Resiliencia poética

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[que os veo venir, que estáis muy locos algunos: ni de coña hagáis caso a la imagen. Os conozco ya, que luego me fusiláis con anónimos en redes sociales…]

Siempre habrá dos grandes bloques (también malabaristas que juegan entre dos tierras). Aquellos que continúan con una tradición establecida, sin depender en muchos casos de una obra consolidada, tendrán más fácil obtener una relevancia dudosa de merecimiento sincero; y la alternativa considerada siempre desde en la frontera entre el buenismo y la falta de respeto. Si fuéramos quisquillosos encontraríamos sorprendentes redes sintéticas y naturales que conectan gran parte de la élite con la mediocridad. Puede parecer sesgado, pero hay debate para desmenuzar detalladamente cadenas de favores, nombres propios que no desean ser desplazados por las nuevas hornadas de poetas; el cambio descarado de modelo de gestión de algunos sellos -retirando la motivación cultural hacia un interés de subsistencia plenamente económico-. Igualmente es importante mencionar el boom indie: autores, editoriales, festivales, ciclos… gestionados por sellos y organizaciones que hacen bandera de una diligencia sin ataduras aparentes, donde algunas caen con los vicios de aquellos a los que se presentaban como alternativa.

¿Cómo hemos llegado a éste punto? una posible explicación sería que, la cultura es un elemento incómodo a la hora de racionalizar recursos: es más sencillo dar relevancia -de manera directa o no- a voces conformes que no repartir entre unos pocos y así silenciar en gran medida a la discordancia. La cultura nunca ha sido una piedra de toque en el estado español: haciendo un símil, la cultura como tal, siempre ha sido vista como aquel amigo simpático, progre de primeras, dispuesto a echar una mano cuando ha hecho falta… pero algo olvidada poco después cuando su presencia era cargante. Compensada claro con sabrosos pellizcos en forma de premios, festivales, suplementos, lecturas. Es decir: quien está dentro de la rueda, sea cual sea su rol, seguramente no moverá ni un ápice para evolucionar un sistema que ponga en jaque su posición.

La resiliencia poética, por suerte, cada vez es mayor. Es cierto que muchos que escriben desde ella desearían estar en una situación de poder, pero no hay movimiento sin secretos ni decisión sin fisuras. Por suerte, crece. A qué precio… es uno de los secretos en voz alta de la cultura estatal.

Nota 1: conclusiones extraídas tras la lectura de Descubrir lo que se sabe: estudio de género en 48 premios de poesía (Genialogías / Tigres de Papel, 2017) de Nieves Álvarez; Nuevas poéticas y redes sociales: joven poesía española en la era digital (Siglo XXI, 2018) de Remedios Sánchez y Decir mi nombre: muestra de poetas contemporáneas desde el entorno digital (Nandibú, 2019), seleccionadas por Martín Rodríguez-Gaona.

Nota 2: que haya leído dichos textos no significa que compartir muchos de los contenidos -autores, poemas, opiniones, valoraciones…- que aparezcan en los libros. Han sido una guía para reforzar, más si cabe, algunas de mis consideraciones previas.

 

Réquiem

Réquiem

[tras no ser seleccionado finalista en el concurso #CalíopeMira, decido publicar aquí el poema visual con el que me presenté. Bien detalladito]

Título: Réquiem (abril, 2019)

Materiales: tarro de cristal con su tapa correspondiente, pluma estilográfica LAMY desmontada, papel crema oscurecido con café, bien arrugado y troceado. Se vertió tinta negra en el poso del tarro de cristal y para dar empaque a la composición se introdujo greda volcánica extraída del volcán Santa Margarida, en las proximidades de Olot (La Garrotxa, Catalunya) Todo, sobre un doble cartón negro para impedir destello de luz y centrar así toda la atención en el contenido del poema.

Descripción: la pluma desmontada es una alegoría al constante crear-destruir de un proceso creativo, así como el papel crema una muestra de los borradores trabajados hasta que se consigue el poema definitivo. La tinta derramada tiene un doble significado: por un lado, recrea el esfuerzo de componer y las gotas dispersas, se referiría a todas aquellas palabras, libros, reseñas… que se escriben -o no- del autor. La piedra volcánica, por su composición y forma, hace de filtro; reteniendo en el fondo aquello que merece la pena (un poco de tinta, algunos trozos de papel, la plumilla) y manteniendo en la parte superior aquello prescindible… y que muchas veces está a los ojos del lector potencial. El recipiente y la tapa tiene un rol conservador: sea uno bueno o sea malo como sea, uno siempre tendrá cabida en la memoria de alguien la creación; valiendo la la pena el esfuerzo.

Postdata: digo yo que, si hubiera presentado una descripción más detallada… quizá habría corrido mejor suerte. O no. Demasiado tarde para pensar.

‘El libro portugués de los muertos’ (un poema de Sergi Bellver)

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[su familia fue muy valiente: permitir a la menina salir de casa con un completo desconocido fue demasiado para todos. Iba bien preparado: durante las semanas previas estudié presupuestos, transportes, comidas, alojamientos. Intenté llevar un cuaderno de ruta (extensivo a todo el agosto portugués, que podéis leer aquí) pero no fui capaz de escribir un solo poema. El país vecino estableces las normas: me deja leer a ratos, pero establece sus normas para escribir en verso…]

El libro portugués de los muertos
Estranha forma de vida la de los fantasmas
con los que me he encontrado en mis viajes
por esa tierra del desasosiego y la dulzura.

Mi primera y juvenil tarde de domingo en Lisboa,
cuando el eléctrico 28 doblaba por Escolas Gerais,
Álvaro de Campos, sentado al fondo del tranvía.
Solitarioa, ensimismado y al borde del sollozo,
parecía bendecir cada sábana tendida en Alfama.

En Porto, en los muelles del Duero, Ricardo Reis
tan impecable con su traje que nadie le supondría
recién desembarcado de un largo regreso del Brasil,
buscó un quiosco para ponerse al día, estoico
de todos los desastres e infamias de la república.

Durante un lento y hermoso trayecto en furgoneta
entre la punta de Sagres y Évora, como si él mismo
hubiera bautizado a cada uno de aquellos árboles,
Alberto Caeiro me señalaba sin decir palabra
los quejigares del Algarve y las dehesas del Alentejo.

De nuevo en Lisboa, en mi último viaje, del que,
ay, hace tanto tiempo como para lamentarme,
compartí mesa y debate en un café del Chiado
con Bernardo Soares, y enseguida llegamos
a un doble y feliz acuerdo: el progreso es un cuento
y, a los muertos, hay que dejarles hacer su vida.

[poema extraído de Gavia (El Desvelo Ediciones, 2019), el primer poemario de Sergi Bellver (Barcelona, 1971 – act)]

Cuando vean al POETA, preparen la escoba

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Poetas que están sin estar, escriben sin leer y hablan por hablar. En el imaginario de una sociedad centrada a la exportación de talento, una sociedad tierna cae en el defecto de encumbrar al primero que asegure que ha inventado la pólvora. Poetas que llenan antologías, foros y demás hojas de papel reciclado con una facilidad pasmosa, con una poética más consolidada que su obra, verde todavía. Poetas deseosos de entrar en la cadena de favores y entrar de pleno en el círculo vicioso de la dependencia que muchos indies tanto reniegan. Editores que tienen que estar allí porque son lo más.

Hay un valor surrealista a la distancia, cuando en realidad, es una muestra de cuánto ignoramos.

Cuando me piden consejo únicamente puedo sonreír amargamente: quienes desean seguir haciéndose trampas al solitario -ellos sabrán por qué- entienden que mi ambición fue amagándose poco a poco hasta casi desaparecer.

‘En el balcón del edificio’ (un poema de Mary Jo Bang)

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En el balcón del edificio
Nada de dormir ahora. Ya no hay pacto de sueño con morfina y la noche como aguja. Estamos despiertos, empujados el uno por el otro como si lo que quedara es todo lo que habrá. Nos necesitamos como si estuviéramos en una rama frágil que está siendo podada. Veo la huella de una cicatriz tenue sobre tu ceja izquierda. Entonces supe lo que era sentir. La caída agonizante.

[poema de Mary Jo Bang (1946 – act.)  extraído de Una muñeca para tirar (Kriller71, 2019)]

 

Cómo volver a casa

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[la entrada tenía que haber aparecido el pasado domingo 12 de mayo, pero por problemas técnicos -ya solucionados, previa compra de un nuevo equipo informático- no pudo subirse a la red. Perdonen las disculpas, decían…]

Leo a Mary Jo Bang mientras el Regional Exprés número 18057 corre desbocado por los acantilados de la costa el Garraf. El viernes, durante poco más de una hora fui un afortunado: creo que todos los que estuvimos en el Raval éramos conscientes de ello y por eso el silencio se agudizó más si cabe: era normal, y la culpa no era la conferencia en inglés -aunque hábilmente traducida, reservé las pocas fuerzas que me quedaban para esforzarme por entender a la poeta al natural: creo que lo conseguí-. Eché de menos tomar notas -la maleta, las prisas, el primer calor del año- pero suerte de la poesía: es de esperar que un poeta sea una hoguera y el crepitar de la resina con el fuego, el chasquido en sí, sea la poesía. Que un poeta se convierta en fuego es un ejemplo de que, al final todos nos convertimos en un algo: un recuerdo, una motivación, un referente, un olvido e incluso un error: todos adoptamos un rol al escribir poesía -¿quiénes somos?, ¿por qué?- y a veces ponemos en duda no ya nuestro poema, si no incluso el papel con el que escribimos.

indagar en el lenguaje, en manipular una historia para hacerla nuestra de manera hábil, o eso intentamos: es la magia de apropiarse de algo (el lenguaje, la poesía, lo que sea) y arrojarla a un vacío, a un espacio todavía desconocido hasta que ese algo toque suelo.

cuando escribo creo que lo hago a partir de una ventana de metacrilato donde expongo con un rotulador los versos, desmenuzo su significado y me empleo a fondo en una batalla interior contra cualquier tipo de pregunta que aparezca. No importa si es cierto, si es ficción, realidad o media realidad aquello que escribo, solo que permita una experiencia: a mí, cada vez que abra el documento en el ordenador o lo saque de la cajonera de mi escritorio, o a cualquier que tope con ellos. Es así.

Hablemos de Luces de Gálibo

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Detrás del conocidísimo repóquer de editoriales transatlánticas -por tamaño, que no por catálogo- y partiendo en medio del pelotón del ya conocido murmullo que cada quince días aparece por las red sentando cátedra: “hay mejores editoriales que aquellas que salen en los suplementos” hay otras editoriales que, si bien comparten espacio con esas mismas, realizan una labor singular y que no tiene ni precio ni punto de comparación con otras. Normalmente, quienes llevan las riendas de esas editoriales suelen ser personas igualmente singulares; personas que, donde han visto un nicho de lecturas vacío y, por tanto, han diseñado una propuesta editorial firme (pasa con José María Cumbreño y Liliputienses o con Aníbal Cristobo y Kriller71). También, con otros sellos como Baile del Sol -desde Canarias- o Amargord: editoriales que saben bien lo que manejan (la poesía, por ejemplo) y continúan una labor editorial necesaria para lectores, escritores y espero (y debería ser así) que cada vez mas para festivales.

De todas ellas he hablado alguna vez, en una reseña o comentando algún asunto en particular. Pero a Luces de Gálibo, la editorial que gestiona y dirige Ferran Fernández, merece especial atención. Luces de Gálibo es uno de los pequeños milagros editoriales que aparecen en contadas ocasiones, tan necesarios como lo son las editoriales independientes: Sigue leyendo