El camaleón de Zurich

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[el día de la fiebre, del sudor. Del viaje inaguantable y asfixiantemente largo. El día de la soledad, de los ojos llorosos: el día de la fiebre y el recuerdo entre mucosas. El día, tan corto y frágil a la vez]

V
no estoy del todo seguro
pero probablemente ocultó algo de nieve
entre sus arrugas -cosas de la edad

había un rastro de luz en su lengua,
tejía la duda
consolidándola en su hilar de manos.

ahora a nadie le interesa lo sucedido,
nadie entiende de catástrofes pasadas,
las preguntas son envasadas al vacío:
reflexionar es un privilegio al alcance de los señalados

unas manos nudosas desposan aquel anillo
que guardaba un mar de historias

nadie sabe cómo tapar la ausencia sin alas.

(Bruno Ganz)

Tratado sobre el orden insuficiente

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[un puente siempre es necesario: para lo bueno y para lo malo. Para abrir una botella de vino y beberlo a sorbos antes de cenar, mientras contamos las luces que van y vienen de cada orilla del río. Las luces, el vino, las olivas; un paréntesis antes de la despedida…]

II
en todo hay una explicación

abrirte la boca
como unas yemas escinden
la fruta carnosa de temporada

nunca entenderé
por qué caerse una parte del juego

hay veces donde tener todo es insuficiente,
incluso el orden que hay cuando marchas.

(Ponte 25 de Abril)

Mi telenovela favorita

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Tengo la  costumbre de irme a dormir y despertarme con la radio puesta. Mentira: es la RTP3. Los lunes por la noche, el programa de economía. Los martes O outro lado y los miércoles Grande Entrevista. Los jueves llega Grande Area: el verdadero programa de fútbol. Porque fútbol hay a todas horas en ese canal. En todos los programas se cuela. Y si hay algo que mueve a Portugal es el fútbol. O mejor dicho, el Porto, el Benfica y, sobre todo, mi Sporting de Lisboa.

El pupas de Portugal. El equipo de los ricos, de los que mandan en el país. Sigo al Sporting, cual telenovela, porque mi familia política lo tiene como un miembro más de la familia: fue un impuesto revolucionario que acepté cuando crucé por última vez la frontera del rio Caia. Sigue leyendo

El día de la niebla

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Aprovechamos el día en Belém. Primero, en el Museo Coleção Berardo (imágenes al final de la entrada) y su consomé de exposiciones: la permanente… y luego pinceladas de sensualidad y arte asiático. Luego, comida rápida -que no fast food-, directos a la Torre de Belém y Descubridores. Y allí la niebla, el frío… todo un fado.

Taxi hasta Marqués de Pombal, y de allí Avenida da Liberdade hacia Restauradores. Y sobre la calzada el monumento a los caídos en la I Guerra Mundial y los kioscos: esos kioscos con carácter parisino, de bulevar burlado por diez carriles que unen una punta y otra del paseo, donde en sus recodos descansan antiguos cines que ahora han sido engullidos por el lujo: el progreso no perdona…

A la izquierda de Restauradores, el Rossío y alguna tienda de conservas para turista. Me encanta el diseño de las latas de conserva, diría que incluso tienen algo de magia en sus diseños… pero aborrezco las ideas plenamente mercantilistas. El 65% de Lisboa se ha convertido en un centro de ocio para el guiri; en una Barcelona del Atlántico donde comer, reír y gritar sale insultantemente barato y donde la gentrificación avanza como una metástasis. Si no se pone freno, el Bairro Alto será un sucedáneo de la Barceloneta al igual que Cais do Sodré parecerá una Rambla del Poblenou en miniatura y con el asfalto pegajoso y rosa.

Caminamos hacia la Praça da Figueira. Nos situamos en la dársena de los tranvías, cerca de la Confeitaria Nacional. Todavía sobrevive algún colmado y una tienda de cacharros eléctricos. Según comentó su cuñada en tiempos. Gaspar compraba allí pilas y baterías para electrodomésticos y cachivaches pequeños de casa. Esperamos el tranvía para Alcântara: uno viejo, con un armadura de madera de los años treinta, directos a casa asimilando de cerca el Braço de Prata -¿se llama así porque estaban algunas factorías, porque cuando hace sol, la luz reflejada en el río adquiere una luz plateada?- y con el calor de las castañas calientes en las manos llegamos a casa.

Continúo con frío en los huesos.

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5E – Perspectivas lisboetas

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1. Cuando uno sale de Lisboa o la observa desde cierta perspectiva cree que un antiguo Dios Creador borracho decidió tirar casas, colinas y empedrados por doquier, sin reparar en el absurdo o en el caos de carreteras que a diario se embozan de mañana y de noche, curvas peraltadas o monumentos/infraestructuras que aguantan porque tienen que aguantar sin más motivación que no crear un pitote tan grave como fueron los tsunamis, terremotos e incendios padecidos por Olissipo a lo largo de su historia. Lisboa aguanta porque entre tanta chancleta roñosa, pánfilo de turno y abrazafarolas de despedida de soltera hay un reducto que quiere sus secretos decadentes y blancos, puros. Sin ser revelados salvo por la sorpresa de aquel que tropieza con una joya sin querer y encima se disculpa. Sigue leyendo

5C – En la Coleção Berardo

 

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Adoptamos la intención de madrugar: ocho y media hora portuguesa… pero cuando uno tiene la etiqueta adquirida de cafetero resulta poco más o menos imposible quitársela de encima. Tampoco la lluvia gruesa, en este caso, abandonó el día. En un desfile de húmedos grises nos dirigimos a Algés -el Barrio de las Embajadas según Leonor- para tomar un café con unos conocidos. La estructura residencial del barrio es el contrapunto al estilo decadente pero elegante de Lisboa: la antigua Olíssipo reune una decadencia pausada; reformada y mantenida con encanto, la tranquilidad y el trato amable de quienes saben que su saber estar es la mejor tarjeta de bienvenida. Continúo: después de un galão y una sobremesa politicosindical llena de carácter y curiosidad recogemos nuestro camino hacia detenernos en la Coleção Berardo en Belém. El museo acoge una colección Sigue leyendo

5B – Páginas de lluvia

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En algo se parecía la cafetería de Largo do Calvário con La Cubana de Badajoz: en sus estantes de madera, en sus dulces -no en su café Camelo, pero sí en su atención-. Desde su terraza uno podía ver a Lisboa hidratándose por la lluvia, a los vetustos y románticos tranvías tomando oligofrénicos para mantener la cordura sobre raíles y catenarias adentrándose a lo largo de la Avenida de Brasilia hasta llegar a Cais do Sodré, acariciando el Mercado da Ribeira, uniendo en él los dos conceptos de mercado que actualmente conviven hasta que el nuevo se zampe al otro, unos lo llamarán progreso otros ley de vida en el capitalismo. Comprar en da Ribeira se ha convertido en una experiencia agotadora para el bolsillo; los puestos de toda la vida suben el precio ante el coste obvio de la vida y la materia, y también por el reclamo del nuevo mercado fresycool Timeoutiano. Lo bueno es que todavía conserva algo de sus entrañas y esqueleto,  no ha sido operado salvajemente como ha sido esquilmada la personalidad de Sigue leyendo