Egos y obligaciones (by Omar Pimienta)

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¿Es cierto eso de que “los premios para los poetas son un mal menor”?
Buena pregunta. Sí, creo que sí, porque hay mucho ego en la poesía. Creemos que nuestra obra es buena a pesar de que ganemos o perdamos los premios. Si en mi vida nadie me lee es porque estoy adelantado a mi tiempo, si no gano el concurso, es porque está arreglado, si gano, es porque los jurados son honestos y exelentes lectores, pero todo esto sucede al margen de la obra y creo que está bien. Creo que ese ego lleva a muchos a crear muy buena obra.

Su poesía está cargada de denuncia social. ¿No tiene la sensación de que precisamante la poesía es una forma de dulcificar las injusticias?
Buena pregunta, me lo cuestiono a diario. Me pregunto si lo que hago es una mera estetización del problema, pero entiendo que tengo pocas armas contra la injusticia y una de las que mejor manejo es la poesía. Siento que la tengo que utilizar. De mis formas de denuncia es la que imagino que llegará más lejos y durará más tiempo (de nuevo ese ego que me hace creer que alguién me leerá en 30 años), y si puedo sembrar en algún lector la indignación, aunque sea por mecanísmos estéticos, siento que es mi obligación hacerlo. Creo que por lo menos no me he quedado callado.

Omar Pimienta

[entrevista completa publicada en el Semanario Avuelapluma el 26 de octubre de 2016]

Sebastião Salgado y mi cubo de basura

Caer en el pesimismo al ver las fotos de Sebastião Salgado. Salir de la exposición y no creer en personas, plataformas, sistemas, medios y demás. Cuestionar si un envase de plástico puede ser el inicio de algo. Si puede ser parte de algo. Dudar: no hay contenedor amarillo en mi casa y todo va hacia el gris. Toda una metáfora de nuestro final.

¿Quién se acuerda de ti?

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[¿quién se acuerda de ti, ahora que el suelo se derrumba bajo tus pies? // ¿quién se acuerda de mí, ahora que sólo te acompaña esta canción?]

“Y ahora, pregunto, qué será de mí cuando acabado este capítulo dejen para siempre de oírme, quién se acordará de lo que fui, se quedará un instante pensando y se preocupará por mí, nadie se acuerda, piensa, se preocupa…”

António Lobo Antunes

Nota: día duro en la oficina.

Lo nuevo de Elías

20131201132315-eliasmoro2“Tarea pendiente del poeta.- Describir, rememorar con la mayor exactitud posible, con todo lujo de detalles, aquello que aún no existe, lo que se intuye en lo invisible.”

Una de las novedades de la semana es la llegada a las librerías del nuevo libro del gran –grande, en todos los sentidos- Elías Moro. La llegada de Lo inseguro. Sobre la escritura (Apeadero de Aforistas, 2020) confirma el giro lírico y natural de aquel que ha ofrecido unos poemarios y relatos cortos deliciosos y ahora se vuelca en el aforismo de manera contagiosa, vibrante: desde la habilidad y la sencillez.

A veces sacio mi apetito por Facebook, con sus poemas. Alguna vez ha dejado entrever que el viaje al aforismo era irremediable -por suerte-, pero no sé si parará de nuevo en la poesía. No obstante, en la distancia, le echo de menos…

[podéis leer un adelanto del libro -y adquirirlo- clicando aquí]

‘Después’ (un poema de Marta López Vilar)

[yo cambio cada día de voces de niños: de la alegría del mediodía tras haber comido una naranja al quejido y el insulto rebuznado tras abrir una bolsa de chucherías. En medio de ambos, estoy yo con la breve intención de callar, observar, ver y no tocar demasiado a no ser que sea necesario. Entonce ahí no queda ni equilibrio, ni el aroma de naranjas ni regusto a azúcar industrial, cristalizado, de la goma de plástico tratado en que se han convertido las tardes. Finalmente convivo conmigo mismo en mi despacho]

Después
Puse sobre el mundo la clara luz de tu alegría.
Iluminaba como la voz de un niño
sintiendo la inocencia del verano.
Estaba tu cuerpo oscurecido por el sol.
Había playas blancas que no acababan nunca
y un barco encallado en sus orillas,
una caracola.
Nada tocó esa pureza,
solo el presente

[poema extraído de En las aguas de octubre (Bartleby, 2016) de la poeta y profesora Marta López Vilar (Madrid, 1978 – act)]

No fallar al hijo

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“(…) Salgo de las librerías con colecciones completas de Corto Maltés, de Astérix, de Tintín, que permanecerán un tiempo largo empaquetadas, hasta que él pueda hacer sus primeros descubrimientos como lector. Me preparo para sus preguntas, me esfuerzo por ser mejor, excelente, por si acaso en el futuro le da por tomarme como ejemplo. Encima se me parece muchísimo, por lo que veo en él un yo sin estropear, con todas las posibilidades intactas, que me ha prolongado el ciclo vital como si mi resurrección ya hubiera ocurrido. Siento admiración anticipada por el espectáculo que será su juventud, por los mínimos esbozos de personalidad que me permiten intuir en él a un tipo que vivirá con gozo y al que ya tengo ganas de contarle cuánto hermoso le aguarda. Que salga a vivir algún día, sabiendo que cualquier rescate estará a tan sólo una llamada de teléfono. Que sea un hombre con códigos del que nadie pueda decir que falló como amigo. Ya iremos viendo todo eso. Ya lo iremos hablando. Lo que pido es tiempo para acompañarle al menos un trecho largo de su camino vital, como espectador y como cómplice. Porque, de todas las sensaciones nuevas que me ha inoculado Luca, la pero es la hipocondría. Por primera vez en mi vida temo morir. Me siento obligado a permanecer aquí al menos 25 años, los que él pueda necesitarme, y en eso no quiero fallarle. Mi hijo no ha de ser lo que yo fui: un adolescente enfadado con el mundo porque se le murió el padre demasiado pronto. Voy a dejar de fumar.”

David Gistau

Una glosa de seda

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XII

“La continuidad es una constante en la poesía de Cerviño. De la necesidad de exégesis y escolio se deduce que el texto necesita, al igual que en los clásicos, una amplificatio, en evidencia de la escritura nunca definitiva. Voces en off, contrabando del nombrar, insurrección del significado, apostasía del verbo. Se pregunta “¿sigue creciendo el poema en el bolsillo del difunto? / ¿de qué manera preexistía este texto en el diccionario?”. Son conocidas sus notas a pie de poema. Pero tendríamos que ir más lejos, más allá del ejido. Lo que hay detrás del telón, de la página, del tapiz, lo que continúa se resiste a abandonar la enunciación, “decires imprevistos”, son sus palabras.”

[Cuando Ángel Cerviño presentó su último libro en Madrid (clic aquí) Francisco Layna preparó doce glosas para caramelizar el asunto. Adjunto aquí, rescatada del blog del segundo, la última de ellas]