El Premio Nobel en el año de la muerte de Bruno Ganz

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[Handke dijo ayer ante la prensa algo verdaderamente interesante: “Como escritor has nacido culpable. Y hoy, a esta hora, no me siento culpable, me siento libre”. Descolocado estoy ante un anti-Nobel manifiesto. Los premios nos recuerdan que todos somos humanos, al fin y al cabo]

En el año de la muerte de Bruno Ganz, otorgan a Peter Handke el premio Nobel de Literatura. Tuve la mala suerte de conocer a suizo cuando era ya mayor; cosa buena, pensé, porque así me encontraría con un actor ya hecho. Ganz era una gigantesco camaleón que encaraba con maestría los papeles que le tocó hacer de viejo: desde el rol de un farmacéutico gruñón con fantasmas hasta desplegar atención y cariño -a su manera- como un abuelo pastor del Tirol.

Ganz -que de teatro, por vía familiar algo sabía– entendía que tan importante era acceder a la cultura como acercarla; por ello durante un tiempo representó junto a otros compañeros de lengua alemana pusieron en jaque el teatro germánico de los setenta. Resumiendo enciclopedias y monográficos sobre su persona, no consiguió cuestionar las normas del teatro europeo; rebajándolo de la pátina burguesa de la época, representando obras en mercados, fábricas y cooperativas; pero sí abrió la puerta a que muchos jóvenes que no conocieron de primera mano las atrocidades cometidas en Alemania durante la II Guerra Mundial lograran empoderarse tras el consomé de obras críticas y reflexivas -y coloquios, y vistas, y charlas con el público- que presenciaban, descolocados.

Meses después de su muerte todavía se desconoce quien será el nuevo portador del Anillo de Iffland. ¿Handke sería un buen portador si pudiera llevarlo? ¿Está contento, Bruno?  Dando la vuelta a Cassiel, el ángel de la soledad de El cielo sobre Berlín. La inmortalidad, quizá Handke también, la tiene más que ganada.

Nota: hasta que RataBooks no gestione la suerte que tienen de publicar a Olga Tokarczuk, mejor no decir nada. Quizá sea la moda, quizá sea una de cal y otra de arena. La realidad es que ni Anne Carson ni Lobo Antunes tienen el Nobel. Todavía.

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