Pellizcos de la Feria del Libro de Madrid

[vi a Landero firmando. Me quedé un rato mirándole mientras Lydia y Leonor tentaban de ponerse en la fila. Ver a Landero fue recordar algunas de las clases de literatura que tuve en el instituto. Las más bonitas. Y por ello, juntado además por la proximidad de la caseta de Hiperión, me aparté un poquito de las dos chicas. Emociones…]

Aunque el año pasado ya estuve de pasada -apenas una hora, deprisa y corriendo, después del Poetas- ayer pasé mi primer día en la Feria del Libro de Madrid. Después de más de siete horas por allí, viendo cada una de las casi cuatrocientas casetas que estaban instaladas en el Retiro -unas más que otras-, me doy cuenta que necesito visitarla de nuevo… el año que viene.

Fue una delicia pasar el día con Chema Cumbreño (cargado de regalos: Ladakh, de Francisco Alatorres Vieyra, Warnes de Gabi Luzzi y Taskent soledad ultra, de Diego Quintero. Todos ellos, recién llegados a San Borondón) y con Lydia Contreras.(obsequiándome con Modos de (no) entrar en casa (Walrus, 2015) de Alicia Kopf y Comimos y bebimos (Libros del Asteroide, 2018) de Ignacio Peyró) De Leonor no puedo decir nada porque la entrada sería un monográfico… y saldrá durante la semana, espero. Chema y Leonor se han convertido en dos personas importantísimas para mí. Mientras que Leonor es mi confidente, amor, pareja… y una crítica más o menos severa a mis textos; con Chema no solamente he forjado una amistad envidiable (creo que sí), sino que también he aprendido de poesía, de edición: de saber y estar también. Ambos son dos pilares fundamentales en mi estructura. Sigue leyendo