‘Portugal’, de Cyril Pedrosa

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[la punzada en el vientre: sentirse vacío en un mundo conocido y sonreír forzosamente cuando el paisanaje me abruma…]

No entran mucho las novelas gráficas por aquí, pero hoy ha llegado su momento. Anteayer, en el AVE de vuelta a Tarragona acabé Portugal (Norma Editorial, 2014) de Cyril Pedrosa. Pienso que leer un álbum es una tarea compleja porque uno supone que tiene que haber un equilibrio entre el guión, el dibujo y la paleta de colores -si la hubiera-. Sigue leyendo

¡Quítense el sombrero!

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[si hago algo con suerte dispar -la otra posibilidad era no escribir- es por culpa de este hombre…]

La vida es así, pero cuesta encontrar a alguna persona de la que todo el mundo hable bien: luego, en su más de metro noventa no hay suficiente cabida para toda la cultura y amor que su vida atesora. Tiene la voz ronca, algo cavernosa y una sonrisa en los labios que guarda todavía algo del niño que un día fue.Hemos compartido unas cuantas cervezas -considero que nunca serán las suficientes- y compartimos relación de amor con dos rubias: la Leonor y la Sagres. Al igual que no hay día que no lea algo de poesía, tampoco hay día que no lea alguna morería suya antes de ir a dormir. En sus ojos hay mucha vida y me parece que algunos de sus silencios no surgen de casualidad. Si no es con el aforismo, será con la poesía o si no con sus me acuerdo: es un escritor camaleónico que únicamente se casa con la honestidad: nunca ofrece gato por liebre.

[Me acuerdo de aquella noche de verano donde una orquesta veraniega intentó apaciguar el desconsuelo de una partida]

Que si Coronas, que si Ducados Negro. Dale otra vez a la Sagres. Quítense el sombrero, por favor: feliz cambio de prefijo. Feliz cumpleaños, amigo.

 

Poemas del Elefante: ‘Portela’

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[consumí por última vez las reservas de agua salada, aguda, de la nevera y empecé a buscar una nueva forma de latir. Aun así, dese pequeño tengo claro que leer es una forma de sentirse más vivo…]

PORTELA
el ábaco ha llegado a su final,
es momento de ajustar cuentas

vaciaste tus bolsillos: no hay deudas
únicamente caricias y ambiciones
escasas de lluvia
como aquel color azul huérfano y en fuga
hendido bajo el puente

mezo tu sombra encorvada
abrazo tu lengua añil
bebiéndote infinitamente por última vez

así vuelas,
cuando ya prescindes de toda piel.

[de La forja del elefante (LeTour 1987, 2018)]

Algunas ‘luciérnagas’ de Carmen Canet

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[lecturas rápidas que agudicen la mente: es así la última semana de trimestre. Guerra al mediodía y trinchera por la tarde; y cuando uno llega a una hora determinada a casa únicamente quiere el fósforo, la luz, el trabajo hecho de la cena ya cocinada. Es triste, pero es así: la última semana de trimestre me vuelve peor lector de lo que creo que ya era y deseo que sean vacaciones -AVE, autobús, tren, abrazos: amor- para volver a las andadas del silencio y el ritual que limpia y pule el interior, como si buscara algo que todavía desconozco] Sigue leyendo

‘Sinestesia estructurada’ (un poema de Leonor López de Carrión Ferreira Crespo Perdigão)

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[como en la mina, hay que luchar contra la roca para extraer la veta: la costumbre de los valles mineros -ya no quedan minas de carbón abiertas en España- de adentrarse en la oscuridad para sacar el frío material es extrapolable a la poesía: es preciso buscar aquella mirada sincera que haga temblar cada verso, y quizá algo más, para salir de la mina con un trozo de luz en las manos. Y poder salir, también, con dignidad entre los dedos. Y mantener la dignidad, más allá de ser honesto con aquellos que a uno leen y con uno mismo, es de primero de persona. También, de lo primero de lo que carecen las personas] Sigue leyendo

(3) “Me acuerdo” ferroviarios

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[el ruido me vigila a la vuelta de cada esquina: tendré que ofrecer el silencio definitivo de las noches, la huida lenta de la nube en su sepulcro de lluvia]

Me acuerdo…

…de una estación perdida entre Aveiro y Oporto y la poca relevancia que le damos a estar en medio de la nada.

…de la herencia británica en un tren irlandés; ede la sonrisa de una señorita pelirroja sirviendo té en la mesa corredera y la prisa con la que su falda se revolvía en cada cambio de traviesa.

…de los pasos al nivel y su monótono cambio de luces que bostezan, melancólicos, cada cierto tiempo.

La madre de Simic y el cielo

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[Barcelona, sobrino, hermano y cuñada. Guillem ha mordido dos veces mi vientre: una  vez por cada mes que no he ido a visitarle. No puede volver a repetirse o el pequeño Coyote de Diagonal Mar atacará con más fuerza. He visto las estrellas. Cosa de los dientes de leche: caducos, pero afilados…]

“Después de observar con atención el cielo a través de un telescopio del planetario, mi madre llegó a la siguiente conclusión: «¡La creación entera es un absurdo! Una bufonada».

Las grandes cifras le daban dolor de cabeza. para ella, el tópico de que el universo es infinito no era una aseveración trágica, sino cómica.

A mí también me complace toda esa locura. Por lo que a mí respecta, el cielo plagado de estrellas es el paraíso del incrédulo”.

La vida de las imágenes. Prosa selecta
Charles Simic

Nota: escrito para el libro de Linda Connor On the Music of the Spheres, edición limitada, con fotografías del cielo nocturno, publicada por el Museo Whitney en 1996 (pág. 143)