Inmensa alegría Liliputiense

14054255_1220650161286810_8930891347597159253_n_300x300[tenía otra entrada preparada para hoy, pero siempre hay que dar prioridad a las buenas noticias…]

El reconocimiento que tarda en llegar o nunca llega es de los tuyos: aquellos que tienen que ser la vanguardia del ánimo y el afecto cuando vienen mal dadas, pueden llegar a convertirse en todo lo contrario, es así. No hay fórmula para entender el recelo existente en valorar lo propio como algo de valor y venderse a lo ajeno como lo único potencialmente exitoso. En Extremadura han tardado en darse de bruces con la realidad, pero todavía me temo que algunos seguirán poniendo en duda la labor de Ediciones Liliputienses. Son los mismos que han ninguneado, y más últimamente, Centrifugados o las actividades de las Aulas de Poesía por poner dos ejemplos. Una región que se jacta de ser la cuna castellana de América -siendo generoso y muy descafeinado en la crítica- tiene como una de sus editoriales de bandera la única que tiende puentes casi de manera 25821048787_e3a272575e_bexclusiva en su catálogo, con aquella tierra en la que muchos fueron a hacer suerte y les dio todo. Desde hace años se está trayendo lo verdaderamente importante, la cultura de aquella tierra hermana hacia una esquilmada región más pendiente como digo, de lo ajeno que de lo propio en no pocas ocasiones.

Las cosas pueden cambiar. El Premio al Fomento de la Lectura en Extremadura de este año, quizá por los cambios realizados para mejorar, ha sido un acierto y no creo que haya nadie con dos dedos de frente que ponga en duda el galardón. Aunque de Extremadura, hogar también de un molesta minoría de envidiosos y caraduras, uno espera cualquier cosa. Ojalá, a partir de hoy espero de aquellos reconocimiento y afecto hacia Chema Cumbreño y compañía. Se merecen todo lo bueno.

Posdata: podéis consultar y adquirir el catálogo liliputiense aquí.

El prostíbulo

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[no vengan los oportunistas con segundas: no ha lugar, malpensaos. Yo soy fan de Elena Román, en las temáticas, géneros y formas que toquen…]

“La puerta del prostíbulo está acolchada; dos farolillos rojos la iluminan hasta el amanecer, cuando son relevados por el sol. Hombres con rasgo de sombrero llaman y preguntan por la prostituta más guapa, pero esta siempre está ocupada en otra habitación, con otro hombre. Las mujeres que habitan el lupanar saben escuchar con las piernas. El sexo no lleva IVA pero desgrava. El olor que impregna incluso la música recuerda al del interior de las colmenas.”

Ciudad girándose
Elena Román

La tormenta y los humores

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[Llueve. Leslie ronda por aquí con su sinfonía de precipitaciones y truenos, haciendo de Tarragona una ciudad navegable en sus arterias, vomitando el agua de sus alcantarillas y colapsando las calles. La ciudad regurgita como un moribundo y su cuerpo tras hacer reacción en la sangre, en el sistema nervioso un veneno. Leo La prisión transparente (libro publicado por Vaso Roto en 2016) de Antonio Gamoneda  y empiezo a dudar del vaso de zumo de la merienda; del corte en mi mejilla afeitándome, también. Me inmiscuyo receloso en la sección Plinio, Dioscórides y otros (entradas para un diccionario apócrifo de sustancias, venenos, phisiologías y aflicciones) y empiezo a temblar como aquel nobel que descubre a Ferrer Lerín de golpe, sin anestesia, que acaba asegurándose sobre la realidad de los despojos tras leer Besos Humanos.

Leslie no lo sabe pero tengo mucho miedo.]

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(Algunas de) Las verdaderas aventuras de la jaula de Kafka

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(Baltazar lee a Simic de la misma forma que come calcetines: con fruición.)

Abatido a causa de la muerte de Isolda, su querida canaria, el tenor de ópera Arturo Balderachi, oriundo de Pisa, en un ataque de furia arrojó la jaula por la ventana en dirección a la famosa torre inclinada.

smicUna jaula desaliáada ha recibido siete sanciones en el último mes por mendigar pájaros en la ciudad de Nueva York.

Demasiado pobres como para comprarle un pájaro, los padres del pequeño Alfred Krauss le regalaron por Navidad una jaula vacía con el recortable de un loro y lo instruyeron para que todas las noches antes de irse a dormir lo alimentase con migas de pastel de ángel.

Creyendo que una jaula volcada en el Sena contenía un par de periquitos, Teophile, un compasivo huérfano de visita en París llegado desde Lunéville, saltó para rescatarla, pero, al no saber nada, se ahogó antes de que pudieran rescatarlo.

La jaula se siente sola. Por la noche se acaricia a sí misma con una pluma y llora hasta quedarse dormida.


Nota: cada párrafo es una aventura.

[algunas de Las verdaderas aventuras de la jaula de Kafka, escritas por Charles Simic y publicadas en castellano en La vida de las imágenes. Prosa selecta (Vaso Roto, 2017)]

Sobre instapoetas, poetas de lo cuqui, intensitos…

6cabef73-9094-4010-843a-9abb210e2678Hace unos meses un conocido mío, metido a librero y editor, me preguntó si no me gustaría publicar en Visor; la editorial donde están los grandes muertes y vivos en su mayoría –“la editorial de Loreto Sesma, que está muy buena” (sic.)-. De la pregunta trampa salí como bien pude. Visor no es una editorial de mi gusto pese a que tengo libros negros en mi biblioteca; aunque posiblemente hace unos (muchos) años tuviera un papel vital en la poesía estatal, siempre me ha dado la sensación de que ha funcionado a vueltas de tuerca. Se han reinventado manteniendo un discurso elitista aunque ahora ya quien más o menos sabe de poesía entiende la verdadera motivación del negocio. La motivación editorial desapareció hace demasiado tiempo.

Tengo claro que cuando algunos transatlánticos con rotativas vieron dinero fácil en las cicatrices que escribían proyectos líricos de en las redes sociales, desvirtuando sus principios e ideas. Se ha decidido dar más bola de la necesaria a una generación con la que, por desgracia comparto época: poetas que rigen la calidad de su obra en las cifras, en auditorios y en el público, dejando de lado aquello que tiene que ser la piedra angular de cualquier proyecto para el final: la calidad, no ya la sinceridad o la honradez, porque aquí uno tiende a escribir la verdad a su manera. La prevaricación editorial es alarmante: editoriales tradicionales que deciden abrir su catálogo a estos prospectos, tropezando con la máxima de la prosa: hablan de ventas, de mercado y en la poesía nunca antes se había hablado de ello ni se argumentaba la calidad de un poeta a partir de las ediciones editadas. Ser el más leído no es sinónimo de buenhacer, no hay una relación directa porque los best-sellers los carga la mediocridad.

Me agradaría que fueran capaces de defender su trayectoria sin caer en el victimismo -de ahí que hagan oídos sordos a cualquier crítica, o eso dicen-. Que sean capaces de construir un relato propio sin caer en las envidias y odios que desprenden. Que sean capaces de recomendar algún libro más allá de sus lecturas de cabecera, favores y traducciones. Personalmente ni les envidio ni los odio, la mayoría estamos tranquilos porque nuestro camino es más agradecido. Siempre he preferido las piedras antes que el dinero. En la adversidad siempre encontraré a gente que quiera ayudar para hacer un lugar común con ellas. El dinero atrae a la gente pero luego cuando se agota los espanta. Es algo parecido al peso del tiempo, pero menos interesado.

Postdata: el comentario sobre la galardonada con el último Ciudad de Melilla quizá sobra, pero poco se ha hablado de la cosificación de la poesía. “La sigo y la leo porque está buena” me han llegado a decir. A algunos les parecerá muy de puta madre hacerlo así. La mirada corta…

Foto: tuit de Elvira Sastre, de noviembre pasado, cuando me sorprendió que ella y Andrea Valbuena fueran en pack al Aula Díez Canedo. En 140 caracteres podéis ver muchos de los tics modernitos que me sorprenden. Porque de Ben Clark a ella hay un abismo.

La brevetat de la gesta en viu

 

Sempre m’ha sorprès la manera en la qual el nostre cervell juga amb la percepció del temps. Com el ritme de les gralles anuncia el ritme castell… però la vida del mateix sembla després, repetida en pantalla, més curta del que un creu. Òbviament tot els factors ténen alguna cosa a veure: el pes, la foscor, els nervis, la col·locació: però no m’acostumo, no hi ha manera. Massa esforç perquè un moment irrepetible duri en viu pocs segons. El temps, tan feble, no entén de justícies ni necessitats totes les vegades que ho necessitem.

Tenir un consomé de sensacions a l’interior en situacions com aquestes no és dolent, ans al contrari: és necessari. La perspectiva de què fer s’agafa amb experiència.

Reconec que he perdut part del gust; part de la capacitat per assaborir segons quines fites. I ja no sé si torbo a faltar del tot -del tot- aquells sabors…

Ara, la petjada que deixa tot plegat no ho canvio per res del món.

Fotos: extretes del twitter de la Jove de Tarragona. Autoria de M. Neus Baena Font.

O amor das coisas belas: libros y hermanos

250x[nueva entrega, la segunda, de la traducción de O amor das coisas belas (Ou pelo menos as cosas que eu consiero belas) escrito por Jorge Reis-Sá e ilustrado por Nicolau sobre António Lobo Antunes.]

António dijo un día que no quería ver su nombre en la portada de los libros. Que solamente apareciera el título o ni si quiera eso porque cada libro debería depender de las palabras que lo componen. A António le gusta mucho su nombre porque es el nombre de su abuelo. Y António quiere guardar su nombre en el recuerdo feliz que tiene del abuelo que ama.

António tuvo muchos hermanos. Tuvo, en pasado, porque así nombra la muerte de dos de ellos. João murió lentamente, con una enfermedad que ni siendo médico pudo curar. Pedro murió rápidamente y pese a tener dos hermanos médicos no pudieron tratarle. António no se lo perdona, porque los años que estudió medicina no sirvieron para traer la inmortalidad a sus hermanos. La muerte es imperdonable.

António nació para escribir, pero creció para ser médico. El padre de António era médico y su hermano João también. Nuno, otro hermano, también. Pero António era un médico diferente -o eso creía su padre- porque no curaba a las personas con yeso. La infelicidad la trataba con los libros. António era psiquiatra. Es lo mismo que un médico, solo que el quería curar a los demás con libros. ¿Curar la soledad? ¿El miedo? ¿El aburrimiento? ¿Curar la felicidad? Cada libro de António contiene la posología necesaria para todos los momentos de nuestra vida.

¿Sabes qué es la posología? Se irreverente, abre de nuevo el diccionario)