‘Calçada do Combro 80’ (un poema de Fátima Maldonado)

GetResource[prosigo con la resaca lusa de final/inicio de año. La actualidad manda que se así. Suerte la mía.

Reviso Los nombres del mar – Poesía Portuguesa 1974 – 1984 (ERE, 1985. Selección y traducción de Ángel Campos Pámpano). Dije ayer por twitter que iba a dedicar un espacio hoy a Ana Luísa Amaral, pero me la envaino con mucho gusto porque releo la sensualidad de Fátima Maldonado, una itinerante poeta necesaria tras la apertura sociopolítico de la mitad de los setenta radicó de sobremanera en la cultura y, por ende, en la mujer. Fátima Maldonado ofreció en su producción un espacio necesario donde la identidad femenina era clave, dominando los excesos y el expresionismo, afinando un estilo propio infrecuente en la casa del vecino. En un país con una unos ideales que todavía huelen a incienso y humedad, Maldonado se abrió paso desligándose del intimismo, a partir de su poemario Cidades Indefensas (1980)…] Continuar leyendo “‘Calçada do Combro 80’ (un poema de Fátima Maldonado)”

A la sombra de Mário

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“(…) En asuntos de fechas mi memoria es mucho peor que la de Gaspar Simões: él las cita, aunque todas mal. pero yo ni eso. Una vez, en un momento en que Mário Sosares estaba de capa caída, declaré a la revista Cambio 16 -que hizo entonces entre nosotros una encuesta sobre las elecciones a la presidencia de la República- que votaría por él para ver si el país dejaba de ser tan triste. Mário Soares ganó las elecciones por los pelos, con los votos -difíciles de tragar, por ambas partes- de los comunistas. Fue la única vez que hice público mi voto, y no me arrepentí: algunos días después, sus respuestas a una entrevista del Expresso a la que no respondió el otro candidato, seguramente por lo “delicado” de algunas preguntas (aborto, homosexualidad, etcétera) mostraron bien a las claras el carácter y la franqueza intelectual del futuro presidente. Tras su elección, cené con él en su primera visita oficial a Oporto, y volví a encontrarlo en la Real Companhia Velha con los reyes de Suecia. Aquél fue un encuentro hermoso: desfilaba con la reina entre alas de invitados y al pasar junto a mí me clavó un dedo en la cintura y, después de de sentarse en el trono imperial, me guiñó el ojo como diciendo: ¿Alguna vez pensaste, cuando andabas en Lisboa con tus papeles, que me verías entronizado junto a la reina de Suecia? Le sonreí largamente, diciéndole que sí, que justo en aquel tiempo era cuando tenía el aire soberbio de quien llegaría a ser Mário Alberto, rey de Portugal y de los Algarves. Y que tuvieses paciencia si el título era así de corto: el imperio había ido destruyéndose y, la verdad, sin dejar mucha nostalgia de lo que había sido (…).

[fragmento (p.76-77) extraído de A la sombra de la memoria  (Pre-Textos, 2006) traducción de A cidade Garret. A sombra da memoria (2005), volumen recopilatorio de la obra en prosa de Eugénio de Andrade (Póvoa de Atalai, 1923 – Oporto, 2005) realizada por Martín López-Vega (Poo de Llanes, 1975 – act.)]

Independencia viciada

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Los lunes y miércoles tengo sesión con peques. A mitad de la misma, pasadas las seis menos cuarto en la España Continental -perdón, tic lusófono- siempre pongo algo de música. A veces sonido de mar, de las olas. Otras veces rock: Aerosmith, Rolling Stones… pero ayer me atreví a poner fado. A poner una pieza de Ana Moura. Si bien es cierto que la canción era animada no imaginé que ellos pudiera reaccionar de la manera que lo hicieron: dando palmas, bailando. Ni en el mejor de los supuestos había pensado que actuarían de tal manera, por suerte. Continuar leyendo “Independencia viciada”

Sobre José Bento

Ando leyendo En el silencio de Noviembre (Pre-Textos, 2000) del recientemente fallecido José Bento. No hace tres meses que partió, por desgracia. No quiero que se va esta entrada como un proceso reduccionista de su obra, un homenaje o similar. Simplemente una puesta en valor de la obra una figura clave de la literatura en castellano en el país vecino. De mano del hispanista -vertiente a partir de su labor como traductor de autores clásicos (Manrique, Garcilaso, San Juan de la Cruz) como contemporáneo (entrando de pleno en el trabajo de la Generación del 27 o Machado)- entró en la difícil divulgación lusa una serie de trabajos inéditos, trabajos de profundidad intensamente relacionadas a la lealtad al texto original y el respeto a la lengua materna, respetando la máxima de no despedazar la obra del poeta traducido. José Bento, estéticas a parte, ha sido uno de esos creadores que se mueve bien en los ríos que desembocan en el libro común, no ya en la traducción sino también en los enfoques personales que dota a su obra. Quizá, la riqueza multicultural, el poso acumulado sobre el hecho que el vecino no hubiera un corte de profundidad con el mundo –orgullosamente solos, sí, pero las colonias y el flujo ahí estaba, intensificado de manera previsible desde 1974- favoreció a una corriente de escritores que vieron en el exterior un enriquecimiento no ya personal, sino en la obra, en aquello que tenían que decir en los papeles. Continuar leyendo “Sobre José Bento”

Eder, que me salva

r.eder“El tonto cuando lee una frase inteligente enseguida la quiere modificar.”

Vuelvo al ritmo incesante de casa seis meses: final de trimestre del solsticio del frío. Se hace de noche a las cinco y cuarto, sale el sol por mi ventana oeste a las ocho y cuarto. El frío -que me gusta- marca unos peligrosos catorce grados en mi piso de la esquina. Diez horas fuera de casa, la infusión de antes de dormir. El paquete que no llega, la reclamación perminente antes de Navidad. El dolor de espalda. Ramón Eder.

Ramón Eder (continúo) o la terapia de choque en contra de los días largos. Llevo sus ironías a mano para que se retuerza la originalidad estos días. No creo en la homeopatía pero sí en la medicina tradicional. El aforismo, como la poesía, no cura ni tiene el milagro para salvarnos de dolencias, tumores, vómitos, hemorragias, cortes y llagas, pero tiene una virtud: los males que nos afligen han caído a su peso y cada vez más los pisotean y, al menos, la sonrisa cómplice aparece. Eder parece que lo ha dejado todo para ofrecernos sus ironías, sus aforismos o como quiera llamar a sus creaciones. Nosotros ganamos -yo, el primero- y disfrutamos. Las esperas en la marquesina del bus pierden, por suerte.

“Con los malos escritores muertos hay que ser despiadadamente crítico, pero con los malos escritores vivos no hay que ensañarse, ni leerlos.”

Un hilo del abalorio

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[el color y los matices. La clave será alejarse del continente pese a vivir en él. Disfrutar de la tierra en un ambiente perecedero…]

“Cierta tarde, el abuelo visitó la casa de sus hijos, se sentó en la sala y ordenó que saliera el nieto. Quería hablar, a solas, con los padres de la criatura. Y el viejo dio entendimiento: la crianza es como el amor, no se desempeña sola. A los padres le hacía falta ser hijos, juntarse como niños con el niño. Les faltaba aceptar el dejar de lado la edad, desobedecer al tiempo, esquivarse de su cuerpo y de su juicio. Ese es el milagro que ofrece un hijo -nacernos en otras vidas. Y no dijo nada más.

– Ahora me voy -dijo él- porque, si no, me duermo con mi propio discurso.

– Quédese, padre.

– Así, viejo ya, soy como el cigarro: me consumo en la oreja. Se levantó y en la solanera, rodó como si hubiera sido asaltado por una porción de recuerdo. Acudieron, afligidos. ¿Qué le pasaba? El abuelo serenó: apenas era cansancio. Los otros insistieron, sugiriendo exámenes:

– El padre ha de descansar con mucho cuidado.

– No es de esos cansancios que nos pesan. Al contrario, ahora ando más celestial que una nube. Que aquella fatiga era el habla de Dios, mensaje que estaba recibiendo en la silenciosa lengua de los cielos.

– Estoy siendo llamado. ¿Quién sabe, hijos míos, si esta es nuestra última vez?.”

[fragmento extraído de El hilo del abalorio (LeTour 1987, 2018), traducción de O fio das missangas (2013) escrito por Mia Couto (Maputo, 1955 – act.). La traducción del libro es de Ángel Manuel Espada]

Un poema de Al Berto

AlBerto

[hay una necesidad, tremendamente vacua, de reprimir el dolor hasta límites insospechados y no buscar el amor del que se alimenta…]

te escribo sintiendo todo esto
y en un instante de mayor lucidez podría ser el río
las cabras que esconden el delicado tintineo de los
cascabeles en las salas de plata de la fotografía
podría elevarme como el castaño de los cuentos susurrados
junto al fuego
y deambular tembloroso con las aves
o acompañar a la sulfúrica mariposa revelada en la saliva
de los labios
podría imitar a aquel pastor
o confundirme con el sueño de ciudad que poco a poco
muerde su inmovilidad

habito en este país de agua por error
necesito imágenes radiografías de huesos
rostros desenfocados
manos sobre cuerpos impresos en el papel y en los espejos
fíjate
nada más que poseo
excepto este mensaje que hoy sigue mandhando de finas
pepitas de granada
fíjate
en cómo el corazón de papel amarilleó en el olvido de
amarte.

[poema extraído de El miedo (Poemas escogidos, 1976 – 1997) de Al Berto (Coimbra, 1948 – Sines, 1997), libro editado por Pre-Textos en 2007, trabajado por Cidália Alves dos Santos y Javier García Rodríguez. Originalmente, el poema fue publicado en Trabalhos do olhar (Trabajos de la mirada), a inicios de la década de los ochenta]