Otro Sant Jordi -más

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Cuesta elegir cuando ir a ver las paradas de Sant Jordi: Tarragona -y por extensión, toda Catalunya- vive inmersa durante el día del libro en una división moral: por un lado, es festivo, pero por otro hay que cotizar. En nuestro particular día de los enamorados uno puede pasear por la Rambla Nova de Tarragona y ojear el puesto de la CGT con sus ensayos sobre luchas obrera y enfrente tener al PP regalando facsímiles de la Constitución del 78. Los profesores, con acierto, llevan a sus alumnos a las librerías -que sacan sus anaqueles a las calles- para que se empapen de tradición: lo romántico del gesto docente se tuerce cuando las mentes tiernas de preadolescentes adquieren una guía de un videojuego en vez de, yo qué sé, un apócrifo del Chengue Morales.

Luego, las firmas. Tarragona, eclipsada por tener Barcelona al lado, no puede competir el mismo día con la calidad y la cantidad de autores consagrados que firman en la capital. Es un día de gloria para el escritor local, que moviliza, enamora y convence -las cifras así aseguran- a la pequeña Tarraco…

He paseado a primera hora por los puestos. He podido observar cada uno de ellos con más o menos detenimiento. Sant Jordi es un día para sentirse orgulloso de ser lector, escritor y editor. Por supuesto, también ciudadano. Mientras me dirigía al colegio pude comprar el libro de éste año: El arte de llevar gabardina (Anagrama, 2019), de Sergi Pàmies. Sergi Pàmies es hijo de Gregorio López Raimundo y de Teresa Pàmies; militantes de izquierda obrera exiliados en París, como otros tantos, tras la II Guerra Munduial. Fueron dos personas de las que uno no puede negar su compromiso político; dos personas de cultura y memoria. Ayer se celebró un debate donde no se invirtió ni un minuto para hablar de cultura y sí para lanzarse la palabra política de un lado a otro. Hoy la ultraderecha ha campado en una fiesta a la que no estaban invitados: han regalado globos, mentiras y sonrisas de veneno. Goyo y Teresa deben echar humo ante la pasmosa indiferencia de una parte de la sociedad y los privilegios que mantienen por ser lo que quieren hacernos creer que son. Y ambos tienen razón.

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