El hurto de lo “viral”

descarga“El 16 de marzo de 2015, Ben Clark, poeta ibicenco de reconocido prestigio y una fuerte trayectoria que se inició en la adolescencia, publicaba una columna en el periódico Nou Diari en la que leíamos la siguiente reflexión: “Mi poema viral ya no es, claro, mío. Esto es algo que suelen decir los poetas sobre sus poemas […] pero es que en el caso de mi poema viral es estrictamente cierto […]: no es mío y no es de nadie, supongo. Quizá sea su propio dueño y tenga vida propia” (Clark, 2015).

El poema en cuestión se titula “El último de la (mala) literatura” y se publicó en marzo de 2011 en La mezcla confusa, que ganó el VII Premio Nacional de Poesía Joven Félix Grande. Poco después, ese poema apareció en algunos blogs, se empezó a deformar y llegó a las redes sociales de Twitter e Instagram. La cuestión es que lo que no salía nunca era su nombre, y, de hecho, aparecían los de muchos otros poetas en su lugar. También hay quién se lo autoatribuye y quien lo considera (literalmente) un proverbio chino-

El fenómeno no es nuevo, ni mucho menos: la apropiación textual y la difusión de poemas y otros textos, melodías, etc., sin conocer quién es su autor nominal es habitual y autores como Manuel Machado (1938) ya reflexionaban extensamente sobre ello el siglo pasado. No se trata, por tanto, de que la nación-red sienta un mayor desprecio por la propiedad intelectual o el copyright, sino de la posibilidad de rastrear, identificar y reconstruir todo el proceso a través de internet.

[…]

La autoría original es unívoca y no hay duda posible. Pero durante la fase de difusión, el poema llega a las redes sociales y, desde luego, le gusta a la gente. Los lectores empiezan a reproducir el poema y, quienes lo descubren en la red gracias a esos primeros emisores, deciden compartirlo también. Como los primeros mensajes no citan a Ben descarga (1)Clark o son fotos de la página del poemario (donde no sale su nombre), el poema se difunde, pero no así la figura del autor.

En el sistema del procomún 2.0 los referentes de la autoría se desintegran; a partir de ahí entran en acción las escrituras no creativas: variaciones y revisiones de todo tipo sobre el texto. Paralelamente, unas personas dicen que el poema es suyo (quizá para impresionar a alguien, sin más intención); otras, que desconocen quién es el autor real, deciden que, puesto que les suena a alguien (sin ir más lejos, Benedetti), entonces ha de ser de Benedetti. Podemos suponer que asignar ese tipo de autoría quizá les da más respaldo intelectual o sensible en su círculo social.

Todo eso va sumando una inmensidad de atribuciones erradas, y la confusión se refuerza cuando alguna celebridad se suma y retuitea o republica el texto. El poema es vira, pero el autor no. Y es que, después de todo, tú no escribes porque retuiteas a un autor. Eso es algo entendible. Un autor piensa que le conocen por su obra. Y eso es algo terrible.”

[fragmento extraído de Yo escribo porque retuiteo tu poema: el semionauta y la autoría de Ben Clark, de Daniel Escandell-Montiel, publicado en Nuevas poéticas y redes sociales. Joven poesía española en la era digital (Siglo XXI, 2018); libro coordinado por Remedios Sánchez]

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