimientos, profundo sentido hacia la mayor perdida posible. Sigue leyendo

Carpintería de armónicos, de Mario García Obrero

ogmLe tenía ganas. Mucho se ha hablado de Mario García Obrero (Getafe, 2003) y su Carpintería de armónicos (Universidad Popular José Hierro – Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes, 2018). La semana pasada acabé de leerlo y después de las debidas notas afronto quizá una nota diferente a cualquier otra con la que me he encarado anteriormente. Diferente porque Mario, pese a sus quince años -quince- ha creado un libro lleno de ramalazos que abrazan una realidad cotidiana sin llegar a ser extraordinaria, pero uniforme y completa. Madura. Sigue leyendo

EP (Poemas de Salinger), de Roberto Valdivia

rvAviso a despistados: lean a Roberto Valdivia (Lima, 1995) ha creado un libro brutal: EP (Poemas de Salinger), publicado la pasada primavera por Liliputienses. Repito: hay que leer a Roberto Valdivia, con calma, sosiego: a mí me ha llevado meses hacerlo hasta que encontré el punto a la lectura necesario para adentrarse en un libro intrépido y moderno: fresco, en definitiva.

Digo intrépido porque estamos ante un poeta que juega con los límites. En la forma del verso -párrafo, podría llamarse- emerge un contenido moderno sin ataduras a cánones. Estamos pues ante un poeta íntegro que traza un contenido sencillo pero recargado de imágenes (“te dije que la vida me parecía un lugar lleno de espinas pero hermoso si estás lo suficientemente encima de los charcos”) que apabullan, se suceden y crecen en el desarrollo de un libro lleno de tics que podrían ser máximas nada cruentas e incomparables si no se arriesga a jugarse las pupilas al contraponerlo con cualquier poeta de la generación de la poesía de lo cuqui,10253239_1030238387002906_1948890075_n que fluye por el panorama poético actual en el país (“pondré mi brazo izquierdo abrazando tu torso y mi brazo derecho apuntará a una a estrella extinta que pensaremos aún existe” del brutal poema final Ellen, pag. 61)

En EP (Poemas de Salinger) Encontramos verdaderos giros culturales fuera de época, mencionando símbolos de otras décadas como Indiana Jones o los archiconocidos Artick Monkeys, pasando por Sylvia Kristel, si nos remontáramos a los setenta -aquí añadiría también a Salinger, dejado en caída y suerte hace tiempo por desgracia-. Anécdota o no, ahí entra la capacidad del poeta de jugar con nombres y hacerlos suyos en el poema; dominar la influencia sin perder la distancia requerida para no desprestigiar el ritmo de una poesía atrevida y sincera. Decidida si cabe a jugar con verdaderos símbolos como Freddy Mercury o una descripción de la habitación, de cómo adueñarse de su propio “gran hermano”.

Real o no la realidad autobiográfica, Valdivia saca a relucir una potencia en su obra difícil de comparar con otros compañeros de generación, sacudiendo el relato conservador que la crítica insensible prolonga en revistas y semanarios que niegan espacio a todo aquel al margen de las “grandes escuderías” y que muchos merecen como altavoz a una obra inicial sincera y coherente.