‘Cóncavo y convexo’, de Carmen Canet y Javier Bozalongo

[como era de esperar, los primeros calores de junio llevan cosidos en la clavícula derecha una ligera capa de literatura, necesaria y poco dada a los excesos -¿y qué es un exceso en la literatura?-. Fin de semana. Aparto los libros de poco menos de cien páginas y permito relajarme. Abro una cerveza…]

ccCon todo, llegué al aforismos de refilón, por culpa del Cónsul Raiano de Sagres (clic aquí) Durante los últimos meses el más pequeño de los grandes géneros literarios goza de buena salud en mi biblioteca: ante la imposibilidad de leer poemarios y demás con fluidez, abracé la novela gráfica y el aforismo. En una semana loca, de levantarse de noche, he podido acabar Cóncavo y Convexo (Esdrújula, 2019), escrito a cuatro manos por Carmen Canet y Javier Bozalongo. Cóncavo y Convexo es un golpeo redundante, contundente de pleno, en una contraposición de ideas, visiones y sensaciones enriquecidas por las percepciones de los dos escritores: estamos ante un duelo donde las piezas van repartidas a pares y el anonimato cobra especial protagonismo -el lector desconoce qué aforismos ha escrito cada autor-. ¿En qué lado estará el lector? Tendrá la respuesta pero nunca sabrá con quién.

El libro está dividido en cinco secciones: Escribir, Verse, Amar, Hacer (política) y Vivir. Todo el mundo puede estar de acuerdo, estamos antes cinco ejes pesados en la poesía de cualquier época. Quizá, qué raro, Hacer (política) sea la porción que más me atraiga (“La aritmética electoral suma, aunque a veces reste esperanza en el futuro” / “En los gobiernos la aritmética que predomina es la resta”) por ser también la más crítica y combativa de todo el recogido. En un pliego de contraposiciones, apoyos y evasivas; el lector tiene la última palabra para elegir entre una pareja de letras bien avenida.

Detrás de su aparente simpleza, el aforismo se recubre de una capa ácida, en muchos casos obliga a torcer la sonrisa y reflexionar. Sin duda es una herramienta que invita a reflexionar y a no dar las cosas por supuestas tras su lectura. Quizá, en dos-tres años movidos que llevamos sea el género más necesarios para entender lo que nos sucede. Nuestros latidos pueden ser un libro de aforismos escritos a más de cuatro manos.

 

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