¡Quítense el sombrero!

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[si hago algo con suerte dispar -la otra posibilidad era no escribir- es por culpa de este hombre…]

La vida es así, pero cuesta encontrar a alguna persona de la que todo el mundo hable bien: luego, en su más de metro noventa no hay suficiente cabida para toda la cultura y amor que su vida atesora. Tiene la voz ronca, algo cavernosa y una sonrisa en los labios que guarda todavía algo del niño que un día fue.Hemos compartido unas cuantas cervezas -considero que nunca serán las suficientes- y compartimos relación de amor con dos rubias: la Leonor y la Sagres. Al igual que no hay día que no lea algo de poesía, tampoco hay día que no lea alguna morería suya antes de ir a dormir. En sus ojos hay mucha vida y me parece que algunos de sus silencios no surgen de casualidad. Si no es con el aforismo, será con la poesía o si no con sus me acuerdo: es un escritor camaleónico que únicamente se casa con la honestidad: nunca ofrece gato por liebre.

[Me acuerdo de aquella noche de verano donde una orquesta veraniega intentó apaciguar el desconsuelo de una partida]

Que si Coronas, que si Ducados Negro. Dale otra vez a la Sagres. Quítense el sombrero, por favor: feliz cambio de prefijo. Feliz cumpleaños, amigo.

 

Cuatro líneas sobre ‘Los hombrecitos Hasselbald’

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[cuadrar una isla en un desierto inundado. La sal avanza y no hay más alternativa que el silencio de las sombras que se proyectan en el horizonte…]

UNO: puede parece que no, pero en las letras hay la sombra de una muerte temprana, un campo de trabajo y pájaros rodeando un nido definitivo. También, secuelas. DOS: cuando tecleo Gerard Fieret en Google, en la casilla de también se buscó aparece Vladimir Putin. Fieret fue un genio incomprendido: alguien que hizo de una aparente debilidad una coraza para revestir su obra. La evolución de los iniciales dibujos y poemas culminaron en una obra fotográfica cómplice y en la línea de la polémica: no ha sido hasta bien entrado, despidiéndonos casi del siglo XX cuando su obra fue reconocida y valorada por las principales galerías. El dato de Putin es macabro: la mínima comparación entre el artista y el jerifalte provoca ardor de estómago. TRES: en la línea D0_qN6cXcAAGiPcde la imagen, la temática queda definida: hay una gran estantería en donde encontramos diversas gavetas que se abren y cierran de manera intermitente: la mujer, comercios, la monotonía del paisanaje, escenas callejeras. El armario de Fieret hay un mundo parco en colores y donde la diferencia radica en la esquina de los detalles. CUATRO: el fotógrafo sabe jugar: no necesita recursos grandilocuentes para enhebrar un poema. Prescindir es un verbo aliado en la lectura: atrás queda la ortografía, la sintaxis -erratas y faltas de ortografía también- y se abre camino la sencillez.

Los hombrecitos Hasselbald (antología poética + textos encontrados de Gerard Fieret) ha sido publicado recientemente por Kriller 71. La edición corre a cargo de Nanne Timmer. En mayo, presentación oficial en Barcelona.

Espinacas a la catalana

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Hay un inicio común en muchos platos: el chorro de aceite y dos dientes de ajo laminados sobre una sartén lo suficientemente amplia para rehogar un buen manojo de espinacas cuando el oro líquido estalle en ligeras burbujitas. Las espinacas protagonizan dibujos, hambrunas y miedos: la primera vez -y única, espero- que he visto el miedo en los ojos de un buen amigo, poeta, fue una calurosa noche de mayo ante el templo de Diana: las espinacas, las acelgas; no así la escarola, son alimentos malditos para algunos y mejor no toquetearlos demasiado. Algo así como mi relación tortuosa con los higadillos de cerdo con pimientos.

La tradición conocida como receta dice que a mitad de cocción, justo cuando las hebras verdes empiezan a mostrarse endebles, se debe ofrecer sal a la verdura y acto seguido añadir las pasas y los piñones. Como todo, los piñones viven en la aleatoriedad del campo y de los valores de mercado; así que siempre existirá la posibilidad de sustituirlos -previo aviso al comensal si no es uno mismo- por almendras crudas laminadas. Piñones o almendras, cuando empiecen a mutar del blanco al marrón y jueguen con el verde del vegetal, enredándose entre el modelismo ligero de los brotes. Sigue leyendo

Semanas de poesía

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[marzo matador, inicio de primavera y gestora de los cambios de hora… comenzamos de nuevo]

El fin de semana del 15 al 18 de marzo estuve en Madrid. Tuve tiempo de estar con Naza Díaz el viernes y con Esther Muntañola el sábado, con la suerte de conocer a Eva Yárnoz y Víktor Gómez. A Naza le van bien las cosas con su editorial,en pleno proceso de maduración. El mismo sábado recordé una vieja máxima: la poesía está escrita para todos, pero tenemos que pararnos a pensar quién escribe poesía. También que… hay quien escribe versos y lee en público -y escribe libros- como quien tira pianos por un quinto piso: sin pensar.

El jueves 21 y viernes 22 de marzo) Leonor impartió un taller de poesía en el colegio, con niños de primero y sexto de primaria. Pese a los seis años de diferencia, los chavales atendieron, leyeron y se interesaron de sobremanera por la poesía; algunos incluso compartiendo sus versos -que leyeron en público a otros compañeros del colegio- ante nosotros. Muchos de sus versos no dejaban de ser, en su mayoría, rimas sencillas con destellos y tics que hacía que recobrara cierta esperanza: de los ocho libros que llevamos en la última sesión, seis los dejé a los alumnos porque querían leerlos, tomar notas y apuntar poemas. Cautos, en sus sofás ojalá sonrieran Eugénio de Andrade, Fernando Pessoa, Mello Breyner o Campos Pámpano…

De mis peques de primero, queda pendiente de programar un volante de aforismos -realizados por ellos- en la semana cultural del colegio, a finales de mayo.

La semana pasada estuvo Marino González Montero en Tarragona. Caprichos de marzo -sueño retrasado, cansancio, trabajo a mansalva- no pude acudir a la puesta en escena de Aldephoe en el Camp de Mart. Habrá mejor ocasión, espero.

No sé si queda mejor ‘Aterrizajes’ o ‘Fuga de capitales’. No tengo yo la última palabra: estoy impaciente.

 

Identidad infantil

Jola

Una de las cosas más bonitas -y crueles- que le puede pasar a una persona en la vida es trabajar con niños. Ayer, Anna y Clàudia, con toda la inocencia que transmite la piel fina de dos niñas de seis años,  formularon una pregunta tan inesperada como punzante.

– Xavi: i tu…. d’on ets?

Nadie lo sabe (sabía), pero formularme esa pregunta me provoca una crisis de identidad descomunal: no ya por mi nombre -hasta los doce años no me convertí en Xavier- o mi apellido -con dos eses y dos erres-, sino porque busco en mi particular mapa de afectos el lugar que ocupo en el mundo. Badajoz está lejos y borroso. Tarragona es un presente agridulce. Lisboa es saudade -cómo no-. Sumemos que, soy rayano por accidente. Todos mis hogares fueron alguna vez pasado..

Hay preguntas de niños que enjugan las pupilas.

Cómo explicar nada, si no encuentro el lugar exacto done viví.

Admiro la facilidad que tienen los mayores para asegurar que son de tal pueblo cincuenta años después de haberlo visitado por última vez.

“La patria son aquellas personas que uno quiere”. Mi patria son pasaportes y billetes de tren.

Las preguntas más complicadas, aparentemente, no buscan llamar la atención.

– Petites, al lavabo, va..

Foto: Jola.

Los poetas no son gente de fiar

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El octubre pasado una conocida me comentó, tras leer Otra Tardor Literària (clic aquí) que tuviera paciencia: que la cultura en Tarragona es complicado, y que no siempre -¿quizás nunca?- se pueden tirar proyectos ambiciosos adelante.

Parece que, para tirar adelante un proyecto cultural en una ciudad hay que basarse en un principio de igualdad: es decir, sin costes. Aquí el esfuerzo se valora gratis.

Me cabrea que, en cuestiones literarias, por parte de las instituciones se tiende a compensar -cuando no rechazar- dos partes que presentan proyectos tan diferentes como necesarios.

Recelo de las instituciones que no van de cara y que se conforman con el “ja ens va bé”. Los copia-pega, me ponen de mala uva.

Existen festivales como el Poetas, en Madrid o Expoesía en Soria. También ungüentos como el Poemad (también en Madrid) o el Cosmopoética, algunos años en Córdoba. La categoría media me da cierto pavor.

No soporto a los poetas que miran por encima del hombro a sus lectores e iguales. Considero que manejar poesía es un acto de responsabilidad y que el poeta ha de ser consciente de ello. El 79% no lo sabe.

¡Ay, aquellos quilombos montados por amigotes! El verdadero mérito son las amistades que se crean entre desconocidos en los saraos. Detesto aquellos encuentros convertidos en felaciones encubiertas.

Los poetas no son gente de fiar. Y tengo muchas amigos poetas en los que confío locamente. Mi pareja es poeta (y mil cosas más). No me equivoco si los poetas tienen algo de caraduras, jetas y vividores: si alguno se da por aludido…

 

Esperando las noticias del agua, de Basilio Sánchez

ub. la cruz del surEl próximo martes 12 entregan a Basilio Sánchez el III Premio Centrifugados al mejor libro publicado por un extremeño en 2018. El cacereño ha sido -y es- referente silencioso sin la estridencia de capitales y marcas: no le hacen falta -y dudo que las necesite-. Sin discusión posible, es uno de los mejores poetas actuales que hay en la península.

Esperando las noticias del agua (Pre-Textos, 2018) como ya comenté a finales del año pasado, fue uno de los libros que más me gustaron del año pasado. Sánchez provoca que leer sobre el amor sea una práctica hábil, satisfactorio y hábil. En el libro, el agua, sus extensiones y límites son el medio para mostrar una relación de amor con palabras que son la mueca del sentimiento, evocadoras de otros tiempos y realidades: la sal contra lo dulce del agua de río; el desierto como extensión del vacío y la calma; el lugar donde Sigue leyendo