‘Sinestesia estructurada’ (un poema de Leonor López de Carrión Ferreira Crespo Perdigão)

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[como en la mina, hay que luchar contra la roca para extraer la veta: la costumbre de los valles mineros -ya no quedan minas de carbón abiertas en España- de adentrarse en la oscuridad para sacar el frío material es extrapolable a la poesía: es preciso buscar aquella mirada sincera que haga temblar cada verso, y quizá algo más, para salir de la mina con un trozo de luz en las manos. Y poder salir, también, con dignidad entre los dedos. Y mantener la dignidad, más allá de ser honesto con aquellos que a uno leen y con uno mismo, es de primero de persona. También, de lo primero de lo que carecen las personas] Sigue leyendo

Leonor en Liberoamérica

cropped-logo-liberoamerica-a-curvas[enlace a la entrada, aquí]

De Leonor he aprendido a reconocer el trabajo de la traducción, entre otras cosas mucho más personales que ahora no vienen a cuento. Sumado a la facilidad innata que posee para aprender idiomas y su curiosidad mayúscula; tiene además una sensibilidad que provoca que le permite trabajar con una facilidad con algunos autores algo más enrevesados. Si se lo propone (no lo dudo, porque el potencial lo tiene) será una traductora de primera, más allá de ser una brillante teórica de la literatura comparada…

El tiempo es suyo y los versos, también.

Será la Nochevieja perfecta

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Levantarse con la RTP a tope João Tomé de Carvalho no me despertará. Volutto rápido en la Nespresso Ducha rápida con agua fría -porque el calentador hará de las suyas-. Correr hacia la RENFE, tomar el primer Regional hacia Barcelona: el primer Regional que pase, curiosamente será un Cercanías y convertirá un viaje de hora y poco en una verdadera romería. Las ruedas de la maleta patinando impacientes por la Barceloneta de camino a Sants. Subir al primer Cercanías que vaya camino al aeropuerto; curiosamente será un Regional e irá parando por algunos pueblos del cinturón rojo de Llobregat: ahora, el rojo es un símil de oxidado, caduco, añejo con tintes naranjas… sacad las conclusiones políticas que creáis. Llegar al rebautizado Aeropuerto El Prat – Josep Tarradellas. Facturar y hablar en mi portugués de guiri con las auxiliares. Desnudarme en el control de equipajes porque no tengo nada que ocultar, de verdad. Pasear por el dutyfree, caminar por la terminal, hojear los aviones dispuestos, en batería a punto de zarpar. Prepararme para el embarque. Bom dia, senhor, boa viagem. Besar las nubes, saborear el menú-especial-de-fin-de-año de la TAP. Turbulencias. Sobrevolar Badajoz. Más turbulencias pero ahora con mis oídos taponados. Aterrizar. Esperar la maleta (im)pacientemente con la esperanza de que no la hayan enviado a Luanda o Accra. Otra vez al control de seguridad: pasillo verde, no declarar. Acordarse de Love Actually y la escena final del aeropuerto. Notar cómo en mis hombros va cayendo azúcar glas. Ver a Leonor: abrazarla, besarla, sonreír. Va a ser una Nochevieja única, verdad. Felicidad

[he ahorrado en retrasos y cancelaciones. Todo va a ir bien.]

Foto: una de las más bonitas que tenemos. Nos la realizó nuestra queridísima Judith Rico en agosto, durante Expoesía Soria.