Algo que nunca se olvida

ALA

[acabando la traducción. Estoy demasiado cansado para escribir, pero es domingo (por ayer) y algo crece en mí: la inquietud fiera y animal que debe crecer, supongo, en los hombres asilvestrados]

«(…) Ahora estás frente a tu tía. Nadie puede ayudarla, nadie puede ayudarte. Ayer almorzaste en el jardín del Príncipe Real y una paloma, al alzar el vuelo, rozó tu cabeza y te despeinó. Nunca te había ocurrido eso y el hecho de que la paloma te rozase te dejó intrigado. Sentirste sus patas en la frente, las alas. Un antiguo paciente tuyo del hospital, al que ves a veces vendiendo décimos de lotería, ayudaba al empleado que recogía las hojas. Unas extranjeras demasiado blancas te sonreían cohibidas. El sitio donde internaron a tu tía ni siquiera muy lejos. Quien se encuentra lejos eres tú: tienes nueve años y entras en la maternidad donde ella acaba de parir su primer bebé y te hace una caricia en el pelo. De eso te acuerdas. Ocurra lo que ocurra, de eso habrás de acordarte siempre».

Segundo libro de crónicas
António Lobo Antunes

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