Yo sé quien es Guillaume Martin

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Se impone la liturgia de julio. Mañana entraremos en la segunda semana del Tour y tengo sentimientos encontrados. Siento un amor profundo por Mike Teunissen y Wout Van Aert. Me derrito asombrado por las locuras de Julien Alaphillippe o Peter Sagan. Y me encabrono como un mico hambriento como cada dos-tres meses (de mayo a septiembre, principalmente) al ver la indolencia de Nairo Quintana -que si mueble, que si safety car– cuando la carretera se pone cuesta arriba más de un dos por ciento.

Ayer empezó la montaña. Guillaume Martin se dejó ver hasta el final. Guillaume Martin, digo, sí. Parisino del noventa y tres, que emigró a Bélgica para progresar como ciclista en busca de una oportunidad que, los equipos franceses no veían del todo clara ofrecérsela. En Bélgica, país donde hay tantos equipos ciclistas como marcas de cerveza, se ha erigido como líder de un modesto equipo de provincias en las vueltas por etapas. Guillaume Martin es consciente de sus limitaciones: está un punto y medio por debajo de los corredores top; tampoco tiene una punta de velocidad que permita rematar las fugas. Acercándose a los veintisiete años, al bueno de Guillaume únicamente le quedan dos alternativas: luchar por el puestómetro en las clasificaciones generales (como buen francés, seguiría la estela de los Jean Cristophe Peráud, Christophe Moreau o Sandy Casar… o los Louis Meintjes de su generación) o bien afinar su puntería: bien sabe Guillaume que en el país de los valones y flamencos abundan los francotiradores. Busquen si no a un tal Thomas De Gendt: superviviente del mítico Vacansoleil holandés. De Gendt logró la fama en 2012, escapándose a lo bruto del Mortirolo y ganando por sus narices la etapa y el tercer escalón del podio final. Poca broma

Guillaume, además de ciclista es filósofo, licenciado por la Universidad de París – Nanterre. No es raro verle charlar con otros ciclistas con inquietudes sociales o morales (Pedro Horrillo, por ejemplo), al igual que escribe libros sobre ciclismo y filosofía. Supongo que cuatro horas al día pedaleando dan para mucho. Quizá Martin tenga que dejar aflorar el superyo para convertirse en un fuera de serie, porque clase tiene mucha. O simplemente desee mantener a raya su yo; ser consciente de sus virtudes y carencias, satisfecho en su inconformidad como no lo está la inmensa mayoría de la gente. ¿Privilegiado? Sí, pero que ataque más.

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