Memoria de la enfermedad

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Cuando nos conocimos -Dios y yo- había pasado por un cáncer, hace siete años, y tenía que pasar las revisiones obligatorias. Cuando me hicieron un examen, tenía un tumor en cada uno de los pulmones. Diferentes el uno del otro. Me operaron. Tuve suerte al ser tratado por una persona excepcional que ya me había tratado del otro y que me dijo: “te voy ha hacer un tratamiento de quimioterapia que puede provocarte complicaciones, pero aún así te curarás.” La terapia fue muy, muy violenta. Fueron cuatro meses horribles en los que no me podía mover. Y, al mismo tiempo, extraordinarios. En la otra ocasión había hecho un tratamiento de quimioterapia oral y esta vez fue inyectada; en una sala muy grande del Hospital de Santa Maria, llena de gente, de todas las edades, muchachas de dieciocho años con pelucas, y una vez más me sorprendió la extraordinaria dignidad de las personas. No se escuchaba una sola queja, no había lágrimas… y estaban contentos de verme allí. Sigue leyendo

Insultos

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Insultos
Mangurrián, cafre, meapilas, abrazafarolas, vendeburras, gañán, pordiosero, mentecato…

[insultos que al ser mascados dejan un regusto añejo en la boca con toques de nostalgia…]

Triángulo Gmail

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[a las aves necrófagas les atrae más el calor por aquello de que favorece la descomposición. Pero a mí me tira más el calor porque es el momento de leer con calma a Ferrer Lerín]

A descubre el blog de B.
A investiga quién es realmente B.
A escribe a B.
B pregunta a A quién es.
A se niega a decirlo.
B acepta una relación electrónica con A pese a hallarse en desventaja.
C conoce, dada su labor de vigilancia y protección de B, la relación entre A y B.
C sabe quién es A pero no se lo comunica a B.
B informa a A de la existencia y del papel de C
A llora al ver que la confidencialidad del correo con B ha sido violada.
A dinamita la relación y los proyectos comunes con B.
B muere de pena.

Besos humanos
Francisco Ferrer Lerín

No era suficiente

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A lo largo de la calle te persiguen los faroles. Voy hacia el lavabo, enciendo las luces del pasillo; en la pila me froto con agua helada las arrugas que surcan mi cara. Me tapo las vergüenzas, voy desnudo, con una toalla a modo de faldilla escocesa mientras completo la simbiosis de las Highlands en el apartamento preparándome un doce años con limón ya en la cocina. En la habitación me siento en un taburete apoyado en un resquicio, mirando hacia el horizonte indirectamente: Rodin tendría un buen modelo para crear su pensador de nuevo. Atraviesas una ciudad que no te espera mientras voy recogiendo cadáveres de látex amarillento que impidieron la unión perfecta, la única unión posible en una noche para los dos. Y aunque la lluvia no fue suficiente y el vino se quedó corto, la única constancia de nuestro amor son esos cadáveres que ahora anudo y que en su interior recluyeron una esperanza de vida. Cierro los ojos cuando atrapo las formas escurridizas y los voy añadiendo uno a uno a la bolsa de basura, mientras tú marchas a la estación presurosa. Antes de dormirme de nuevo decido recordarte reciente ahora que puedo mientras el frío nos transporta a destinos antagónicos.

Los españoles por dentro

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“La verdad es que los españoles no ofrecemos demasiado interés en lo que se refiere a “matización psicológica”, e inevitablemente tampoco lo ofrece nuestra poesía. Asombra comprobar de qué pocas cosas está hecho por dentro un español: somos muñecos de resorte, y así resulta aburrido nuestro trato y de extremosa y de simple nuestra literatura. Nuestra intimidad es esteparia, inmemorial. Eso es sobre todo desconcertante en personas que poseen una refinada organización sensitiva y no escasa inteligencia, como Bousoño. Las raras veces que me he introducido -subrepticiamente, por supuesto- en el fuero interno de un compatriota, he pensado siempre en esos gabinetes provincianos, someramente amueblados con un gusto que no es atroz porque ni siquiera es gusto, en cuyas rígidas sillas nadie jamás se ha sentado, en donde nadie jamás ha dicho nadie algo discreto, educado y cordial. El gabinete, con su olor a cajón de armario vacío, espera por los siglos de los siglos a las visitas que no llegan. ¿Y a quién se le ocurriría llegar? Ese limbo es un despidehuéspedes.”

Diarios 1956 – 1985
Jaime Gil de Biedma

El laberinto de la mujer

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“La mujer vive presa en la imagen que la sociedad masculina le impone; por lo tanto, sólo puede elegir rompiendo consigo misma. “El amor la ha transformado, la ha hecho otra persona” suelen decir ellos y ellas de las enamoradas. Y es verdad: el amor hace otra a la mujer, pues si se atreve a a amar, a elegir, si se atreve a ser ella misma, debe romper esa imagen con que el mundo encarcela su ser y coarta su libertad.”

El laberinto de la soledad
Octavio Paz

 

La despedida del presidente Neto

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“Voy a despedirme del presidente Neto. El presidente vive en las afueras de la ciudad, en un chalet construido en la cima de un acantilado que se levanta sobre una pequeña bahía con muchas palmeras. El lugar en cuestión se llama Belas. Lo visité varias veces cuando iba en busca de una entrevista. Neto siempre me recibió de buen grado y gustoso, mantuvo charlas informales pero se resistía a concederme la dichosa entrevista. Hasta que finalmente dio su brazo a torcer. Fue en septiembre o en octubre, en los días más difíciles. Creo que se negaba a concedérmela porque decir algo optimista en aquel tiempo resultaba en verdad harto difícil. Hablamos de poesía; yo llevaba conmigo el último volumen de sus versos, publicado en Lisboa aquel mismo año: Sagrada Esperança. Me los sabía de memoria. Neto se quejaba de que desde hacía mucho no tenía tiempo para escribir poesías, a la vez que señalaba con la cabeza el mapa que colgaba de la pared, con sus banderitas verdes y amarillas que indicaban las posiciones del FNLA y de UNITA (…) Sigue leyendo