Hablemos de Luces de Gálibo

Luces de gálibo pequeño

Detrás del conocidísimo repóquer de editoriales transatlánticas -por tamaño, que no por catálogo- y partiendo en medio del pelotón del ya conocido murmullo que cada quince días aparece por las red sentando cátedra: “hay mejores editoriales que aquellas que salen en los suplementos” hay otras editoriales que, si bien comparten espacio con esas mismas, realizan una labor singular y que no tiene ni precio ni punto de comparación con otras. Normalmente, quienes llevan las riendas de esas editoriales suelen ser personas igualmente singulares; personas que, donde han visto un nicho de lecturas vacío y, por tanto, han diseñado una propuesta editorial firme (pasa con José María Cumbreño y Liliputienses o con Aníbal Cristobo y Kriller71). También, con otros sellos como Baile del Sol -desde Canarias- o Amargord: editoriales que saben bien lo que manejan (la poesía, por ejemplo) y continúan una labor editorial necesaria para lectores, escritores y espero (y debería ser así) que cada vez mas para festivales.

De todas ellas he hablado alguna vez, en una reseña o comentando algún asunto en particular. Pero a Luces de Gálibo, la editorial que gestiona y dirige Ferran Fernández, merece especial atención. Luces de Gálibo es uno de los pequeños milagros editoriales que aparecen en contadas ocasiones, tan necesarios como lo son las editoriales independientes: en su sino une el toque personal del encargado (miremos las portadas, las ilustraciones, tipografías) y un catálogo potente y con una amplitud impresionante: cómic/novela gráfica/libros ilustrados (donde la archireconocida Laura Pérez Vernetti juega con Maiakovski, Pessoa, o Jack London); en cine con una ristra de publicaciones que quitan el hipo (pasamos de Wim Wenders a Guillermo del Toro, y de medias por el cine en la España deshabitada antes del boom rural de los últimos años en la cultura) o la poesía con libros de César Vallejo -recuperados para la causa necesaria-, Antonio Porchia, Aurora Luque, Eduardo Chirinos, Isabel Bono, Antonio Gómez… o los poemarios del mismo Ferran Fernández, que aúnan acidez con osadía en un equilibrio tan perfecto que el lector únicamente puede responder ante el desparpajo del poeta-editor con una sonrisa en los labios. Y podría seguir…

Si algo he aprendido de las editoriales pequeñas es lo vitales que son para la salud literaria de un panorama con algún tic discriminatorio (abrid tres, cuatro o cinco antologías reconocidas de poesía en castellano, a voleo, y dudad de la lista de autores indexados). Al igual que creí leyendo el Barco de Vapor, empecé a escribir con los cuentos de Benedetti y poemas de ACP, establezco mi criterio gracias a lecturas independientes. También aprendí  que deberíamos ser más agradecidos con quienes hacen posible que tengamos tales libros a nuestro alcance: es justicia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s