‘Jaraíz’, de Miguel Ángel Curiel

[la niebla contra el valle y quién ganará. Nadie lo sabe: el río humeante que escancia el otoño, el invierno y lo que venga. Decrecer sin nada a cambio, únicamente con la culpa como fragmento de dudoso equilibrio asentándose entre los esquejes…]

2017031818090813524Durante los cuarenta días de pausa forzada, no miento si Jaraíz (Amargord, 2018) me ha acompañado demasiado. Guardando las distancias ha sucedido algo parecido como con Mañana sin falta, de Justo Vila: hay lugares e imágenes que, dentro de la singularidad individual he revivido gracias al saber hacer de los escritores.

No sé a qué juega Miguel Ángel Curiel (Korbach, 1966) cuando se vacía de tal manera en el libro. Quizá hay demasiados vacíos por llenar, fotografías faltas de color pero que están bien así. Quizá sea Jaraíz una31P2LiC2C7L._SY264_BO1,204,203,200_QL40_ consecuencias de afluentes que, tras bailar en los meandros, desembocan en una catarata que sería una poesía esculpida, trabajada y reflexiva. Los versos fluyen en una incertidumbre construida, meditada en una realidad natural, arraigada: creíble. Creíble en un yo solitario que transcurre por un sendero donde algunas palabras -agua, río, quemar…- se repiten en los poemas, dando la vuelta y encontrando en una serie de paseo su existencia, siempre con una sombra de incertidumbre bien cerca.

Estamos ante una poesía de espacios abiertos, que me huele a humedad -tierra, charco, niebla- y recuerda tanto a nombres pasados -Plasencia, Lisboa; dos ejemplos- como refuerza un paisanaje tan inquietante como sorprendentemente natural.

Nota: me consta que, el próximo 6 de noviembre realizará, junto a Carina Valente, una lectura en Madrid. Si tenéis oportunidad ya sabéis.

 

Huir en el blog de Víctor Peña Dacosta

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Entre la gira Pre-Papá y el nacimiento de Diego, Víctor Peña Dacosta (Plasencia, 1985) echó un ojo a Huir y compartió algunos poemas en su blog (clic aquí). Su libro, Obsolescencia programada (RIL, 2019) es una de las lecturas del año -y quizá también del vuestro si no os hacéis con él. Hacedlo pronto-.

Os animo a que leáis el libro y la reseña que en su día escribí en el blog sobre Obsolescencia, clicando aquí.

 

El Premio Nobel en el año de la muerte de Bruno Ganz

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[Handke dijo ayer ante la prensa algo verdaderamente interesante: “Como escritor has nacido culpable. Y hoy, a esta hora, no me siento culpable, me siento libre”. Descolocado estoy ante un anti-Nobel manifiesto. Los premios nos recuerdan que todos somos humanos, al fin y al cabo]

En el año de la muerte de Bruno Ganz, otorgan a Peter Handke el premio Nobel de Literatura. Tuve la mala suerte de conocer a suizo cuando era ya mayor; cosa buena, pensé, porque así me encontraría con un actor ya hecho. Ganz era una gigantesco camaleón que encaraba con maestría los papeles que le tocó hacer de viejo: desde el rol de un farmacéutico gruñón con fantasmas hasta desplegar atención y cariño -a su manera- como un abuelo pastor del Tirol.

Ganz -que de teatro, por vía familiar algo sabía– entendía que tan importante era acceder a la cultura como acercarla; por ello durante un tiempo representó junto a otros compañeros de lengua alemana pusieron en jaque el teatro germánico de los setenta. Resumiendo enciclopedias y monográficos sobre su persona, no consiguió cuestionar las normas del teatro europeo; rebajándolo de la pátina burguesa de la época, representando obras en mercados, fábricas y cooperativas; pero sí abrió la puerta a que muchos jóvenes que no conocieron de primera mano las atrocidades cometidas en Alemania durante la II Guerra Mundial lograran empoderarse tras el consomé de obras críticas y reflexivas -y coloquios, y vistas, y charlas con el público- que presenciaban, descolocados. Continuar leyendo “El Premio Nobel en el año de la muerte de Bruno Ganz”

Necesitamos más contundencia

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Parece que sigo con una especie de jet-lag literario, o bien me informo con en las Azores: las noticias llegan una semana tarde. Hace casi un mes Vicente Luis Mora publicó en su blog, de manera contundente y documentada El conflicto producido por la llegada de la poesía pop tardoadolescente (clic aquí), un acertado artículo que como reacción casi alérgica ha provocado sarpullidos en la piel -y en la lengua, vía teclado- en muchos de los valedores que ha descargado sus iras contra el crítico. Continuar leyendo “Necesitamos más contundencia”

Punto y seguido

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[días cabrones, fiebres y urgencias. Ha llegado el momento de volver a la carga, pese a todo. Cuarenta y cuatro días de descanso. La tregua acabó…]

“También hubo días oscuros que ahora me amargan la memoria. Éramos crueles como niños que éramos, y pobre del gato que se pusiera a tiro, el ave escasa de reflejos, el reptil atrapado tras tantos esfuerzos. Como si fuéramos médicos o jueces, decidíamos sobre el dolor a aplicar, la intensidad de éste y elegíamos  la víctima propicia.

Hasta que un día tomamos conciencia de verdugos y la vergüenza y el arrepentimiento se tornaron horror y asco. Buscamos la reconciliación con nosotros mismos y hoy es el día en que aún se nos niega.

De aquel que fuimos en ocasiones arrastramos un fardo de ignominia que la memoria no olvida. Hay pecados que nunca se expían y delitos que no prescriben dentro de uno.”

[extraído de En piel y huesos (ERE, 2013), antología de Elías Moro]

 

Gulbenkian

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[debería hacerme mejor, cuando en realidad me convierte en único. Todo bueno bajo el sol…]

Setecientos y algo -ay, los números, los autobuses que empiezan por siete: siete colinas, pues-. Avenida de Ceuta, Timor, Acueducto y la degradación antes de llegar a Praça de Espanha. Novobanco –“quer casa nova? podemos ajudar na mudança”– y su decoración de interiores. Dinero, odio el dinero: el dolor necesario. Gulbenkian por fin. Patitos siguiendo a su madre. Café y dos colecciones. Hay una mirada que no se desprende de cada cuadro, de cada escultura. Escudriña, ella, los colores como hace cuando la enseño un poema. Joyas familiares, también. Una foto robada a la mejor espalda de la península: no acepto réplicas. Y ella en la Gulbenkian. Debería desearlo todo pero con su espalda me conformaría en el peor de los casos. Entretanto, la colección y una vuelta al mundo de algunas culturas, no todas: el dinero es necesario pero por suerte y desgracia se equilibra las consecuencias que provoca.

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a palos de ciego camino, por fin.

Parabéns (un borrador)

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[se reivindica hoy una nueva cruz sobre la tablilla de barro, otra vuelta solar de más de trescientos cincuenta días. Un nuevo salto al vacío sin despreocuparse…]

un baño en la piscina que no escribe // la gramínea flota y aletea su tallo // como un brazo en equilibrio sobre el agua inerte, negra // es combustible // el verano no la entiende, muchas voces de la casa tampoco // otro año, otra luz // cae, flota, aletea // huye otra vez porque no sabe // sobre la densa superficie // otra vez cae, busca un punto de salida, poner el contador a cero // otra vez.