FaceApp

af99c8da-9555-4f6a-aaf1-3cd8e685e7cc.jpgEstoy convencido en que no propongo ningún bien a quien me lee. Le hago cómplice de una sarta impresiones que he mantenido como ficticias durante mucho tiempo. No sé vender una realidad, no sé escribir: de hecho, aprendí antes a leer que a escribir. Era lento, torpe, perezoso y con las capacidades psicomotrices de un gato hidráulico: mínimas. O limitadas. En los versos que escribo escondo mi incapacidad de expresarme en prosa más de una página y media. Cuando me dí cuenta de dicha tara me volqué en la poesía creyendo que así podría engañar a alguien. Resulta que la poesía, que tenía que ser una coartada para seguir escribiendo ha funcionado de tal manera que, después de dos libros publicados, un cuaderno de postales y otro libro en standby puedo considerarme un infeliz con suerte. Continuar leyendo “FaceApp”

Las pesadillas

Jarramplas

Quedarse ciego y no volver a verla. Un náufrago que no consigue aferrarse a los cabos sueltos del barco, ahogándose poco a poco. Caerse de un globo y no tocar nunca tierra. Perder los pantalones. Un cocodrilo asomándose por el lavabo. Odiar a los payasos cocineros que confunden cualquier salsa con la sangre de un cuello recién cortado. Una mampara separándome de todo. Una cápsula espacial averiada y yo menguando dentro de ella. Ser la sombra de lo que un día quise ser.

Foto: Jarramplas, en Piornal (Cáceres)

Calcificaciones

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Un miércoles de obviedades: escribir del amor es como escribir del mar: está todo dicho. O como escribir de la luna: llevamos más de dos siglos diciendo lo mismo cambiando algunas palabras y añadiendo las estrellas a su significado. No sé escribir sobre el amor, pero Johnny Hallyday tampoco sabía; aunque bueno… Johnny no sabía lo que era el amor, simplemente quería a su manera. Pau Donés decía que no sabía estar enamorado en una canción, que de las cosas de querer nada sabía… y puede ser. Los pocos poemas Continuar leyendo “Calcificaciones”

Persianas oxidadas y cucarachas

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Rambla Nova. Todavía no cae el calor a plomo, son las once y la brisa no aguantará la que viene encima. Plaça Corsini, Mercat; quiebro una calle y paso por delante de la Cooperativa Obrera. Veo un grafitti, una pintada… yo qué sé. Hago la foto (clic, clic) y pasando cerca de Gasòmetre quiebro hacia el final del carrer Unió; allí donde se confunde con la Plaça de la Mitja Lluna y el carrer Apodaca (allí vivió Ferran Fernández y ya, porque vivió allí, nos encanta a unos cuantos esa calle). Antiguamente, la gran avenida que nacía en un lateral de la Rambla y que desembocaba en la Plaça dels Carros, a besar de las vías y su paso al nivel, era una arteria de la ciudad: hoy es un cementerio de persianas oxidadas. La patria de las cucarachas, también.

Último quiebro hacia la izquierda, la RENFE. Cuando era un niño soñaba con coger el tren en la Imperial, en una estación suburbana. Pero nada ha cambiado. Veinte años después, seguimos de cara al mar y de espalda a la ciudad; y la única sospecha es que la metástasis de Apodaca puede expandirse más todavía…

Mutismo

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Tomar distancia con la gente que te quiere es necesario. El verbo querer no tiene únicamente una connotación afectiva, sino también utilitaria: es la palanca de cara a conseguir algún propósito que, en principio, se nos escapa de las manos. Querer, segunda conjugación, es sinónimo de utilizar, de la primera: no por correspondencia directa pero sí, si se utilizan los correspondientes complementos que, con buena fe, aporta la generosidad.

No entiendo nada que no sea la independencia, huyo de las cadenas de favores. Desconfío de aquellos que ven un interés en la sombra de mis espaldas y por ello, callo y guardo silencio más de lo que me gustaría. Colaboro con quien me interesa y miro mucho de no parecer hipócrita: aquello que no me entra, no me conviene y ni bailo el agua ni hago caso.

Dos párrafos para justificar mi mutismo para según qué cosas. Menuda agonía.

Momento de cuidados y apoyo mutuo

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Quienes la conocemos estamos convencidos que Chose Garrido no se merece que su cumpleaños se convierta en un día de luto. Lo de ayer fue una tragedia: si cogemos las hojas donde están los números veríamos que la victoria de la izquierda -permitiréis que utilice la cursiva, ya sabéis por qué- nos deja a todos un poco fríos: se confirma la llegada de la ultraderecha y el auge de la fiebre naranja; en contraste con el desplome de la ilusión realista por el cambio años atrás. El trabajo de base realizado se ha tirado por la borda por piques entre taifas progresistas, luchas intestinas, traiciones… a veces más centrados en enseñarse la navaja entre ellos que en asestar un buen tajo a un rival que habría quedado moribundo.

El desplome de la izquierda -sin cursivas- supone estar vendidos en muchos casos al destino que exijan los mamporreros que ofrecerán su apoyo al mejor postor, cual subasta de la lonja de pescado: obligarán a rebajarse para ellos no ceder ni un ápice y dar el hachazo final. Continuar leyendo “Momento de cuidados y apoyo mutuo”

Otro Sant Jordi -más

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Cuesta elegir cuando ir a ver las paradas de Sant Jordi: Tarragona -y por extensión, toda Catalunya- vive inmersa durante el día del libro en una división moral: por un lado, es festivo, pero por otro hay que cotizar. En nuestro particular día de los enamorados uno puede pasear por la Rambla Nova de Tarragona y ojear el puesto de la CGT con sus ensayos sobre luchas obrera y enfrente tener al PP regalando facsímiles de la Constitución del 78. Los profesores, con acierto, llevan a sus alumnos a las librerías -que sacan sus anaqueles a las calles- para que se empapen de tradición: lo romántico del gesto docente se tuerce cuando las mentes tiernas de preadolescentes adquieren una guía de un videojuego en vez de, yo qué sé, un apócrifo del Chengue Morales.

Luego, las firmas. Tarragona, eclipsada por tener Barcelona al lado, no puede competir el mismo día con la calidad y la cantidad de autores consagrados que firman en la capital. Es un día de gloria para el escritor local, que moviliza, enamora y convence -las cifras así aseguran- a la pequeña Tarraco… Continuar leyendo “Otro Sant Jordi -más”