(Algunas de) Las verdaderas aventuras de la jaula de Kafka

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(Baltazar lee a Simic de la misma forma que come calcetines: con fruición.)

Abatido a causa de la muerte de Isolda, su querida canaria, el tenor de ópera Arturo Balderachi, oriundo de Pisa, en un ataque de furia arrojó la jaula por la ventana en dirección a la famosa torre inclinada.

smicUna jaula desaliáada ha recibido siete sanciones en el último mes por mendigar pájaros en la ciudad de Nueva York.

Demasiado pobres como para comprarle un pájaro, los padres del pequeño Alfred Krauss le regalaron por Navidad una jaula vacía con el recortable de un loro y lo instruyeron para que todas las noches antes de irse a dormir lo alimentase con migas de pastel de ángel.

Creyendo que una jaula volcada en el Sena contenía un par de periquitos, Teophile, un compasivo huérfano de visita en París llegado desde Lunéville, saltó para rescatarla, pero, al no saber nada, se ahogó antes de que pudieran rescatarlo.

La jaula se siente sola. Por la noche se acaricia a sí misma con una pluma y llora hasta quedarse dormida.


Nota: cada párrafo es una aventura.

[algunas de Las verdaderas aventuras de la jaula de Kafka, escritas por Charles Simic y publicadas en castellano en La vida de las imágenes. Prosa selecta (Vaso Roto, 2017)]

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