De fines y semanas

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Entre huelgas, luchas políticas, jornadas laborales y demás inquietudes sociales -cualquier cosa tiene una raíz social, solo hace falta que sumerjamos un poco la cabeza en la trastienda de la bolsa de patatas fritas que compramos o en el lomo de bacalao salado que encargamos en el mercado [por ejemplo]- hubo tiempo para la poesía. El viernes llegué a Madrid con una semana de retraso, consecuencia de una gripe que me machacó durante una semana entera: nada de actos sociales, resumamos. Después de llegar a Madrid/Atocha de forma rápida (bendito serías, AVE, si no fuera por tus precios prohibitivos para las falsas clases medias del estado) nos dirigimos a la LIbrería Iberoamericana, donde se presentaba el último libro de Ángel Cerviño: La explotación industrial del gusano de seda (RIL editores, 2019). Junto a él estaban Francisco Layna -presentando- y público selecto. Agradable sorpresa ver allí a otros conocidos como Máximo Higuera (editor de Trifaldi y Ay del seis) o a Berta García Faet entre el público. Y claro; con Cerviño presentando, Layna abriendo el apetito y una agradable presentación/conversación sobre ciclos que se cierran, sueños de la morgue y rodeos, llegamos ala conclusión -una vez más y van unas pocas- sobre lo acertadas de nuestras decisiones.

El sábado, después de un día regado de librerías -adquisiciones de Anne Sexton cerca de la Plaza Mayor a media tarde- y un día perro de otoño con su lluvia y fresquito sabanero, compartimos un par de horas con Esther Muntañola. De Esther he hablado ya aquí todo lo que uno puede hablar: de lo bueno… porque de lo malo uno no sabe y no cree que exista nada tan entero como la conversación con la eterna sonrisa, el humor, la sinceridad y la poesía. Y algo de beber de por medio como complemento, nunca como núcleo.

Ayer domingo amaneció el día perro, gris, ventoso y burlón, con unas gotas que no animaban a nada más que templarse en un bar junto un vermú o un café con porras.  Se me antojó ir al rastro después de meses sin acudir -hacía medio año que no viajaba a Madrid y el mercadillo madrileño -aunque les joda a muchos- es un espacio a evitar ante las manadas que turnan por allí. En el único lugar donde pudimos consolidar la atención, algo recogidos del viento, repesqué el número 193-194 de la Revista Litoral -año 1992, Expo y Juegos Olímpicos- sobre Poesía Norteamericana Contemporánea. No hemos cambiado: de veinte autores recogidos, únicamente aparecen tres mujeres: Sylvia Plath, Anne Sexton y Louise Herdrich. Discuto también el concepto norteamericano hacia Derek Walcott o Denizé Lauture. Lo norteamericano como un aglutinador de realidades.

Ahora, el AVE de vuelta. Lunes y las siete pasadas. Frío. Vuelvo el treinta y uno. Vuelvo el veintidós. A ver el frío si dice algo de una vez.

[en las fotos, Ángel Cerviño, Francisco Layna, Esther Muntañola y Leo]

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