‘Selfie’ (un poema de Víctor Peña Dacosta)

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[todo comenzó cuando en Expoesía 2018, Lidia López (de Lastura Ediciones) nos confundió. Él era Xavi; yo era Víctor. Más perdido que un pato en un garaje con algunas cosas que ella me decía, decidí romper el mágico momento, declarando quién era en realidad. No me gusta ser un impostor: aunque tenga algo de gamberro, llegar a su sano nivel es imposible…]

Selfie
Un hombre corriente que posa
la vida, simula la foto y congela
su sonrisa enfrentando el negativo
de la cámara y vuestras miradas.

Como un mártir aguarda el relámpago
aislado frente a una multitud inhóspita.

Sabiéndose perdido de antemano.

Autorretrato del héroe contemporáneo
hundiéndose en estos tiempos de mierda.

Pero no está solo: le acompaña
y casi parece protegerle desde abajo
una mujer de sonrisa menos forzada,
resiliente de la luz y las sombras.

Por suerte el picado deja ver su escote.

Al fondo, un amanecer rojizo,
que si no es apocalíptico lo parece,
despliega nubes amenazadoras
sobre un sol agonizante que bosteza.

Se equivocaba Lennon, se equivocaba
o, al menos, se pasó de listo:
la vida es, simplemente, aquello que pasa.

[poema extraído de Piedra de toque. 15 poetas emergentes en Extremadura (ERE, 2017)]

Un poema de Ada Salas

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[al final, qué queda de nosotros si no hay ya incertidumbre, duda o desconfianza. Desconfiar es un derecho, algo más que un verbo, que ha de ser debidamente respetado…]

Un hombre extraño vino
a visitarme. Parecía
drogado
con un vino de muerte.
Me haría reina
dijo
en el nombre de Aquel-que-no-habla.

Y si de amor hablamos
dije

no me hables con palabras que no entiendo
mira que

no conozco
varón.

[poema extraído de Limbo y otros poemas (Pre-Textos, 2013)-precisamente, el poema aquí transcrito pertenece a la sección Otros poemas– de la poeta cacereña Ada Salas]

Recordatorio

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Adonáis y Valparaíso

No me gustan los premios -aunque alguna vez me haya presentado a alguno-. Cuando era ingenuo, joven (más joven, digo) y pude sacar un poquito la cabeza del hoyo he visto un páramo de favores, supuestas corruptelas y un grupo de nombres en una gran mayoría de premios. También bases surrealistas -¿qué sentido tiene presentarse con pseudónimo 49204386_2481919978487983_2552823376993320960_no lema si en la portada del poemario tiene que aparecer el nombre del participante?- y algún que otro chanchullo con carácter retroactivo. Pero cuando alguien a quien tengo cierta estima es la persona galardonada, intento dejar de lado algunas evidencias para dar paso a una tímida sonrisa de alegría. Me ha pasado con Marina Casado (Madrid, 1989) finalista del Premio Adonáis. Debo reconocer que la poesía de Marina al principio no me entraba; quizá demasiado recargada y clásica para mi gusto… pero, en segundas lecturas y descargado de prejuicios y puñetas, veo diferente, enriquecida. Marina sabe moverse bien entre la fina línea que separa un estilo clásico con otro más moderno. Los poemas que he oído leer a Marina, al menos, los últimos, irradian una fuerza juvenil más fresca, con guiños en color sepia sin poner en riesgo nada su honestidad (la poesía es un trabajo de honestos mentirosos, recuerden). A su favor juega un amplio conocimiento e movimientos, autores, obras y estilos que enriquecen una propuesta que, espero, poco a poco vaya consolidándose.

Pero también me alegro por Violeta Vaca (Huelva, 1991), galardonada con el Premio 46828827_10217102327408017_5076701423190671360_nValparaíso de poesía, del que fue ya finalista el año pasado. Si el Colectivo Addison de Witt estuviera de nuevo en activo, seguramente estarían con la mosca detrás de la oreja con la editorial y su particular juego de la taba. Valparaíso es una editorial interesante cuando trabaja con propuestas sobre seguro (léase Charles Simic o Montserrat Abelló: permitid que barra para casa) pero que flojea al tener gran parte de su catálogo un estilo juvenil. Violeta crea una poesía enraizada, de camino lo moderno y con un marcado tic de género necesario y nunca imprescindible. Posiblemente esté ante una poesía que me cueste más de leer -como con otras lecturas: me costó pillar el punto a Gamoneda pero ahora adoro al leonés- y no quiero pensar por falta de calidad, faltaría más.

Más allá de la alegría y la sorpresa que me producen las noticias sobre premios… tengo una cosa bien clara: todos los premios son como los elefantes: tienen una memoria prodigiosa.

[La foto de Violeta es de la poeta Esther Muntañola]

Inspección secundaria (un poema de Omar Pimienta

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[quizá la pesadilla del migrante no sea el vacío, el mar de concertinas o el más que asumido choque entre la ficción asumida como realidad. Quizá sea mentir por norma para sobrevivir…]

Inspección secundaria
El primer migra en interrogarme fue mi madre:

¿cómo se llama tu papá? Marcos Ramírez

¿cómo se llama tu mamá? Sara Pimienta

¿dónde vives? en Nacional City

¿a qué fuiste a Tijuana? a visitar a mi abuela

y así practicando antes del cruce
mucho antes de saber leer y escribir
aprendí a mentir mirándote a los ojos.

[poema de Omar Pimienta (Tijuana, México, 1978 – act.) extraído de Inspección Secundaria, cuadernillo editado por el Aula Literaria de la Fundación Pía de los Pizarro]

Un poema de Fernando Sanmartín

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[mi fondo de lecturas toma forma en un alto porcentaje -aproximadamente un 68%- con aquellos nombres que regalan los amigos a mis oídos. Tomar notas, aprender…]

SIETE por ocho, cincuenta y séis. Fue el número de
ventanas que tenía un edificio en Varsovia. Dormí junto
a una de esas ventanas. En Washington y en Budapest
también descubrí otros edificios que tenía cincuenta y
seis ventanas. Pero no dormí dentro. Es fácil contar
las ventanas de un edificio. Y las personas que se asoman.
Lo que no es fácil es contar las ventanas que hay en cada
persona. Y no hablo de lo irreversible-

[poema estraído de El peligro de los círculos (Isla de Siltolá, 2017), de Fernando Sanmartín (Zaragoza, 1959 – act). Cosecha del 59, como el gran Elías.]

Cumbreño en Maldita Cultura

Una de las mejores ideas que ha tenido la radio televisión portuguesa (RTP) ha sido la creación de Antena1 Fado. No me oculto: cada noche después de cenar abro una botellita de agua con gas o me hago un carioca de limón mientras escucho los cantos de la gente del mar (descripción del 1838)

Hoy, día de huelga general, he decidido adelantar las costumbres: el sol se pone, las burbujas el agua filtran las luces naranjas de la tarde y he decidido repasar poemas de un proyecto que va bien encaminado. En un descanso he leído la entrevista que ha realizado Maldita Cultura a José María Cumbreño: podéis leer la dosis diaria de poesía y sensatez clicando aquí.

[y el resumen, aquí. Entrevista realizada por María Pachón]

Un poema de Luca Argel

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[lunes de guardar reposo y paciencia: el martes será igual Nota mental pero pública: cuando el recurso que queda es el insulto es que se ha tocado donde más duele. Suerte de la poesía…]

Perdí 7 amigos en 5 días pregúntame cómo
porque me convenciste de que este universo
es sólo un gran (o quién sabe sólo un pequeño)
malentendido; porque hiciste de su cruz
un espantapájaros y de mi propia suavidad
un arma que no perdona; porque fuiste
el único melocotón en un plato de frutas de cera; y
porque nunca oíste hablar de los hanson ni
del jabón de snoopy; y porque después partiste
feliz de la vida sin darte cuenta de que una de las
siete cabezas de la bestia está herida de muerte.

[poema del poeta brasileño Luca Argel (Río de Janeiro, 2018 – act.) extraído de Me olvidé de fijar el grafito (Kriller71, 2015]