Gulbenkian

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[debería hacerme mejor, cuando en realidad me convierte en único. Todo bueno bajo el sol…]

Setecientos y algo -ay, los números, los autobuses que empiezan por siete: siete colinas, pues-. Avenida de Ceuta, Timor, Acueducto y la degradación antes de llegar a Praça de Espanha. Novobanco –“quer casa nova? podemos ajudar na mudança”– y su decoración de interiores. Dinero, odio el dinero: el dolor necesario. Gulbenkian por fin. Patitos siguiendo a su madre. Café y dos colecciones. Hay una mirada que no se desprende de cada cuadro, de cada escultura. Escudriña, ella, los colores como hace cuando la enseño un poema. Joyas familiares, también. Una foto robada a la mejor espalda de la península: no acepto réplicas. Y ella en la Gulbenkian. Debería desearlo todo pero con su espalda me conformaría en el peor de los casos. Entretanto, la colección y una vuelta al mundo de algunas culturas, no todas: el dinero es necesario pero por suerte y desgracia se equilibra las consecuencias que provoca.

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a palos de ciego camino, por fin.

Parabéns (un borrador)

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[se reivindica hoy una nueva cruz sobre la tablilla de barro, otra vuelta solar de más de trescientos cincuenta días. Un nuevo salto al vacío sin despreocuparse…]

un baño en la piscina que no escribe // la gramínea flota y aletea su tallo // como un brazo en equilibrio sobre el agua inerte, negra // es combustible // el verano no la entiende, muchas voces de la casa tampoco // otro año, otra luz // cae, flota, aletea // huye otra vez porque no sabe // sobre la densa superficie // otra vez cae, busca un punto de salida, poner el contador a cero // otra vez.

Tres (3) de Massimo Troisi

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[el mar es lo único que realmente no se puede secuestrar. Ingenuo quien lo intente porque quedará expuesto al ridículo de los tiempos…]

No es que me oponga al matrimonio; Pero me parece que un hombre y una mujer son las personas menos adecuadas para casarse.
***

Las cosas o se hacen al día siguiente o no se hace en absoluto.
***

Algunos afirman que para contar buenas historias es suficiente mirar a tu alrededor. Yo no lo creo, porque de ser así, todos los policías serían Ingmar Bergman.

[de Massimo Troisi (1953 – 1994)]

Las Medallas de Extremadura

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Días antes de marchar a Portugal -vía Soria- otorgaron la Medalla de Extremadura a la cacereña Ada Salas. Por lo general, cuando se reconoce el mérito de un artista, agitador cultural o personalidad relevante en el campo de las artes (qué políticamente correcto queda lo último) suelo alegrarme. En el caso de Ada Salas es así. Aunque desde hace años tengo una serie de convicciones que puedo mantener de forma más o menos estable; una de ellas es la intención de dar prestigio de unas medallas que hace unos años sufrieron de bochorno absoluto. Está bien acercar la cultura extremeña más allá de los límites que flanquean la región, no me cabe duda: hay mercado entre tanto jubilado, estudiante, currito y exiliado que hay en los mapas. Pero de ahí a reírse -o eso parecía, con la lista en la mano de aquellos que no son galardonados con ellas en vida o a título póstumo- de muchos que creíamos que las medallas eran otra cosaContinuar leyendo “Las Medallas de Extremadura”

Balance

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las ardillas subiendo paredes de nivel 9b en la Alameda. Ideas. Entresijos editoriales. Camisetas cómodas para momentos incómodos. Amigos y abrazos que son mayores que el lugar que ocupan en el mundo. Orgullo editorial (gracias). Contactos. Desagradecidas, maleducados y viceversa. Bandalay. Lluvia, pero pudo ser peor. Dietas desbordando el límite de hidratos de carbono y sábanas deshechas. Lecturas interesantes, momentos únicos y otros realmente prescindibles. Decisiones correctas, mejores momentos. Cerveza y torreznos -cuatro, he contenido mis impulsos respecto la edición pasada-. Abrazos. Amigos escuchando algo interesante: miau-miau. Una cerveza con un referente; una copa de vino. Otra cerveza y la sonrisa de la convicción. Leonor -de Lisboa y Madrid- y su anillo: y sus ojos. Escribir un poema y no saber cómo acabar. Reencuentros porque sí. Encargos, regalos y amigos. La agenda repleta de nombres y alguna que otra dirección. Huir fue lo menos importante.

Jugar. Escribir un poema y no saber cómo acabarlo. Así es. Experimentar.

 

‘Cyborg’ (un poema de Luisa Miñana)

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[que yo me dejo influir y hago caso de poca gente, claro. En la elección y la lectura tiene que haber también algo del juego de la intuición, aquella curiosidad que muerde. Simplemente la lectura se hace a solas, sin compartir, sin sonreír. Nada. Solo respirando…]

Cyborg
Algunos cuerpos han sido elaborados para resultar
fáciles de imaginar en acción,
modelo coche de carreras o cadena
de montaje. No me parece mal. Cuerpo
a tiempo completo, inoxidable, abrillantado
por la fricción imperceptible e infinita del aleteo
esclavizado de mis pestañas.
Un cuerpo que ilumina
mi pantalla en la noche y, pulverizado
en lluvia electromagnética,
centellea después bajo mi piel,
como las espículas de los corales
en el mar agitado.

[poema extraído de Este es mi cuerpo (Lastura, 2019), de la poeta aragonesa Luisa Miñana]

En Expoesía 2019

CARTEL Expoesiìa 2019 redesAunque todavía no se ha hecho público el programa, sí que se ha filtrado oficiosamente y de buena gana a muchos interesados, algunos demasiado implicados, para bien, en la participación de la feria/festival.

Pero hay cambios; seguramente el tsunami electoral de esta primavera lo ha trastocado todo un poco. Quizá sea una de las motivaciones hayan propiciado un cambio de protagonistas: nos quedamos sin -de momento- poesía lusa y nos acercamos a los Poetas para un tiempo nuevo. Como en todo encuentro, hay cosas que me gustan y otras que obviamente no. Si cada uno de los asistentes tuviera don de mando seguro que retocaría a su gusto y antojo algunos participantes, a partir de sus filias; aunque más que retocar es no entender del todo el por qué.

Me hace especial ilusión ver que, del ocho al once, no solamente compartiré mesa y caseta con Judith Rico y Chema Cumbreño; sino también con editores como Ferran Fernández o Lidia López Miguel. También procederé reencontrarme con Miguel Ángel Curiel, al que conocí/descubrí, pobre de mí, esta pasada primavera en Tarragona. Me hace especial ilusión conocer a Montserrat Villar, también al resto de lasturianos que nos dejaremos caer por la Alameda de Cervantes. Me chivan que Angel M. Gómez Espada, Elena Román o Julio Hernández pasarán por allí. ¿Habrá tiempo para todos?. Continuar leyendo “En Expoesía 2019”