Diario* (un poema de Julia Laberinto)

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[el tiempo sirve como moneda a la hora de otorgar de un valor justo las cosas más insignificantes]
.
Diario (*)
Me alejo del significado
Miro impotente las luces y me doy cuenta del florecimiento de la distancia,
del esplendor de la ingravidez sentimental.
El tiempo pasa mientras contengo una infección que ensombrece mi juicio.
Mis últimas fuerzas serán para evitar que los demás vean mi alma.
Si pudiera explicar que soy un ser que solo puede conocerse desde dentro.
Que los que se obsesionan con visitar mis superficies nunca abrirán los ojos
para tomar el interior.
Pero ojalá tú que me miras con ternura inevitable, pudieras disfrutar de mis
aguas un día de mar en calma.
Pediría curarme si eso no supusiera el final de mi aproximación a transcribir
una tormenta. 

[Julia Laberinto (Julia Sánchez; Madrid 1996 – act) es estudiante de medicina. Sigue inédita en papel… por poco tiempo]

Foto: Noelia Pellejero / Julia Laberinto

Nota: el poema pertenece a la serie de entradas tituladas Diario, que va subiendo la autora a su página de Facebook…

La bicicleta del panadero, de Juan Carlos Mestre

LBDPFuera de toda duda, Juan Carlos Mestre (1957 – act) es uno de los mejores poetas españoles que hay. Y lo que es más importante todavía: se le puede considerar poeta -con mayúsculas o sin mayúsculas, ahí entra el gusto de cada uno- de la cabeza a los pies. Estoy acabando de leer La bicicleta del panadero (Calambur, 2012) y no arriesgo si digo que es uno de los poemarios más contundentes que he leído en mucho tiempo.

En una época donde la concisión y la brevedad está en auge, Mestre ofrece un desfile de cotidianidades en carne y hueso, desarrollados en ambientes fríos y húmedos (¿bercianos, quizá? donde emerge la dignidad apedreada y solitaria, pero siempre coherente y justa. Arriesga con la palabra y rehuye de la simplificación, apostando por la exploración en el imaginario, alzando del silencio a anónimos en la sombra. Leer a Juan Carlos Mestre enriquece, porque es capaz de dibujar en sus textos un universo que traspasa al lector sin que tenga que cerrar los ojos. Los poemas, muchos abrazando lams3 prosa, se adentran más allá de la inmediatez y la obviedad: juega con lo cotidiano, hace partícipe a los nombres de sus versos como elementos constantes en ellos, aderezándolo de píldoras culturales, guiños a conocidos y enumeraciones sugerentes.

Aceptar -porque los libros a veces entienden de negociaciones- la lectura de La bicicleta del panadero significa adentrarse en un mundo bipolar: con parajes funestos, duros; y por otro inocente e inofensivo. El libro es un menhir tallado de forma detallada con las palabras y la emoción como la poesía del berciano; con una imaginación fuera de lugar, única en cadencia. El poeta alicata una realidad con sus versos, reconstruyendo con su mirada privilegiada una realidad que no espera otra cosa que no sea a maravillar al lector a la vez que, como pasa con los buenos poemas, hacer pensar.

Cuatrocientas setentas páginas de poesía.

[“Perdiste el elefantito de oro que te regaló tu madre en septiembre
del 56
y el de lapislázuli que te regalé yo al cumplir los diecinueve.
Perder un elefante establece algún tipo de vínculo con la superstición,
Violeta Parra había extraviado el suyo entre el serrín de la carpa
la tarde del escopetazo, años despuñes lo encontró su hermano,
Nicanor,
pisoteándole el jardín a un poeta al que le habían dado el Nobel.
Tarde o temprano, la felicidades termina siempre por no encontrar
a su dueño.”

Y como colofón: Mestre entiende y sabe de elefantes. Una delicia de hombre.]

En Versos al Paso (Madrid)

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[gracias también a Judith Rico. Sin su complicidad no estarían en las calles…]

El lunes al mediodía mientras iba a La Pobla de Mafumet -un día hablaré de mi pluriempleo en lo social– me llegó la imagen vía Juan Manuel Ramírez Paredes (todo el mundo pendientes de la salida de su libro, el día veintisiete, por favor) Los versos pertenecen a la invitación abierta a editoriales y particulares del colectivo Boamistura para realizar la acción Versos al Paso en Madrid.

Los dos versos asfaltados están ubicados en la Calle San Jaime (Vallecas). La próxima vez que vaya a la capital del imperio tocará hacerse la foto de rigor… sin entorpecer demasiado el tráfico, claro…

Nota descabellada: a ver si alguien se atreve: las primeras dos personas que se hagan una selfie con los versos, tendrán un pequeño detalle de mi parte.

Foto: modificada. Original de @maryadiana (instagram)

Caridad (un poema de Carmen Hernández Zurbano)

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[en todo el horizonte, allá donde veis la felicidad se destapa la tierna infancia del mañana: en el sacrosanto imperio de los ladrones de sonrisas y señores de patios de arena]

Caridad
Cada mañana abrigo la esperanza de que el hombre más dulce del mundo
me tome por su segunda esposa
las madres de mis hijos atienden las gasolineras de la zona
y en las casas que no son la mía
los edredones huelen a campo y tienen
el mismo dibujo rosado que los de mi infancia

que me tape la cabeza con sus brazos el que quiera
que las algas se me enreden en el pelo cuando baje por el río
como a Virginia Wolf.

[Poema de Carmen Hernández Zurbano (Salamanca, 1976) extraído de Géiser (Editora Regional de Extremadura, 2011)]

Superviviente del veneno

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[invocarte en silbidos, abrazos; caerse de bruces en una realidad que duele y que desea algo más que una caricia. Es así la paz de los manantiales pero no a la que aspiras realmente]

conservas aquella sombra oscura que cultivaste
cuando dejaste atrás la ruta del veneno

aún quedan gotas en tu boca de aquella extensión
cuando avanzaban los miedos
y temblaba tu mano izquierda sin motivo

hay tierra girando sobre tus pies,
una fuerza invisible te sostiene en el mundo,
cegando cada arco del puente que te vio caminar

en otra ocasión la realidad mirará hacia otro lado,
como responderá siempre el cardumen
a la invasión fugaz sobre los recuerdos.

hay una luz lejana en sus ojos que me impide saber todo, aunque no quiera saber todo.

Descoser la cesárea, de María López Morales

dlcNo suelo leer ningún prólogo y no ha sido este libro la excepción. No por prejuicios o dudas ante la redactora del mismo sino porque quiero tener la sensación más limpia en su lectura, sin que nadie me condicione. Lo cierto es que Descoser la cesárea (Entropía ediciones, 2018) es un ramalazo versal húmedo que golpea una puerta acosada por voces demasiado altivas de su generación.

María López Morales habla en femenino en su libro, no cabe esperar menos ni nada diferente, porque la carga de la identidad femenina, entendida como inicio de un todo que es el mundo está presente en el poemario. Un inicio que puede ser devastador [“(…)Mi regazo también se ha secado, // la placenta sigue vacía, // alimentándose de la leche // de la que sólo mis hijas // deberían beber (…)”]. Un inicio carnal, visceral y necesario que da cabo a un paréntesis de recuerdo en forma de ordre con tres movimientos, profundo sentido hacia la mayor perdida posible. Sigue leyendo

Carpintería de armónicos, de Mario García Obrero

ogmLe tenía ganas. Mucho se ha hablado de Mario García Obrero (Getafe, 2003) y su Carpintería de armónicos (Universidad Popular José Hierro – Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes, 2018). La semana pasada acabé de leerlo y después de las debidas notas afronto quizá una nota diferente a cualquier otra con la que me he encarado anteriormente. Diferente porque Mario, pese a sus quince años -quince- ha creado un libro lleno de ramalazos que abrazan una realidad cotidiana sin llegar a ser extraordinaria, pero uniforme y completa. Madura. Sigue leyendo