Un (no) diario de confinamiento

Hace tres semanas decliné de manera oficial -es decir, para mí, internamente: en el blog no hay nada al respecto- realizar un diario de confinamiento. Sigo un par, tres: el de Avelino Fierro, el de Jordi Doce. Creo que Tomás Sánchez Santiago anda por ahí con el suyo. Intento leer y poner distancia. En situaciones excepcionales medidas excepcionales. Seguramente hace dos o tres años me habría de tirado de cabeza para realizar un diario debido a las experiencias previas en Irlanda, Portugal o la Garrotxa, pero aquí se juega con desventaja: mucha gente haciendo lo mismo y con mayor o menos atino satura a los lectores y a uno, a la mínima que sea inquieto, le vuelve un tanto nervioso: qué me he dejado en el tintero, qué podría haber escrito más. Por qué tantos aplausos y tan pocas caceroladas en según qué ciudades del estado. Supongo que me entenderéis.

A lo largo de las casi tres semanas que llevo encerrado me he visto en situaciones de todos los colores. Por circunstancias me he vuelto durante diversos momentos del día una persona helada, fría como un manantial alpino. Distante para muchos, si cabe. Supongo que no he llegado a ser desagradable, pero me he guardado el miedo y la incertidumbre para mí: me he convertido en un dique para según qué sentimientos.

No tengo nada que ofrecer. Nada nuevo que ofrecer por mucho que haya revisado un libro que había acabado en febrero: El año de la muerte de Bruno Ganz. Ya apuntalado y en la cámara de depósito, nada más. Escribir es complicado si no sé distinguir los brotes verdes.

Un día benevolente

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[no ha quedado nada del dolor. Nadie sabe a dónde llegué, nadie me pregunta qué siente mi mano izquierda: si tengo cosquillas o si bien, cuando caigo, pongo el codo. Suelo ser menos que un terror de azúcar…]

Parto de la base en que, las sábanas un sábado pesan más de lo normal. Hay motivos de peso para levantarse -café, ducha, tren. Sin más- y yo los encuentro en un mediodía con M. Y con E. También, otra M. de pasada -dos sillas de madera delante mía- toma notas en la librería a todo lo que dicen Esther y Pilar. Esther se acuerda de mi lapsus de un frío mediodía en Plasencia (creo que le hace gracia la anécdota: yo, tierra trágame), a M. la pierdo de vista pero es feliz entre los reencuentros. M. es generosa: nos dedica una de sus creaciones y dos libros todavía sin firmar. Pienso en los reencuentros y en la nueva costumbre de pedir las dedicatorias en plural. Antonio me saluda, aprieto la mano y lo comenta. No queda nada más que vino blanco seco. Bueno sí: dos libros, de Lola Nieto y Concha García y una revista. Y un bocadillo seco masticado en el tren, marinado con jarabe antes de llegar a casa. Después, la migraña.

¿Quién se acuerda de ti?

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[¿quién se acuerda de ti, ahora que el suelo se derrumba bajo tus pies? // ¿quién se acuerda de mí, ahora que sólo te acompaña esta canción?]

“Y ahora, pregunto, qué será de mí cuando acabado este capítulo dejen para siempre de oírme, quién se acordará de lo que fui, se quedará un instante pensando y se preocupará por mí, nadie se acuerda, piensa, se preocupa…”

António Lobo Antunes

Nota: día duro en la oficina.

Independencia viciada

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Los lunes y miércoles tengo sesión con peques. A mitad de la misma, pasadas las seis menos cuarto en la España Continental -perdón, tic lusófono- siempre pongo algo de música. A veces sonido de mar, de las olas. Otras veces rock: Aerosmith, Rolling Stones… pero ayer me atreví a poner fado. A poner una pieza de Ana Moura. Si bien es cierto que la canción era animada no imaginé que ellos pudiera reaccionar de la manera que lo hicieron: dando palmas, bailando. Ni en el mejor de los supuestos había pensado que actuarían de tal manera, por suerte. Continuar leyendo “Independencia viciada”

Cierra Universitas

Ayer recibí el aviso vía correo electrónico. Universitas cierra. Mutará durante los próximos días, de cara a la campaña navideña (los patrones no son tontos). Universitas no desaparece aunque puede parecer eso, simplemente el capitalismo –¡imbécil!, como diría Clinton con medio habano colgando de su labio- ha engullido sus estanterías, sus libros, las marquesinas e incluso la cafetera espresso que uno podía hacer servir.

Allí empecé a comprar libros de poesía en las horas muertas del bachillerato nocturno; de allí son algunos clásicos de poesía extremeña que me regaló mamá antes de marchar. Allí compré el primer número de Suroeste y recogía los cuadernillos de las aulas de poesía. Y si bien es cierto que últimamente metieron a gente rara a presentar sus libros y devolvían con mano rápida libros a sus distribuidores y editores, nos une a todos lo mismo: hay una librería que cierra y muchos echaran de menos invertir allí.

Camino de incertidumbres

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[la riqueza de las alternativas está en encontrar aquello que descoloca y de alguna manera te hace crecer, tambaleando los cimientos de barro de la creación…]

Le doy demasiadas vueltas a lo mismo desde que escuché a Cerviño hace unas semanas en Madrid. Curiosamente, desde hace meses me he dado cuenta que mi propuesta sigue o es paralela si acaso hacia una depuración donde cae por su propio peso -gracias, también a las tijeras del creador-. Desde el inicio he discutido cualquier longitud, no he creído en híbridos: lo escrito tenía está predestinado a ser lo que tiene que ser. En la transformación del canal hay una variación hacia un nuevo significado, un cambio hacia una incertidumbre que depende de los ojos que lo leen y la boca que habla en alto.

Dos poemes d’Òscar Palazón

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(Foto: Ricard Lahoz)

[quedaba el aviso, el amanhãneutro del poema. No sé qué me espera, pero sea lo que sea me estará esperando…]

Que la creació comporta grans dosis de destrucció hauria de ser un axioma. Tanmateix, molts s’entesten a continuar vivint sota sostres apuntalats. «Soy grito y soy cristal», diu la lletra de la cançó. Doncs ves per on a mi m’agradaria ser fusta. Llàstima que la fontosíntesi m’espanti una mica.

Que córrer és la conseqüència lògica de caminar hauria de ser un axioma. Tanmateix, molts s’entesten a continuar vivint sota rostres apuntalats. «Soy grito y soy cristal», diu la lletra de la cançó. Doncs ves per on a mi m’agradaria ser còdol. Llàstima que l’erosió m’espanti una mica.

[poemes extrets de Diari de laboratori (Viena edicions, 2019), llibre de l’escriptor Òscar Palazón (1969 – act.)]