Los ganadores

46186463Primero pusieron a caldo a todos aquellos que tienen un sueldo público: funcionarios. Luego encañonaron al pueblo con sus por qués y rebozaron sus intervenciones como nueva política cuando en realidad vocean un revival de los años más oscuros del siglo XX.

Los ganadores han hecho de la inmigración y de la clase política tradicional -hay que fijarse con lupa para ver de dónde vienen estos cagamandurrias- su mantra, aliñado con ideas presuntamente absurdas que llegan a ser efectivas en las distancias cortas.

Los ganadores son aquellos que ningunean a la mujer, no entienden la diversidad y niegan el carácter multicultural del estado. Es un partido que plasma su idea uniforme de pensamiento como algo rico en contraposición de cualquier idea progresista. Han ganado y goleado los de la manada, del a por ellos. Toda la prensa los ha blanqueado -repito: toda- en reportajes, entrevistas y noticias; nos hemos mofado y al final resulta que la coña se ha vuelto realidad: nos ha salido muy cara la broma.

Comentaba ayer José Luís Trullo “No entiendo como puede tolerarse la mera existencia de la derecha. Habría que prohibirla”.

Hay dos motores electorales en España: Andalucía y Catalunya. La derecha puede prescindir de ambos para ganar unas elecciones en clave nacional. Los partidos progresistas pueden prescindir ya de Catalunya, rendida al voto cavernario de tonalidad naranja y a los partidos independentistas, pero no de Andalucía: granero de votos de la izquierda.

Ayer el estado español ha tirado por la borda su razón de ser. Y no esperemos milagros: los cimientos del mismo son más frágiles de lo que creemos. Son los que son.

[recupero de un perfil del sindicato CGT la ilustración de Max Aub, necesaria de recordar para hoy]

La bicicleta del panadero, de Juan Carlos Mestre

LBDPFuera de toda duda, Juan Carlos Mestre (1957 – act) es uno de los mejores poetas españoles que hay. Y lo que es más importante todavía: se le puede considerar poeta -con mayúsculas o sin mayúsculas, ahí entra el gusto de cada uno- de la cabeza a los pies. Estoy acabando de leer La bicicleta del panadero (Calambur, 2012) y no arriesgo si digo que es uno de los poemarios más contundentes que he leído en mucho tiempo.

En una época donde la concisión y la brevedad está en auge, Mestre ofrece un desfile de cotidianidades en carne y hueso, desarrollados en ambientes fríos y húmedos (¿bercianos, quizá? donde emerge la dignidad apedreada y solitaria, pero siempre coherente y justa. Arriesga con la palabra y rehuye de la simplificación, apostando por la exploración en el imaginario, alzando del silencio a anónimos en la sombra. Leer a Juan Carlos Mestre enriquece, porque es capaz de dibujar en sus textos un universo que traspasa al lector sin que tenga que cerrar los ojos. Los poemas, muchos abrazando lams3 prosa, se adentran más allá de la inmediatez y la obviedad: juega con lo cotidiano, hace partícipe a los nombres de sus versos como elementos constantes en ellos, aderezándolo de píldoras culturales, guiños a conocidos y enumeraciones sugerentes.

Aceptar -porque los libros a veces entienden de negociaciones- la lectura de La bicicleta del panadero significa adentrarse en un mundo bipolar: con parajes funestos, duros; y por otro inocente e inofensivo. El libro es un menhir tallado de forma detallada con las palabras y la emoción como la poesía del berciano; con una imaginación fuera de lugar, única en cadencia. El poeta alicata una realidad con sus versos, reconstruyendo con su mirada privilegiada una realidad que no espera otra cosa que no sea a maravillar al lector a la vez que, como pasa con los buenos poemas, hacer pensar.

Cuatrocientas setentas páginas de poesía.

[“Perdiste el elefantito de oro que te regaló tu madre en septiembre
del 56
y el de lapislázuli que te regalé yo al cumplir los diecinueve.
Perder un elefante establece algún tipo de vínculo con la superstición,
Violeta Parra había extraviado el suyo entre el serrín de la carpa
la tarde del escopetazo, años despuñes lo encontró su hermano,
Nicanor,
pisoteándole el jardín a un poeta al que le habían dado el Nobel.
Tarde o temprano, la felicidades termina siempre por no encontrar
a su dueño.”

Y como colofón: Mestre entiende y sabe de elefantes. Una delicia de hombre.]

Volver a región

45367113_10217032525621894_1753429783095541760_oSalimos de Nollegiu alegres pero realmente teníamos resaca. Nos quedamos cerca de la Boqueria, ciertamente. Comimos en Elisabets pero en realidad yo quería llevar a Leonor al mercat para que, entre tanto guiri pudiera tomar un pinxo en El Pinotxo. Como siempre que planeo llevarla a la Boqueria, me quedé con las ganas. Después del vermut en La Bodegueta -con dos bombas algo cobardes, a suerte de ella- y un ligero festín de menjar casolà català -fideuà, canelones, pollo y escalopines al roquefort- cerramos el círculo en La Central del Raval. Allí dimos la puntilla al día con libros de Júdice, Basilio Sánchez o Juan Manuel Uría. Se unieron a Pilar Adón y al necesario Juan Carlos Mestre. Luego, con una agria felicidad acabamos la tarde, antes de la llegada de la vesprada, en la modernista Estació de França esperando nuestro tren de vuelta a Tarragona.

En silencio hicimos recuento de daños del día. Para ambos, ir a Nollegiu y ver los libros de nuestros amigos centrifugados y liliputienses fue una alegría inmensa. Como gruppies, nos hicimos selfies con sus libros, se los enviamos y sonreímos felices -pese a los dolores de Leonor, preocupado me tenía- por aquel instante de complicidad con el autor del libro: somos unos afortunados, en realidad. Pero para mí, ir a una librería y encontrar un poemario de Basilio Sánchez, por ejemplo, es volver a Extremadura cuando el verbo volver está maldito. Para mí hojear o ver un pelotón de libros de Gonzalo Hidalgo Bayal en orden después de ser ojeados es un abrazo a un origen que no entiendo todavía por qué renuncia de la generación que más y mejor preparada ha estado nunca, negándole el estudio y posteriormente la vida digna en sus ciudades y pueblos. Mi región cada vez la forman más las personas, también los libros y no tanto los recuerdos. Y el resultado de ello es un poco triste.

Otra Tardor Literària

b6792b20-639e-47dc-a2b9-30813a639163Se ha presentado la programación de la Tardor Literària de este año. Desde hace años, el grueso de la programación literaria de la ciudad se reparte en dos ciclos; el de otoño y el de primavera. Si uno se fija detalladamente hay actividades potentes como puede ser Yerma, de Lorca (versión de Marc Chornet) o los ciclos y exposiciones tratando a Manuel de Pedrolo, Pompeu Fabra o Maria Aurèlia Capmany: esas actividades son innegociables e imperdibles en una capital de provincia como Tarragona.

No sé si es un dejà-vú, pero tengo la impresión de que ciclo tras ciclo -o año tras año- se repiten muchos nombres y no se da un salto más que necesario para confirmar una programación cultural que resuene más allá de los barrios de Ponent o Llevant, que haga de la ciudad un reclamo cultural de primer orden más allá del Patrimonio Histórico con el que cuenta de por sí. Sé que se hacen esfuerzos para preparar actividades de calidad, pero el problema no es la calidad que puedan tener las propuestas que se van a realizar; sino la sensación que se extrae: un “ja ens està bé” que parece estar encofrado en muchos, totalmente conscientes de que la programación se le queda pequeña a la ciudad. Tarragona merece más. Sigue leyendo

El día que rechacé a Lobo Antunes

na[en agosto de 2011 nada hacia pensar que acabaría siendo muy de Dom António. Como tantas otras veces me equivoqué, ya es costumbre. Aquí, el único día que me he arrepentido de devolver un libro]

Si he ido era porque hacía un calor menos espantoso que los otros días. Aún así, necesitaba más aire fresco. Según el mando a distancia del aire acondicionado -Mitsubishi- de una librería de la Rambla Nova, la temperatura estaba programada a unos heladores veintiún grados del ala. Estoy harto de sudar, más harto todavía del contraste de las temperaturas indoor/outdoor que sacude la ciudad. Harto.

Siempre que voy a la Renfe me viene a la imagen de aquellos que fuman un cigarro mientras esperan su tren pacientemente, alardeando del postureo. También, pienso y observo a aquellos que viven su realidad en silencio, aquellos que callan, esperan -del verbo esperar, primera conjugación- o quieren -del verbo querer-. Ambos verbos podrían ser sinónimos porque son tan frágiles que al mencionarlos en cualquier tiempo o conjugación producen escalofríos, pero no viene al caso. Sigue leyendo

(Casi) quinientas mañanas

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Lo repito hasta la saciedad: los números no significan nada, cada uno les otorga el valor que cree, pero hay algo innegable: aquí, durante (casi) quinientas mañanas, se han publicado entradas de todo tipo: poemas, cuadernos de viaje, reseñas, críticas, relatos, etcétera. Siempre que  puedo escribo la entrada la noche anterior: por la mañana, o bien la misma noche ya está publicada aquí. normalmente, salvo alguna corrección, ni retiro ni añado nada en el texto colgado, por tanto, no cambio de parecer. Y es que (casi) quinientas entradas dan para mucho y para desencantarse un tanto del mundo de las letras. Si llegué fue por las personas y por ellas y porque, por suerte, no son perfectas, sigo escribiendo -amén de que sigo disfrutando, y sufriendo, en el momento de escribir y dejar reposar lo que voy creando-. Sigue leyendo

Recuento de sombras

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[me confié: creía que podía alargar un poco más las entradas del verano. Y puede que sea así, pero ahora estoy metido de lleno en un luto, en un dolor interno, en una especie de callo necesario para superar las ausencias. Las ausencias son como agujetas que se despiertan cuando uno tiene el músculo de cariño tierno; siempre aparece cuando tenemos la guardia baja. Y así….]

“(…) cuando he vuelto por allí y he preguntado por cómo acabó aquello a los pocos supervivientes que quedan de entonces y lo vivieron en primera persona, un silencio decepcionante y descorazonador ha sido la más rotunda de las respuestas”

Como veis ya lo decíael bueno de Elías Moro (nuestro Elías) en su Álbum de sombras (Eolas ediciones, 2017)

Cuando abro el armario y veo en a percha mis camisas de manga larga me vuelvo escéptico ante la realidad del tiempo pasado.

Foto: tomada en los aires, en el vuelo de vuelta a la realidad.