O amor das coisas belas: mujeres, padre y madre

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[quinta entrega de la traducción de O amor das coisas belas (Ou pelo menos as cosas que eu consiero belas) escrito por Jorge Reis-Sá e ilustrado por Nicolau sobre  la vida y obra de António Lobo Antunes]

António se casó y se separó. Con su primera mujer tuvo dos hijas: Maria José y Joana. Después se casó tres veces más: las mujeres le fascinan. Las cartas de guerra de António a su mujer dieron como resultado una película: ese pedazo de vida daba muchas y demasiadas imágenes, más incuso de las que António quiere o puede recordar. Todos los que fueron a la guerra quieren . Todos los que fueron a la guerra quieren olvidar que volvieron porque eso significaría entender por qué estuvieron.

António no quiere olvidarse de su padre, por mucho que le cueste pensar que competían para ver quién de los dos se acordaba de más cosas (y parecía que competían para ver de qué se olvidaba el otro). António echa de menos a su padre. António no echaba de menos a su padre antes de que falleciera. Su nombre es António. Pero los nombres de ellos son António, João, Pedro, Miguel, Nuno y Manuel. Hermanos inquebrantables aun cuando los corazones estaban hechos añicos.

Escribió una vez António que la persona más importante de su infancia fue también la persona más importante de su vida. Se llamaba António. Nunca se separó de su piel. El abuelo António pasea por los ojos azules del nieto -porque la infancia dura siempre-. António nació y se crió en Benfica. De allí nadó para los libros, sin nunca haber salido de debajo del techo de casa.

La madre de António hace tiempo que falleció. El padre de António también falleció. Murieron también dos hermanos de António. Es mentira: nunca mueren las personas que queremos. ¿Si no de qué vale querer tanto si nunca conseguimos volver a tenerlos cerca?

El padre de António no leía sus últimas novelas; pero la madre de António leía todos y cada uno de sus libros. Su padre creía que los últimos libros eran peores (¿los que él ya no leía?) Su madre servía al padre su orgullo con un poco de ensalada. Y António se sentía reconocido -las madres son las personas más altas que los hijos crean)

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