Estancias pasajeras

descarga (1)

“He ordenado los libros en las estanterías de encima de la chimenea y estoy dispuesto a no perderme nada. Mi nuevo cuarto. Faltan algunos muebles. Por la ventana abierta entra el calor del mediodía, la calma y el rumor a manga de riego en el jardín a última hora de la tarde, los murmullos y la humedad de la madrugada, cuando me despierto y un momento, el sol maravilloso de las nueve en punto. Me paso horas y horas mirando las maderas del techo y la viga grande, justo encima de mi cama. Han traído un butacón tapizado de cuero y su olor a persona mayor y el olor a goma del dunlopilo en que me recuesto para escribir -mas penetrante que el olor a cera del suelo y el olor a rancio de las maderas, recién fregadas con aceite de linaza- son mis únicos placeres turbios, ahora que ya he podido con la impresión de llegar.”

Diarios (1956, 1985)
Jaime Gil de Biedma

Entrada 63: diario de Sylvia Plath

sylvia-plath

68. A medida que me hago mayor, cada vez soy más consciente de la velocidad con que pasa el tiempo. De niña, las horas y los días eran largos, dilatados, y había juegos, un montón de tiempo libre y cientos de libros infantiles que leer. Recuerdo que a los ocho años, mientras escribía un poema sobre la nieve, me dije en voz alta: «Ojalá tuviera la capacidad para expresar por escrito lo que siento ahora que todavía soy pequeña, porque cuando crezca sabré cómo escribir pero habré olvidado lo que se siente de niña». Y es cierto que la sensibilidad infantil para las experiencias y las sensaciones nuevas parece disminuir en una relación inversamente proporcional al aumento de la destreza técnica. A medida que nos vamos puliendo nos insensibilizamos y entonces nos sentimos culpables porque comemos, dormimos, vemos y oímos de un modo despreocupado e indolente. Nos vamos volviendo indiferentes, insensibles, nos conformamos con nuestra pasividad, y cada día añade una nueva gota en el pozo estancado de nuestros años.

Diarios completos
Sylvia Plath