Purple, de John Akomfrah (expo)

Para entender los cambios hay que viajar. La máxima, aunque pueda parecer gastada está más presente que nunca. Tenemos a Purple, de John Akomfrah  como otro ejemplo más: pero no uno cualquiera. Akomfrah presenta una video-instalación donde, sin más guión que la música y el paisaje -el paisaje, también habla- reflexiona sobre el aumento del nivel del mar, los cambios meteorológicos y el cambio climático intercalando imágenes de archivo con secuencias filmadas por el británico en las expediciones organizadas por TBA1-Academy, institución que vela por la conservación del océano a partir de creaciones interdisciplinares.

Nota: En España la exposición estuvo expuesta en el Thyssen en febrero y marzo de 2018. En el Museo e Coleção Berardo de Lisboa estará expuesta hasta el 10 de marzo de 2019. Sigue leyendo

Exepectativas

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“Intrigado por una cierta potencia que se siente llegar desde el otro lado de la puerta que alguien cerró para siempre hace años, escondiendo o destruyendo la llave, colocando en su trabajo materiales pesados e intransferibles, es así como el buen cantante renuncia a cantar, el buen atleta a correr, el buen filósofo  apoya las manos sobre la mesa, demostrando que ha renunciado formalmente a pensar.

Al otro lado de esa puerta que ningún vivo ha visto jamás abierta hay algo -y vivo- con forma, función y lenguaje inaccesibles que, sin embargo, también, hace mucho tiempo, hace muchos y muchos años, renunció.”

Enciclopedia
Gonçalo M. Tavares

Lentas rupturas (un poema de Laura Casielles)

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[barrunto qué puedo hacer hoy: obligaciones laborales. Hay en mí una casa sola que hoy se llena de la poesía de los valles, con su verde frondoso y el toque mágico del carbón que tanto marcó el siglo pasado a más de una generación. El libro de Berta a mano del chaise longe; pero ahora me sumerjo entre la caricia de los manantiales…]

Lentas rupturas
Como la erosión en el cuello de un reloj de arena
que una mano mítica llevara siglos girando sin error ni descanso,

todo ritmo implacable
contiene sin quererlo su vejez:

crisálida de agua
que lleva dentro espuma,

la pauta también abre sendas
para el desgarro.

[Poema de Laura Casielles (1986 – act) extraído de Portal de Poesía (y según enuncian, inédito) ha sido galardonada con el Premio Nacional de Poesía Joven y el Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal. Sí, próximamente me haré con Los idiomas comunes (Hiperión, 2010) o Las señales que hacemos en los mapas (Libros de la herida, 2014)]

Encallado

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No es así siempre, de verdad lo sabéis; pero a veces me doy cuenta de mis errores, cuando estoy equivocado. Muchas veces sucede esa revelación interna cuando llevo un tiempo indeterminado haciendo el ridículo. Quizá el momento es ahora. Suele aparecer la sensación por las noches, después de cenar: cuando escribo. Hace tiempo que no escribo un poema nuevo, pero sí lucho con otros que ya están en la rampa de salida: por un lado todos ellos darían para conformar un libro nuevo. Por otro lado, veo los errores del Elefante ocho meses después de su nacimiento -y no todos míos- y el pudor y la sensación reacia a probar de nuevo, ahora o más adelante, a conjuntar un libro aumenta. Un libro es una responsabilidad donde la generosidad tiene gran importancia. También necesita de coherencia: cualquiera que lea un libro espera algo y hay que colmar unas expectativas que deben de ser evaluadas a partir de la auto exigencia: un libro es un resultado de un trabajo (que uno puede desarrollar con más o menos gusto, pero es una acción que requiere cierto esfuerzo), algo bastante serio para pasarse por el forro las etapas y procesos que requiere la creación. Sigue leyendo

El día de la niebla

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Aprovechamos el día en Belém. Primero, en el Museo Coleção Berardo (imágenes al final de la entrada) y su consomé de exposiciones: la permanente… y luego pinceladas de sensualidad y arte asiático. Luego, comida rápida -que no fast food-, directos a la Torre de Belém y Descubridores. Y allí la niebla, el frío… todo un fado.

Taxi hasta Marqués de Pombal, y de allí Avenida da Liberdade hacia Restauradores. Y sobre la calzada el monumento a los caídos en la I Guerra Mundial y los kioscos: esos kioscos con carácter parisino, de bulevar burlado por diez carriles que unen una punta y otra del paseo, donde en sus recodos descansan antiguos cines que ahora han sido engullidos por el lujo: el progreso no perdona…

A la izquierda de Restauradores, el Rossío y alguna tienda de conservas para turista. Me encanta el diseño de las latas de conserva, diría que incluso tienen algo de magia en sus diseños… pero aborrezco las ideas plenamente mercantilistas. El 65% de Lisboa se ha convertido en un centro de ocio para el guiri; en una Barcelona del Atlántico donde comer, reír y gritar sale insultantemente barato y donde la gentrificación avanza como una metástasis. Si no se pone freno, el Bairro Alto será un sucedáneo de la Barceloneta al igual que Cais do Sodré parecerá una Rambla del Poblenou en miniatura y con el asfalto pegajoso y rosa.

Caminamos hacia la Praça da Figueira. Nos situamos en la dársena de los tranvías, cerca de la Confeitaria Nacional. Todavía sobrevive algún colmado y una tienda de cacharros eléctricos. Según comentó su cuñada en tiempos. Gaspar compraba allí pilas y baterías para electrodomésticos y cachivaches pequeños de casa. Esperamos el tranvía para Alcântara: uno viejo, con un armadura de madera de los años treinta, directos a casa asimilando de cerca el Braço de Prata -¿se llama así porque estaban algunas factorías, porque cuando hace sol, la luz reflejada en el río adquiere una luz plateada?- y con el calor de las castañas calientes en las manos llegamos a casa.

Continúo con frío en los huesos.

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Enciclopedia, de Gonçalo M. Tavares

descarga[vivo del presente, porque del pasado ya hablan otros demasiado…]

Tenía lecturas pendientes, pero lo bueno de la autogestión es que uno se fía más del instinto que no de los mandatos. Por ello, volví el lunes pasado de Lisboa leyendo Enciclopedia (Xórdica, 2018) de Gonçalo M. Tavares.

En el volumen, Tavares esboza aspiraciones, alguna que otra reflexión… sobre diversas áreas. Enciclopedia es la unión de notas científicas, literarias… que podrían ser entendidas como proyectos individuales, autónomos, pero de la misma familia. Él mismo notifica que estamos ante un proyecto en marcha, defendiendo la independencia de cada uno de sus secciones. Estamos pues, ante un libro-entrada que ofrece conocer el universo del escritor a partir de sus dudas, convicciones y arrebatos; un libro con una carga filosófica profunda donde se acumulan palabras y sus sorprendentes definiciones getresource

Tavares juega con el lenguaje. Admitamos que su escritura es valiente, y ‘Enciclopedia’ es un complemento directo para atacar alguna de sus obras – quizá Viaje a la India-. El volumen arroja una lectura personal, transparente incluso, similar a Diccionario de dudas (Calambur, 2008) de José María Cumbreño, donde el límite hacia lo real queda difuso y toma vida la palabra soledad durante la lectura. En el caso de Tavares, rechaza el sentido absoluto de las cosas y marea el lengua hasta entrar de lleno con la sorpresa en una catarata de palabras que conviven en el mundo original del angoleño.

Nota: en el volumen, se recogen cinco libros: Breves notas sobre ciencia, Breves notas sobre el miedo, Breves notas sobre las conexiones, Breves notas sobre música y Breves notas sobre literatura-Boom. Todos los textos, traducidos por el genial traductor Antonio Sáez Delgado.

Algunas consideraciones (1.0)

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Considero que aquí (en España) se vive más acelerado, sin medición de los impulsos. Quizá algo irrespetuosos con la cronología de los acontecimientos. Solo así puedo entender haberme echado sal y no azúcar en el café.

Considero que no puedo llamar café a cualquier sucedáneo marrón que no se asemeje a un galão en sabor, aroma y textura.

Considero que una persona con criterio, antes tomará el eléctrico 15 hacia Praça da Figueira desde Largo do Calvário y allí se dejará llevar por las zapatillas y los elevadores, más allá de caer en la tentación de viajar en el 28, convertido en picadero de ladrones, guiris que no se separan de la lonely planet y senda de encuentro de la gentrificación galopante.

Si bien el Marqués de Pombal fue un buen gobernante… considero también tuvo una sombra oscura tras de sí algo alargada. Si no, que pregunten a los Távora.

Considero que Lisboa se arropa con la niebla, sobre el río, para no mostrar lo que piensa, aunque finalmente descubramos sus secretos.

Considero que llamar patanisca a una niña de cabello rubio es también una forma de cultura.

Considero que la maniobra de aterrizaje en el aeropuerto de Lisboa es preciosa. Al igual que la partida de la ciudad también en avión es arrebatadora, un pliego de lamentos.

Pese a todo lo dicho, considero que Lisboa ni es como la pintan aquellos que no la han visitado, ni tampoco como dicen que es los que residen en ella: cada uno otorga a la ciudad el valor que le crea oportuno según sus convicciones. Aquí están las mías y las suyas las podré aceptar con más o menos reservas.